Los dirigentes cubanos han perdido un aliado económico fundamental en Nicolás Maduro, y es probable que el embargo petrolero de EE.UU. agrave la crisis económica de la isla caribeña.
Durante el fin de semana, las autoridades cubanas anunciaron que 32 ciudadanos cubanos habían muerto en la incursión de Estados Unidos en la capital venezolana, Caracas. Servían como guardaespaldas del presidente Nicolás Maduro en el complejo militar en el que fuerzas especiales estadounidenses lo capturaron.
Además de la propia Venezuela, Cuba ha sido el país más afectado por la destitución de Maduro. La Habana pierde un aliado político clave a la espera de lo que haga la nueva cúpula chavista y presidenta interina, Delcy Rodríguez, y las declaraciones de la Administración Trump tras la intervención militar dejan claro que, junto con Colombia y Groenlandia, Estados Unidos pronto podría apuntar también a Cuba.
La presencia de militares cubanos en Caracas es solo un ejemplo de la estrecha cooperación entre ambas naciones. "Venezuela fue el aliado político más importante de La Habana desde que Hugo Chávez y Fidel Castro entablaron su íntima amistad a principios de la década de 2000", declara a 'Euronews' Bert Hoffmann, politólogo del Instituto Alemán de Estudios Globales y de Área.
Como candidato presidencial en 1999, Chávez se reunió con el líder de la Revolución Cubana en La Habana, y la alianza de los dos Gobiernos no ha hecho más que profundizarse en las décadas posteriores. Maduro se educó en Cuba y se ha posicionado como el guardián del proyecto revolucionario de izquierdas de Chávez.
Varios funcionarios cubanos ocupan puestos clave en el aparato de inteligencia de Venezuela, y La Habana ha enviado a Caracas médicos y personal sanitario a cambio de apoyo político y petróleo barato. En los últimos meses, Venezuela ha enviado unos 35.000 barriles diarios a Cuba a un precio subvencionado y, como explica Hoffmann, las entregas de petróleo venezolano siguen siendo el salvavidas crucial de la isla.
"En los últimos meses, el petróleo venezolano ha representado el 70% de las importaciones totales de petróleo de Cuba, mientras que México y Rusia se repartían el resto", declara Hoffmann.
En La Habana se teme que Estados Unidos intente pronto derrocar al régimen cubano sin intervención directa, cortándole totalmente el suministro de petróleo venezolano. "Sea cual sea el poder de negociación de los nuevos dirigentes de Caracas, el apoyo continuado a Cuba difícilmente será su principal prioridad".
Quiebra por desabastecimiento
Aunque Cuba podría buscar suministros alternativos en Rusia, Irán o los países árabes, ayudar directamente a La Habana convertiría a cualquier nuevo proveedor en objetivo potencial de las represalias estadounidenses. E incluso si La Habana es capaz de encontrar alguna fuente alternativa de petróleo, las ya precarias condiciones de vida de los cubanos van a empeorar aún más.
Cuba vive ya la crisis económica más profunda de su historia reciente. La economía del país se ha contraído alrededor de un 4% en los últimos años, con un retroceso del 1,5% solo en 2025. Con una inflación superior al 20%, la escasez de alimentos, medicinas y combustible es generalizada. "Económicamente, Cuba también paga ahora un alto precio por haber concentrado toda la inversión en el turismo, una industria para la que la grave situación de crisis e incertidumbre política es tóxica", opina Hoffmann.
Mientras tanto, eliminar, socavar o al menos aislar al régimen comunista de Cuba de una manera u otra ha sido una prioridad estadounidense desde la Revolución Cubana en 1959, y para la Administración Trump, la calamitosa situación y la contundente salida de Maduro significan una ventana de oportunidad para un cambio de régimen. "Cuba parece que está lista para caer. No sé si van a aguantar", dijo Trump el domingo a bordo del Air Force One.
¿Y ahora qué?
Sin embargo, según Hoffmann, a pesar de los acontecimientos en Venezuela, el liderazgo en La Habana no ha mostrado hasta ahora ningún signo de desintegración. "El miedo a lo que vendrá después de un eventual colapso del régimen es un poderoso pegamento para la cohesión de la élite", dijo. "Observarán de cerca si la élite post-Maduro sobrevive a la tormenta, o si serán colgados de las farolas".
Según el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, criado en Miami por padres cubanos exiliados, la élite cubana debería estar intranquila. "Si yo viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, me preocuparía al menos un poco", declaró a 'NBC News' durante el fin de semana, aunque se negó a hablar de los planes de EE.UU. para Cuba en detalle.
Un escenario potencial es un bloqueo naval completo. En opinión de Hoffman, esto no llevaría al pueblo cubano a las calles. "Incluso si las condiciones de vida se vuelven cada vez más precarias, esto no se traduce necesariamente en rebelión", cree el analista. "Movilizar la acción colectiva no solo requiere un descontento compartido, sino también la creencia de que la protesta puede conducir al cambio".
La acción militar contra Maduro podría, de hecho, desmovilizar a los cubanos de a pie, no motivarlos. "Si su mensaje es que a los militares les toca salir a tiros y a los Gobiernos negociar sus acuerdos, para la gente común no es momento de salir a la calle, sino de agacharse y cubrirse".