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Un estudio japonés asegura que la lactancia materna ayuda a los bebés a dormir más en su primer año

Una mujer amamanta a su bebé en una cafetería
Una mujer amamanta a su bebé en una cafetería Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Wessam Al Jurdi & Euronews
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Los investigadores han planteado varias explicaciones posibles para este fenómeno, la leche de fórmula mantiene una composición estable, mientras que la leche materna se adapta a las necesidades cambiantes del bebé.

Una de las mayores investigaciones nacionales del mundo ha revelado que los niños que reciben lactancia materna durante los seis primeros meses de vida duermen durante más tiempo cuando cumplen un año, unos resultados que desmontan la idea extendida de que la leche materna provoca un sueño más interrumpido y de menor duración.

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Un equipo de investigación dirigido por Yuri Nakagawa, doctorando en la Universidad de Toyama en Japón, analizó los datos de 82.918 parejas de madres y bebés dentro del proyecto titulado 'Estudio sobre el medio ambiente y los niños en Japón', y los resultados se publicaron en la revista europea de nutrición clínica el 31 de marzo de 2026. A las madres se les entregaron cuestionarios cuando sus hijos cumplieron seis meses para que informaran sobre las prácticas de alimentación seguidas durante ese periodo.

Los investigadores dividieron a los niños en cuatro grupos: el primero incluía bebés alimentados exclusivamente con leche de fórmula, el segundo bebés que recibieron lactancia materna durante menos de seis meses, el tercero bebés que mantuvieron la lactancia materna durante seis meses con suplementos de leche de fórmula, y el cuarto bebés alimentados únicamente con lactancia materna durante los seis meses completos.

Al cumplir los niños su primer año, los padres completaron otro cuestionario sobre la duración del sueño de sus hijos. Los investigadores se basaron en las recomendaciones de la National Sleep Foundation estadounidense, que considera sueño insuficiente dormir menos de 11 horas al día.

Descenso gradual de las probabilidades de dormir poco

Los resultados mostraron que todos los grupos que recibieron leche materna registraron una menor probabilidad de falta de sueño en comparación con sus pares alimentados únicamente con leche de fórmula.

En el grupo alimentado exclusivamente con leche de fórmula, la probabilidad de sueño de corta duración fue del 12,2%, mientras que se redujo al 10,2% entre quienes recibieron lactancia materna durante menos de seis meses.

Cuando la lactancia materna se mantuvo durante los seis meses junto con leche de fórmula, el riesgo bajó al 9,7%. El riesgo más bajo se observó en los niños que fueron alimentados exclusivamente con lactancia materna durante los seis primeros meses, donde la proporción no superó el 8,8%.

Tras ajustar los datos teniendo en cuenta factores relacionados con la madre, el bebé y el entorno, se comprobó que la probabilidad de que los lactantes alimentados exclusivamente con lactancia materna durante seis meses sufrieran un sueño de corta duración era un 23% menor que entre aquellos que solo recibieron leche de fórmula.

El estudio desmonta el mito de que los bebés que toman pecho duermen peor

Los resultados revelaron una relación progresiva, cuanto más tiempo se prolongaba la lactancia materna, menor era de forma gradual la probabilidad de dormir poco al cumplir el primer año de vida.

Nakagawa, autor principal del estudio, señala: "La Organización Mundial de la Salud promueve ampliamente la lactancia materna y la mayoría de la gente conoce los numerosos beneficios para la salud que aporta. Sin embargo, siguen siendo muy comunes las ideas de que los niños que toman pecho duermen menos o de que los que se alimentan con leche de fórmula duermen durante más tiempo. Queríamos aportar pruebas sólidas para refutar este concepto erróneo".

Nakagawa añade que este trabajo proporciona tranquilidad frente a la percepción extendida de que los bebés alimentados con lactancia materna duermen menos porque la leche materna se digiere más rápido. Subraya que estos temores no deberían disuadir a los padres de considerar la lactancia materna y sus numerosos beneficios bien demostrados.

Explicaciones biológicas detrás de los resultados

Los investigadores plantean varias explicaciones posibles para este fenómeno. Mientras la composición nutricional de la leche de fórmula permanece relativamente estable, la composición de la leche materna se adapta a las necesidades cambiantes del bebé.

El equipo señala que la hormona melatonina, que favorece el inicio del sueño y mejora su calidad, se segrega en la leche materna durante la noche, lo que ayuda a establecer y regular el reloj interno del niño y su ciclo de sueño y vigilia.

Dado que los recién nacidos producen solo pequeñas cantidades de su propia melatonina, recibir esta hormona a través de la leche materna puede favorecer el desarrollo de patrones de sueño saludables. La leche materna contiene además triptófano, un aminoácido que el organismo utiliza para producir melatonina, y estudios anteriores han comprobado que sus concentraciones en la leche materna también aumentan durante la noche.

La lactancia materna favorece un sueño más saludable en los bebés

Las pruebas crecientes apuntan también al papel del eje intestino-cerebro, una red de comunicación que conecta las bacterias intestinales con las funciones cerebrales.

La lactancia materna influye de forma positiva en el desarrollo de un microbioma intestinal saludable en el bebé, y las diferencias en la microbiota intestinal entre los lactantes que toman pecho y los que se alimentan con leche de fórmula pueden contribuir a establecer patrones de sueño y vigilia más saludables y una mejor calidad del sueño.

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida del bebé, debido a sus numerosos beneficios demostrados, entre ellos la protección frente a infecciones y el apoyo al crecimiento saludable a largo plazo.

La corta duración del sueño durante la etapa de lactancia se ha relacionado con la obesidad, los problemas de comportamiento y un peor rendimiento cognitivo en etapas posteriores de la vida, lo que convierte en fundamental garantizar un descanso suficiente en este periodo para un desarrollo físico y psicológico adecuado.

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