Han pasado seis años desde que la cantautora estadounidense Phoebe Bridgers publicó el aclamado 'Punisher'. Ahora entrega su tercer álbum en solitario, ya firme candidato a disco del año.
Seis años dan para mucho. En el caso de Phoebe Bridgers, han pasado muchas cosas desde la publicación de su último LP en solitario, el deslumbrante álbum pandémico 'Punisher'.
Ha habido momentos de euforia (giras y varios Grammys junto al supergrupo Boygenius
Como era de esperar, su tercer álbum, 'Lost Weekend', aborda estos picos y valles, incluida la devastación de un corazón roto y la exploración de esas emociones delirantes que solo el amor naciente puede provocar.
El propio título del álbum es toda una declaración, probablemente una referencia a la novela de 1944 de Charles Jackson, llevada al cine un año después por Billy Wilder. La expresión alude a una borrachera de varios días que se traduce en tiempo perdido, y se utilizó de forma célebre para describir los 18 meses de separación entre John Lennon y Yoko Ono. Pero en lugar de difuminar sus dramas existenciales refugiándose en la evasión, Bridgers los afronta y plantea un ajuste de cuentas, un inventario que suma el dolor, valora las pérdidas y da cuenta del duelo para poder alcanzar la renovación.
El resultado es una obra introspectiva e imprevisible que, en una palabra, es extraordinaria.
'Lost Weekend' arranca en un tono sombrío con 'The Outside', donde Bridgers utiliza un vocoder para crear una voz robótica, al estilo Bon Iver. "Llorando con traje y corbata / pero deberías ver al otro tipo", canta.
El tono queda fijado, ya que ese "otro tipo" parece ser su padre en el ataúd… Después recuerda lanzarse sobre el público y una sensación de disociación que remite tanto a la pérdida de un ser querido como a la presión del foco mediático, algo que más adelante desarrolla en canciones como 'Liberty Tree' e 'I Can't Wait'.
No solo es un arranque inquietante para el disco, también adelanta que el resto de 'Lost Weekend' estará marcado por relatos sinuosos, llenos de humor negro y mordaz.
Le sigue el primer sencillo, 'Lost Boys', y con él una confesión pop que revela su atracción por ese perfil de chico perdido. Una vez más, el talento de Bridgers para contar historias absorbentes cargadas de emociones complejas y a flor de piel no tiene rival.
"Esa vez en Berlín Este / cuando montaste una rabieta con una 57 y te rompiste una costilla / me dijiste que deseabas estar muerto / pero aún no me lo creo / todavía me pregunto cómo duermes / y no me siento mal, pero lo siento".
'Kill Me' es uno de los primeros temas destacados del álbum, una balada que menciona a 'Bobby' (presumiblemente Burnham) y captura el torbellino de enamorarse. Lo más impactante es el final de la canción, una pausa de silencio tras el 'Wait' de Bridgers antes de que un crescendo capaz de poner la piel de gallina ponga punto final al tema.
A continuación llega la emotiva 'The Governor's Waltz', casi perfecta. Siguiendo el impulso amoroso del tema anterior, Bridgers recuerda haber sido "la reina del baile del gobernador" pero "esconderse en el baño como Shelley Duvall". La pieza ya ha sido analizada al detalle por los fans, que escuchan versos como "Y ella puede fingir ser yo / desde que ocupó mi lugar en mi cama sobre ese escenario / no he perdido el sueño / ser yo misma no fue fácil, hazlo por mí" y ven en ellos una referencia directa a Mescal y su nueva relación con Gracie Abrams.
Parafraseando sin demasiados miramientos a Henry Miller, solo hay tres cosas que hacer con una pareja sentimental, quererla, sufrir por ella o convertirla en arte, transformando el dolor emocional en combustible, no solo para recuperar el control del relato sino para alcanzar la catarsis. Ese tercer aspecto se despliega aquí con toda su fuerza, pero nunca resulta vengativo ni mezquino. Vuelve a poner de manifiesto la habilidad de Bridgers para construir baladas de gran amplitud musical y condensar emociones complejas en letras fascinantes.
Bo Burnham reaparece en 'Bobby' y lo hace de forma recurrente en 'Lost Weekend', ya que ha coescrito siete de las 16 canciones. 'Bobby' es una joya folk vibrante que vuelve a lucir letras magníficas, entre ellas, "Ahora duermo con tus camisetas y tú vives en mi casa / cantas en la ducha, yo hablo conmigo mismo / tenemos estrellas en el techo y ropa por el suelo / y algo en una caja que ya no toco…". El cuadro evocador que traza, rematado con un guiño mordaz, resulta hipnótico.
Hay más embrujo contenido en la hipnótica canción que da título al disco, en la que se escucha a Bridgers oscilar entre el pasado y el presente ("Se supone que debería estar casada, pero lo cancelé" / "Tengo fama de montar rabietas cuando las cosas no son como las imagino"). La cierra con una frase demoledora, "Me conoces, y nunca te perdonaré por eso", un verso que se refleja en su tema hermano, el cierre del disco 'Lost Weekend (Reprise)', que concluye con "Me quieres, y no voy a dejar que lo olvides, todavía no".
Entre otros momentos destacados están la pegadiza pieza country 'Haunted' (con la encantadora colaboración de sus compañeras en Boygenius, Lucy Dacus y Julien Baker), la escalofriante 'Still Standing', con sus desgarradoras referencias al trauma y la violencia doméstica, y la contenida pero emotiva 'Never Going Back!', que termina con un mensaje de voz del padre de Bridgers.
'Other Plans', de aire fúnebre pero curiosamente dulce, describe a alguien "temblando como una 'final girl'" y es una de sus canciones más hermosas hasta la fecha, una pieza que conduce poco a poco al oyente hasta la ya mencionada 'Lost Weekend (Reprise)'. Junto a 'Lost Weekend', este corte final resume con acierto el álbum en su conjunto, una mezcla ambiciosa de indie folk con estallidos de sintetizadores, llena de emociones que golpean el estómago y brotan de confesiones secas y lúcidas.
Sobre su padre canta, "No va a volver convertido en pájaro" (…) "Pero sigo viviendo según lo que me enseñó / como perdonar cuando no están arrepentidos". Y desde ese pasado salta al presente, en el que afirma que "vamos a estar bien, tú y yo".
La forma en que Bridgers consigue, a lo largo de todo el disco, entrelazar y yuxtaponer con tanta nitidez las múltiples relaciones complicadas que la han marcado, y siguen haciéndolo, es asombrosa. Su melancolía impasible y sus demoledoras observaciones sobre el duelo se alternan con revelaciones eufóricas sobre el amor recién encontrado. Su brillante escritura hace que todo encaje y dibuje mejor la idea de que la vida no es más que una sucesión ardua pero estimulante de subidas y bajadas.
Phoebe Bridgers, se te ha echado de menos en estos seis años. Al escuchar este álbum denso, cautivador y brillante, queda claro que no sabíamos hasta qué punto.
'Lost Weekend' ya está disponible.