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Prestar atención puede influir en lo que ocurre dentro del cuerpo, según un estudio

Las investigaciones indican que la atención no solo modifica la percepción del dolor, también puede influir en la respuesta inmunitaria del organismo.
Las investigaciones apuntan a que la atención no solo puede modificar cómo se percibe el dolor, también podría influir en la respuesta inmunitaria del organismo. Derechos de autor  Canva
Derechos de autor Canva
Por Alexandra Leistner
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Sabemos que dirigir la atención puede cambiar cómo sentimos el dolor. Ahora, nuevas investigaciones indican que también puede influir en la respuesta inmunitaria del organismo.

Piense en la última vez que se hizo daño. Si concentra la atención en el dolor, puede parecer más intenso. Pero cuando algo le distrae, una conversación, una tarea o incluso un vídeo divertido, el dolor puede de repente resultar menos evidente.

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Así que cuando algo duele, parece lógico pensar que distraernos es la mejor manera de afrontarlo.

La atención puede influir en la respuesta inmunitaria

Pero nuevas investigaciones apuntan a que dirigir la atención hacia la zona afectada puede tener en realidad un efecto más potente.

Para averiguar si la atención solo modifica cómo se percibe una lesión, o si puede cambiar realmente la respuesta del organismo, la doctora Liron Rozenkrantz, de la Facultad de Medicina Azrieli de la Universidad Bar-Ilan, y su equipo realizaron tres experimentos preinscritos. En primer lugar, los participantes recibieron en el brazo una punción cutánea con histamina, que provocó una pequeña reacción inflamatoria transitoria.

A continuación se les pidió que centraran su atención en las sensaciones de la zona afectada o que se distrajeran con vídeos o tareas.

Durante los 20 minutos siguientes, los investigadores midieron la hinchazón y el enrojecimiento resultantes, así como los cambios en las respuestas fisiológicas de los participantes.

La respuesta inflamatoria se reduce de forma notable cuando se presta atención al cuerpo

Según los resultados publicados en 'Nature Human Behaviour', la respuesta inflamatoria fue aproximadamente una vez y media menor cuando los participantes se concentraban en sus sensaciones corporales.

Alrededor del 90% de los participantes mostraron una respuesta más intensa cuando estaban distraídos.

Lo que hace que el hallazgo resulte especialmente sorprendente es que no se trataba solo de un cambio en la forma en que los participantes experimentaban la molestia. Los investigadores midieron la respuesta inflamatoria física en la propia piel y comprobaron que variaba en función de dónde dirigían la atención los participantes.

"Lo especialmente llamativo fue que dirigir la atención hacia la zona inflamada cambiaba no solo lo que experimentaban los participantes, sino la propia respuesta inflamatoria", afirmó la doctora Rozenkrantz.

"Esto plantea la posibilidad de que nuestra experiencia subjetiva de lo que ocurre en el cuerpo no sea solo un proceso pasivo, sino que pueda contribuir activamente a la regulación de las respuestas fisiológicas".

¿Cómo podría funcionar?

Los investigadores identificaron dos posibles mecanismos que podrían ayudar a explicar el efecto. En primer lugar, la atención parece influir en la manera en que el cerebro procesa las señales sensoriales que proceden de la zona inflamada.

En segundo lugar, concentrarse en las sensaciones corporales se relacionó con una mayor actividad del sistema nervioso parasimpático, incluido el nervio vago, que ayuda a regular la inflamación.

Los resultados sugieren que ambas vías podrían contribuir al efecto.

Una relación más estrecha entre el cerebro y el cuerpo

El estudio se llevó a cabo en condiciones controladas de laboratorio y analizó una respuesta inflamatoria de corta duración en la piel tras una punción con histamina. Los resultados no muestran que dirigir la atención pueda tratar la inflamación, las enfermedades o los problemas de salud crónicos.

Se necesitan más investigaciones para entender si se producen efectos similares en situaciones reales y durante periodos más largos.

Aun así, los resultados se suman a las pruebas crecientes de que el cerebro y el cuerpo mantienen una comunicación constante en ambos sentidos.

El lugar al que dirigimos nuestra atención puede tener consecuencias que van más allá de la experiencia subjetiva y llegar a influir en procesos biológicos medibles dentro del organismo.

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