Arqueólogos del CSIC han desenterrado en Guareña (Badajoz) un carro de bronce con paralelos solo en la Etruria italiana, junto a cerámicas griegas, marfiles orientales y un recipiente de alabastro egipcio, pruebas de una red comercial tartésica hace 2.500 años.
Dentro del túmulo de Casas del Turuñuelo, en la localidad pacense de Guareña, comarca de las Vegas Altas del Guadiana, la octava campaña de excavaciones del proyecto Construyendo Tarteso ha sacado a la luz un carro de bronce que no tiene equivalente conocido en la Península Ibérica.
La pieza presenta una caja decorada con figuras en relieve: en el frontal, un Aqueloo, divinidad fluvial asociada al inframundo; en los laterales, dos grifos con cabeza de águila y cuerpo de león; y en los extremos, dos figuras humanas con los brazos en alto que sostienen el conjunto, el cual descansa sobre dos ruedas también ornamentadas.
"Es uno de los hallazgos más relevantes realizados hasta la fecha en este enclave tartésico", subrayó Esther Rodríguez, codirectora de las excavaciones.
La pieza fue recuperada en el sector sur del edificio principal, cuya excavación comenzó en 2015. El equipo investigador del Instituto de Arqueología de Mérida, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Junta de Extremadura, señala que los únicos paralelos documentados pertenecen a la civilización etrusca, que alcanzó su mayor desarrollo en la Italia central entre los siglos VIII y V a.C.
Ese dato refuerza la hipótesis de que el objeto llegó al suroeste peninsular a través de las mismas redes de intercambio que conectaban Tarteso con el resto del Mediterráneo. En cuanto a su uso, el codirector Sebastián Celestino apuntó que podría vincularse con rituales de banquete: el carro apareció junto a la habitación en la que se cree que la comunidad del Turuñuelo celebró un ágape final antes de sellar el edificio de forma deliberada, a finales del siglo V a.C.
Grecia, Egipto y Oriente en el mismo yacimiento
Junto al carro, los arqueólogos recuperaron un conjunto de materiales importados que amplía de manera considerable el mapa de relaciones exteriores de Tarteso. Entre los objetos encontrados figuran cerámica procedente del Ática griega, un recipiente de alabastro de origen egipcio y varios marfiles decorados con representaciones de guerreros y con motivos animales y vegetales que apuntan a talleres del Mediterráneo oriental.
"Estos materiales nos están proporcionando una información extraordinaria para comprender las relaciones comerciales entre Oriente y la Península Ibérica. Estamos documentando importaciones y piezas únicas que ayudan a reconstruir estas redes de intercambio", explicó Rodríguez.
La campaña de 2026, desarrollada durante los meses de abril y mayo, también amplió el conocimiento del propio edificio. Los trabajos en los sectores norte y sur del túmulo, que mide 90 metros de diámetro y seis de altura, permitieron localizar nuevas habitaciones y espacios de circulación.
En el sector norte aparecieron, además, dos braseros y un caldero de bronce. El volumen de cerámica fue, en cambio, menor que en campañas anteriores, algo que los investigadores atribuyen a la naturaleza de los espacios explorados este año, aún sin función claramente establecida.
Diez años de excavaciones y una segunda fase por delante
El yacimiento de Casas del Turuñuelo acumula una década de hallazgos que han ido redibujando la imagen de Tarteso. En 2017 se documentaron los restos del mayor sacrificio animal conocido en el Mediterráneo occidental. En 2023 aparecieron las primeras representaciones humanas de esa cultura.
Un año después, una placa de pizarra con escenas de guerreros y un abecedario en escritura paleohispánica meridional añadió otra dimensión al registro. Y en 2025, el yacimiento entregó el altar de mármol griego más antiguo del Mediterráneo occidental.
Con la campaña de campo concluida, el proyecto entra ahora en la fase de laboratorio. La restauración, documentación y análisis de las piezas se llevan a cabo en el Servicio de Conservación, Restauración y Estudios Científicos del Patrimonio Arqueológico (SECYR) de la Universidad Autónoma de Madrid, colaboradora del proyecto desde sus inicios.
"La segunda fase de toda excavación arqueológica es indispensable. Ahora comienza un trabajo fundamental que nos permitirá comprender mejor la funcionalidad de los espacios, las relaciones comerciales y, en definitiva, la vida de quienes habitaron este lugar", señaló Rodríguez.
El proyecto reúne a cerca de una treintena de instituciones y a un centenar de investigadores nacionales e internacionales, y cuenta con el respaldo de la Diputación de Badajoz y el Ayuntamiento de Guareña, además del apoyo institucional del CSIC y la Junta de Extremadura.