Hay 6 contagios, tres de ellos han muerto debido al brote de hantavirus en el MV Hondius y otros dos sospechosos. Las autoridades apuntan a un basurero en las afueras de Ushuaia, frecuentado por turistas aficionados a la ornitología, como el punto donde comenzó todo.
Un vertedero en las afueras de Ushuaia, en el extremo sur de Argentina, se ha convertido en el epicentro de la investigación sobre el brote de hantavirus registrado a bordo del crucero MV Hondius. Las autoridades sanitarias creen que fue allí donde el matrimonio neerlandés que encabeza la cadena de contagios entró en contacto con el virus, durante una excursión para observar aves.
La zona atrae a viajeros precisamente por la abundancia de pájaros que la sobrevuelan, pero las mismas condiciones que la hacen popular entre los ornitólogos aficionados la convierten en un entorno propicio para roedores portadores del hantavirus. La transmisión ocurre por contacto con excrementos, saliva u orina de estos animales.
Lo que complica especialmente este caso es la variante identificada: la cepa Andes, la única del virus con capacidad conocida de contagiarse entre personas. Eso explicaría que, una vez a bordo del Hondius, la infección se extendiera más allá de la pareja inicial.
Un viaje largo con un final trágico
Los dos turistas llegaron a Argentina el 27 de noviembre de 2025 y pasaron meses recorriendo el país en coche. Visitaron Chile y Uruguay antes de regresar a Argentina a finales de marzo. El 1 de abril embarcaron en Ushuaia.
Poco después empezaron los síntomas. El hombre, de 70 años, murió en la isla de Santa Elena. Su mujer, de 69, falleció en Sudáfrica cuando intentaba volver a Europa. En total, el brote ha dejado seis casos confirmados de los que tres han fallecido. Hay otros dos casos sospechosos.
Las cifras de fondo no ayudan a la tranquilidad. En Argentina, la tasa de mortalidad por hantavirus ha pasado del 17% registrado entre 2019 y 2024 a superar el 33% en el último año, un salto que ha encendido las alarmas tanto a nivel nacional como en organismos internacionales.
Las autoridades señalan además que Tierra del Fuego llevaba décadas sin registrar casos: el último antecedente en la provincia data de 1996. Para confirmar la hipótesis del vertedero, equipos técnicos se desplazarán a la zona a capturar roedores y buscar rastros del virus. Argentina también ha activado canales de cooperación internacional y enviará material genético de la cepa a laboratorios de España, Sudáfrica, Países Bajos y Reino Unido, con el objetivo de mejorar los protocolos de detección y diagnóstico.
Argentina, fuera de la OMS
El brote ha puesto en primer plano un detalle de fondo: Argentina ya no forma parte de la Organización Mundial de la Salud. Su salida, como la de Estados Unidos, se hizo efectiva a mediados del mes de marzo.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, aprovechó la rueda de prensa sobre el hantavirus para pedir a ambos países que reconsideren su decisión, aunque el Gobierno argentino respondió que no necesita pertenecer al organismo para cooperar con otros países en materia sanitaria. De momento, mantiene vínculos técnicos con la Organización Panamericana de la Salud a nivel regional.
El colilargo, el ratón detrás del virus
El Oligoryzomys longicaudatus, conocido como ratón colilargo, es el principal transmisor de la cepa Andes. Se trata de un pequeño roedor silvestre de color café claro que vive en Chile y el sur de Argentina. Pesa menos de 30 gramos, tiene las orejas pequeñas y los ojos grandes, y su cola puede doblar en longitud al resto del cuerpo.
Es una especie nativa y está protegida. Cumple funciones ecológicas: dispersa semillas y forma parte de la cadena alimentaria de otros animales. De hábitos nocturnos, se desplaza dando saltos gracias a sus patas traseras largas, y prefiere terrenos con malezas o arbustos, cerca de fuentes de agua.
Los colilargos son el reservorio natural de la cepa Andes y se contagian entre ellos principalmente durante peleas o apareamientos. Los animales infectados no desarrollan la enfermedad, aunque algunos estudios apuntan a que el virus acorta su esperanza de vida, estimada en un año.
Se desconoce cuántos ejemplares existen, ya que sus poblaciones fluctúan mucho según el clima, la disponibilidad de alimento y factores como la deforestación o la expansión agrícola.