La menopausia marca una gran transición en el cuerpo femenino, pero se conocen menos sus efectos globales. Un estudio científico ha creado un atlas que cartografía cómo cambian los órganos y revela patrones inesperados.
Ganar peso, sufrir sofocos a cualquier hora del día, despertarse con sudores nocturnos o atravesar altibajos emocionales. Estos son los cambios más visibles y conocidos que experimenta el cuerpo femenino durante la menopausia.
Las mujeres que se encuentran en la etapa menopáusica y posmenopáusica presentan un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas, neurodegenerativas y óseas.
Cada vez más investigaciones analizan qué ocurre exactamente en la fase que sigue al periodo fértil. Sin embargo, aún no se ha descrito por completo cómo afecta este cambio, desencadenado por las hormonas, al sistema reproductor en su conjunto.
Para comprender mejor cómo este proceso impacta en la salud, investigadores del Barcelona Supercomputing Center (Centro Nacional de Supercomputación, BSC-CNS) han elaborado el primer gran atlas del envejecimiento del sistema reproductor femenino con ayuda de la inteligencia artificial.
El envejecimiento avanza de forma distinta en cada órgano
Los investigadores combinaron 1.112 imágenes de tejidos procedentes de 659 muestras, correspondientes a 304 mujeres de 20 a 70 años, con datos de expresión génica de miles de genes. Esto les permitió reconstruir cómo envejecen con el tiempo siete órganos reproductores clave, el útero, el ovario, la vagina, el cuello uterino, la mama y las trompas de Falopio.
El estudio se apoyó en la capacidad de supercomputación de MareNostrum 5 y en métodos avanzados de reconocimiento de imágenes para procesar los datos. Gracias a técnicas de aprendizaje profundo, pudieron detectar los cambios visibles en los tejidos y también los procesos moleculares subyacentes asociados al envejecimiento de cada órgano.
El resultado es un mapa detallado, órgano por órgano, del proceso de envejecimiento del sistema reproductor. Los investigadores se toparon con un hallazgo sorprendente, no todos los órganos envejecen de la misma manera ni a la misma velocidad. Los ovarios y la vagina muestran un envejecimiento más gradual que comienza incluso antes de que la menopausia se inicie oficialmente.
Un órgano parece envejecer de forma más brusca
En cambio, el útero parece experimentar cambios más repentinos en torno al momento de la menopausia. Otra sorpresa fue que, incluso dentro de un mismo órgano, distintos tejidos pueden envejecer a ritmos diferentes. En el útero, por ejemplo, la mucosa y la capa muscular no evolucionan al mismo tiempo. Estos tejidos también parecen especialmente sensibles a las alteraciones hormonales y biológicas asociadas a la menopausia.
Los resultados muestran que la menopausia no es simplemente el final de la función reproductora del ovario, explicó Marta Melé, responsable del grupo de transcriptómica y genómica funcional del BSC y directora del estudio. "Nuestros resultados muestran que actúa como un punto de inflexión que reorganiza en profundidad otros órganos y tejidos del sistema reproductor y nos permite identificar los genes y procesos moleculares que podrían estar detrás de estos cambios".
A partir de este hallazgo, según el cual los órganos envejecen con dinámicas distintas, la coautora principal Laura Ventura añadió que la investigación "abre la puerta a una medicina personalizada, en la que los tratamientos se adapten al perfil molecular específico de cada mujer y a los tejidos que muestran mayor desgaste relacionado con la edad", explicó a 'Euronews Health'.
Un método sencillo y no invasivo para seguir la salud de las mujeres
El estudio también identificó señales moleculares vinculadas al envejecimiento reproductor que pueden detectarse en muestras de sangre de más de 21.441 mujeres. Estos biomarcadores podrían permitir a los médicos controlar el estado de los órganos reproductores de forma no invasiva.
Esto ayudaría a anticipar riesgos asociados a la menopausia, como las complicaciones del suelo pélvico, sin necesidad de recurrir a biopsias. Según los investigadores, esto abre la puerta a herramientas clínicas más sencillas y accesibles para hacer un seguimiento de la salud de las mujeres a lo largo del tiempo.