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Así afecta el diseño de las naves espaciales a la salud mental de astronautas

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Por Roselyne Min
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¿Puede el diseño de una nave espacial afectar a la salud mental de los astronautas? Científicos han estudiado cómo la iluminación, la privacidad y los espacios compartidos influyen en su bienestar en largas misiones a la Luna y Marte.

Un equipo de científicos ha cartografiado cómo distintas características de un hábitat espacial pueden afectar al bienestar mental, emocional y social de los astronautas, según un nuevo estudio.

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Investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y de la Universidad de Colorado Boulder, en Estados Unidos, analizaron la relación entre factores como la iluminación, la privacidad y la distribución de los espacios habitables, y experiencias como la ansiedad, la añoranza del hogar, la fatiga y las relaciones entre los compañeros de tripulación.

El objetivo es ofrecer a los ingenieros una forma más clara de tener en cuenta la salud mental de los astronautas al diseñar hábitats para misiones espaciales de larga duración.

"La conciencia de que vivir en el espacio es difícil existe desde hace tiempo", declaró Mich Lin, autora principal del estudio y doctoranda en el Human Systems Lab y el Engineering Systems Lab del MIT, en un comunicado de prensa.

"Hemos avanzado mucho desde la idea del 'ser humano metido en una lata'. A medida que nuestras prioridades se desplazan hacia misiones de exploración de larga duración, garantizar que la tripulación esté segura, sana, satisfecha y sea productiva resulta aún más importante", añadió.

En entornos extremos, los hábitats suelen construirse ante todo para garantizar la supervivencia. Submarinos, bases antárticas y naves espaciales deben proteger a las personas de peligros físicos inmediatos, a menudo con un espacio muy limitado.

Los vuelos espaciales pueden someter a los astronautas a una tensión psicológica considerable. El aislamiento y el confinamiento afectan al sueño, al estado de ánimo, al rendimiento cognitivo y a las relaciones dentro de la tripulación, mientras que vivir sin ciclos normales de día y noche puede alterar el ritmo circadiano del cuerpo.

Pero a medida que la humanidad se prepara para misiones más largas a la Luna y, en última instancia, a Marte, los astronautas podrían pasar meses o incluso años confinados con el mismo grupo reducido de personas, lejos de la familia y los amigos y con pocas oportunidades de salir de su entorno.

Hasta qué punto puede ayudar el diseño

El equipo llevó a cabo una amplia y reiterada revisión de la literatura científica sobre habitabilidad en el espacio y en otros entornos extremos para encontrar pruebas que vincularan el entorno físico con la salud mental y conductual.

Con ese material elaboraron un mapa con 68 factores y 167 conexiones que muestran cómo distintos aspectos del entorno pueden influir en la salud conductual y en el rendimiento.

Se centraron en 14 emociones y experiencias que podrían verse afectadas por el diseño del hábitat, entre ellas la ansiedad, la autonomía, la curiosidad, la fatiga, la nostalgia y los vínculos afectivos.

Después trazaron cómo distintos factores de diseño podían contribuir a estos resultados.

La iluminación, por ejemplo, puede afectar al sueño y a los ritmos circadianos. El grado de privacidad disponible para los miembros de la tripulación puede influir en el estrés y en la autonomía, mientras que la disposición de los espacios compartidos, los pasillos y las entradas puede determinar con qué frecuencia interactúan las personas entre sí.

A su vez, los recorridos, las escaleras y las entradas pueden favorecer la amistad y la cohesión social porque influyen en la frecuencia con la que las personas se cruzan de forma natural.

Los investigadores también proponen introducir elementos que ayuden a los astronautas a desarrollar un mayor apego al lugar donde viven, con el fin de reducir la añoranza del hogar. Entre ellos podrían figurar una mayor privacidad y espacios que los miembros de la tripulación puedan reconfigurar o personalizar.

"La relación entre hábitat y salud conductual no se había establecido antes de esta manera", señaló Lin. "Así que hemos trazado esas conexiones por primera vez".

El equipo de investigación subraya que el mismo enfoque podría aplicarse también en la Tierra, por ejemplo en submarinos, plataformas petrolíferas, expediciones a la Antártida y otros entornos en los que las personas pasan largos periodos aisladas y confinadas.

Los investigadores han puesto además sus conclusiones a disposición del público a través de una página web interactiva llamada Human-Environment Connection and Interaction Atlas (HECIA), donde los diseñadores pueden explorar las distintas conexiones.

Sin embargo, advierten de que esta herramienta y las ideas en las que se basa no constituyen una guía universal para diseñar hábitats extremos. El diseño adecuado dependerá de las especificaciones y restricciones propias de cada hábitat.

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