Adaptada del superventas de Andy Weir ('The Martian'), 'Project Hail Mary' ('Proyecto salvación') es un taquillazo entrañable y muy clásico, aunque a veces el tono cómico resta fuerza a sus momentos más emotivos.
La última vez que vimos a Ryan Gosling en el espacio fue en 2018, cuando interpretó a Neil Armstrong en el solemne drama biográfico de Damien Chazelle 'First Man'.
Desde los primeros compases de 'Project Hail Mary' o 'Proyecto salvación' como se ha traducido al español, adaptación de la novela homónima de 2021 de Andy Weir (autor de 'The Martian'), podría pensarse que el espectador se dispone a embarcarse de nuevo en otro duro viaje espacial...
La película arranca con Gosling despertando de un coma inducido y saliendo de una bolsa biológica. Lleva el pelo largo, una barba de cavernícola y no recuerda en absoluto quién es. Peor aún, no sabe por qué está en una nave espacial ni cuál es su misión.
Pronto descubre que sea cual sea su cometido, ya se ha cobrado la vida de dos de sus compañeros, que han muerto durante el hipersueño. Y teniendo en cuenta que está a 11,9 años luz de la Tierra, enviar un mensaje de socorro ni siquiera entra en la ecuación.
No es precisamente el comienzo más alentador... Pero que nadie se asuste, el tono a lo Tarkovski no dura demasiado. Esta es una aventura espacial de Phil Lord y Christopher Miller, así que el humor disparatado no tarda en asomar. Si es que en el espacio hubiera esquinas.
La acción regresa entonces a la Tierra, donde descubrimos que el personaje de Gosling no es ningún Jason Bourne de la astronáutica. Es Ryland Grace, un apacible doctor en biología molecular que malgasta su talento como profesor de ciencias en un instituto porque el mundo académico todavía no está dispuesto a reconocer su brillantez.
Recibe la visita de la funcionaria alemana sin sentido del humor Eva Stratt (Sandra Hüller), responsable del proyecto Hail Mary. Resulta que se ha detectado una especie de línea en el espacio que conecta Venus con el Sol, un hilo galáctico bautizado como línea Petrova.
Ryland es reclutado como asesor para este proyecto internacional y pronto descubre que la línea Petrova está formada por microorganismos interestelares que van devorando poco a poco el Sol. Por suerte, esos diminutos "puntitos espaciales", llamados Astrophage, pueden utilizarse como combustible para una nave que enviará a un equipo a Tau Ceti, una estrella que parece no estar afectada por esta especie de herpes espacial.
El problema es que la misión destinada a evitar la extinción es un viaje de ida... Y en el espacio nadie puede oír tus chistes facilones.
Hay muchas cosas que funcionan en 'Proyecto salvación'. Hay abundante jerga científica; los flashbacks van aportando pistas a Ryland, y por extensión al público, sobre cómo este atractivo profesor acaba en la nave, manteniendo el misterio durante todo el metraje; y Gosling vuelve a ser una presencia en pantalla carismática y magnética. Y entonces llega la parte divertida, cuando una nave alienígena se acopla a su cápsula. De ahí surge el primer contacto, en forma de un sorprendentemente adorable extraterrestre apodado 'Rocky', una especie de cruce entre la Cosa de 'The Fantastic Four' y un cangrejo, con energía de cachorro a raudales.
En lugar de crecer dentro de él, el alien acaba haciéndose un hueco en su vida. Tras aprender a comunicarse (una barrera lingüística que se supera tan rápido que hace que Louise Banks, la protagonista de 'Arrival', parezca una novata de los idiomas), Ryland y Rocky deciden unir fuerzas para salvar sus respectivos mundos, ya que el planeta de Rocky también está amenazado por los voraces microbios.
Así arranca una comedia de colegas, una pareja dispar que parece estar a un millón de años luz del inicio de la película. Durante buena parte del metraje, Lord y Miller logran que funcione como unos 'Encuentros en la tercera fase' en clave disparatada, con muchos chistes que funcionan y con un Gosling que demuestra que es capaz de sostener él solo toda la película sobre sus imponentes hombros.
Sin embargo, cuanto más se inclina el dúo de directores hacia lo estrafalario, más diluye algunos de los temas más oscuros del libro. Además, el tono cómico amenaza con restar fuerza a varios momentos de mayor carga emocional a lo largo de su extensa duración de 158 minutos.
Se suma el hecho de que la longitud del filme puede llevar a parte del público a darse cuenta de hasta qué punto el guion de Drew Goddard, que ya adaptó para Ridley Scott 'The Martian', también basada en una novela de Weir, es una mezcolanza de grandes éxitos espaciales que sigue a rajatabla el principio de "si algo funciona, mejor no tocarlo".
El tono de reconfortante nostalgia remite claramente a 'E.T.' el extraterrestre y 'Encuentros en la tercera fase'; la premisa básica evoca 'Silent Running', 'Sunshine' e 'Interstellar'; el hecho de que Ryland sea a la vez un tipo corriente atrapado en el espacio y un genio científico hace que parezca pariente del protagonista de 'The Martian', Mark Watney; y, en un plano bastante menos halagador, el tándem entre humano y alienígena de múltiples extremidades puede recordar a algunos espectadores el nefasto largometraje de Adam Sandler de 2024 'Spaceman'. Todo encaja de manera entrañable, pero no hay nada en 'Proyecto Salvación' que no se haya visto antes.
Recurrir a notas conocidas no es ningún crimen, pero cuando este cóctel de ciencia ficción, demasiado alargado, relega a la gran Hüller al papel de otra alemana imperturbable, incluye dos cuestionables números de karaoke y desactiva un desenlace más serio con un final propio de telefilme educativo, el encanto acaba resintiéndose, como si un patógeno cósmico sintiera algo de hambre.
Lo que queda es una aventura galáctica de factura impecable pensada a la vieja usanza para conquistar al gran público. No deja de ser entretenida en ningún momento, pero 'Proyecto Salvación' necesitaba resultar menos derivativa para que el tema central de la amistad calara de verdad.
'Proyecto Salvación' ya se ha estrenado en algunos países, en España el 27 de marzo.