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La importancia de la trazabilidad de los productos pesqueros en la UE

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La importancia de la trazabilidad de los productos pesqueros en la UE
Derechos de autor  euronews
Por Denis Loctier
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Es un día de enero, ideal para la pesca, en la ría de Vigo, en Galicia. José Manuel Sotelo Durán pasa la mayor parte del tiempo en el barco, con sus compañeros, realizando el trabajo que heredó de su padre y su abuelo. Mientras captura pulpos, una especialidad local muy popular, el pescador toma notas detalladas en su cuaderno de bitácora.

"Anotamos cuándo salimos al mar, cuándo volvemos y qué pescamos. Eso es importante porque los recursos del mar son limitados y hay que controlarlos".

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El cuaderno de bitácora del barco inicia una compleja cadena de información que no se romperá hasta que la captura llegue al plato del consumidor. La precisión es importante. A veces, los guardacostas locales inspeccionan los barcos de pesca, comprobando los cuadernos de bitácora.

"Te retiran la licencia en caso de reincidencia. Tendrás que pagar multas cada vez mayores. A mí solamente me multaron una vez, cuando olvidé el cuaderno de bitácora por error".

De vuelta al puerto, los pescadores introducen la información en un sistema digital. Sus datos ayudan a controlar la presión pesquera sobre las especies comerciales.

El flujo de información continúa mientras el pescado se pone a la venta en la sala de subastas. En el puerto de Vigo, todas las operaciones se registran en una base de datos transparente y accesible para las autoridades. Esto garantiza que, solamente las capturas legales, puedan salir al mercado.

"Aquí, todo el pescado se clasifica por especies y por tamaños. Luego se lava con agua de mar limpia y tratada con ozono y se pone en hielo fresco. El último paso es la impresión de las etiquetas de identificación que se exhibirán con los productos hasta su venta".

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Las etiquetas reflejan el mayor valor de las capturas locales en comparación con el pescado procedente de lugares remotos del Atlántico. Eso es importante para los compradores profesionales. Irma Parlero Portela compra el pescado para su tienda, en la subasta que comienza a las cuatro y media de la madrugada, cada mañana. Puede saber de dónde viene el pescado, incluso, sin leer las etiquetas. Pero necesita la prueba de origen para sus clientes.

"De esta manera, si alguien pregunta, solamente hay que enseñarle la etiqueta. Dice claramente que el pescado viene de la ría e incluso tiene el nombre del barco. Todo se puede rastrear perfectamente".

Este flujo deliberado y controlado de información desde el pescador, pasando por la cadena comercial hasta el cliente, está prescrito por la normativa de la Unión Europea. Su objetivo es ayudar a los consumidores a tomar decisiones precisas sobre los productos pesqueros que compran; para que los compradores puedan encontrar exactamente lo que buscan.

Europa importa alrededor del 70 % del pescado que consume pero las encuestas indican una creciente preferencia de los clientes por los productos locales. Con las interrupciones causadas por los confinamientos, en las cadenas de suministro globalizadas, cada vez son más los productos locales del mar que acaban en los mercados nacionales.

Gracias a la coherencia de la información en la cadena de suministro, los clientes de Irma pueden estar seguros de que el pescado que compran ha sido capturado, hace menos de un día, en la ría local.

"Venden pescado muy fresco. Por eso compro aquí".

"Para los jóvenes, que no están acostumbrados a comprar pescado, por supuesto que es conveniente tener etiquetas. Así, ¡nadie te puede engañar!".

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"No. Aquí, yo me fío de ellos".

"Vengo aquí porque el pescado que tienen es muy fresco.

"Si no expusieran las etiquetas, la gente no sabría lo que compra. Yo prefiero venir aquí porque puedo ver que este pescado, sí viene de la ría".

Muchos de los consumidores aseguran estar bastante satisfechos con las etiquetas actuales del pescado. Otros sugieren que se añada la huella ambiental o que se indique, más claramente, la zona de captura.

"La etiqueta puede decir que es del noroeste del Atlántico, o del sudeste pero, muchas veces, eso no es suficiente. Sabes que es del océano Atlántico pero no de qué parte en concreto".

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Pero no todo el pescado se vende a nivel local. Mientras los camiones refrigerados transportan el marisco por todo el país y el extranjero, la información sigue fluyendo, garantizando la seguridad alimentaria en toda Europa. Las empresas de logística operan con cientos de vehículos de carga. En todo momento conocen la ubicación exacta de cada uno de los camiones. Cada caja de marisco que manejan tiene una etiqueta obligatoria que indica todos los detalles importantes sobre su contenido.

"La etiqueta indica el nombre científico de la especie, su nombre comercial, con qué arte de pesca fue capturada, la fecha de la captura, el destino, el peso, por supuesto, y toda la demás información que exigen, al comerciante, la normativa española y la europea".

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Lograr esta coherencia y transparencia informativa era una tarea de vital importancia para el Puerto de Vigo. No en vano, se trata de la puerta de entrada de casi un millón de toneladas de pescado, de media al año, procedentes de Europa, África, Asia y América.

"Hemos pasado por una evolución relativamente rápida, de un sistema bastante laxo de control de la documentación a uno estricto. Y ahora todo está en un nivel de digitalización bastante aceptable. Es una evolución bastante reciente, me refiero a los últimos cinco años".

Parte del marisco se transforma en conservas, pero ni siquiera eso rompe la trazabilidad. Esta histórica fábrica produce 70 millones de latas de marisco al año. Cada una de estas latas puede rastrearse hasta el barco que capturó el pescado.

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"Ante una posible alerta sanitaria en el mercado, o ante cualquier solicitud de información por parte de un consumidor, lo único que necesitamos es la fecha de consumo preferente que figura en el envase que el consumidor se llevó a casa; a partir de ahí, podemos rastrear la información hasta el origen del pescado".

Los consumidores europeos confían en este sistema de regulación, independientemente de dónde compren su pescado y otros mariscos: en un mercado o en un restaurante, frescos, congelados, en conserva o cocidos, capturados en la naturaleza o cultivados en una piscifactoría.

Además de garantizar la seguridad y la calidad de los alimentos que consumimos, este marco jurídico ayuda a proteger el medio ambiente marino haciendo frente a la pesca ilegal y evitando la sobreexplotación de los recursos marinos, en Europa y en todo el mundo. Este énfasis en la sostenibilidad es una parte crucial de la iniciativa europea "De la granja a la mesa", el Pacto Verde Europeo y la Estrategia de Biodiversidad de la UE.

Este enfoque también ayuda a las empresas privadas, como esta marisquería familiar de Vigo. En plena crisis del sector, su negocio depende más que nunca de la confianza de los clientes en la máxima calidad de los pescados y moluscos locales de su carta.

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"El pescado recién sacado del mar no sabe igual que el capturado hace nueve días pero, muchas veces, sigue contando como 'fresco' aunque haya estado medio congelado en el barco. Así que no podríamos tomar decisiones si no tuviéramos toda la información. No sabríamos qué es exactamente lo que estamos cocinando y sirviendo a nuestros clientes".

Al fin y al cabo, se trata de que el recorrido del pescado, desde el mar hasta el plato, sea seguro y tranquilo.