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La relación entre la UE y la India afronta un nuevo capítulo bajo la sombra de la guerra de Ucrania

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Por Jorge Liboreiro & Euronews
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen se reunió con el primer ministro de la India, Narendra Modi, para hablar de comercio, tecnología y seguridad.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen se reunió con el primer ministro de la India, Narendra Modi, para hablar de comercio, tecnología y seguridad.   -   Derechos de autor  Christophe Licoppe/ EU/Christophe Licoppe

Las relaciones entre la UE y la India entran en un nuevo capítulo bajo la sombra de la guerra de Ucrania

Hace 60 años que la India acreditó a su primer embajador ante la Comunidad Económica Europea (CEE), la organización que sirvió de embrión a la Unión Europea. Por aquel entonces, la gran nación asiática contaba con una economía proteccionista que intentaba alejarse de la era colonial británica, mientras que la CEE estaba formada por solamente seis países europeos, en las primeras fases de integración del mercado.

Hoy, las cosas son muy diferentes. La India es uno de los miembros del G20. Con un valor de 3 trillones de euros, es una potencia mundial emergente y el país que, pronto, será el más poblado de la historia de la humanidad. Es la mayor democracia del planeta y un actor principal en el área indopacífica, que alberga casi dos tercios de la economía mundial.

El enorme peso político, económico y demográfico de la India representa una fuente inestimable de posibilidades para la UE, que, en una línea similar a la de Estados Unidos, intenta desarrollar un eje hacia Asia que sirva de contrapeso a la enorme influencia de China en la región.

"Nuestros valores no son compartidos por todos. Vemos los crecientes desafíos a nuestras sociedades abiertas y libres. Esto es cierto en el ámbito tecnológico y económico, pero también en el de la seguridad", declaraba Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, al final de una visita de dos días a la India, durante la cual se reunió con el primer ministro, Narendra Modi, y con el presidente indio, Ram Nath Kovind.

"La realidad es que están en juego los principios básicos que sustentan la paz y la seguridad en todo el mundo. Tanto en Asia, como en Europa", señalaba a los asistentes al ‘Diálogo de Raisina’, una conferencia de alto nivel sobre geopolítica y geoeconomía.

El renovado impulso de Bruselas y Nueva Deli se produce tras dos décadas de relaciones bilaterales marcadas por notables altibajos.

Las cosas empezaron bien en el año 2000, con la primera cumbre UE-India. Y, mejoraron aún más en 2004, cuando se estableció, oficialmente, una "asociación estratégica". Pero, luego, empeoraron por desavenencias profundas, relacionadas con un proyecto de acuerdo comercial, y un polémico caso relacionado con un petrolero italiano y el asesinato de dos pescadores indios.

Cuando China empezó a ejercer su poder de forma más controladora y asertiva, ambas partes se dieron cuenta de que los beneficios de una cooperación más estrecha superaban cualquier tipo de discrepancia pendiente.

Los esfuerzos de acercamiento se intensificaron gradualmente. En 2020, la UE y la India dieron a conocer una ‘hoja de ruta conjunta’ para los próximos cinco años, en la que se abordaban áreas de interés común como el cambio climático, la seguridad, el comercio justo, la investigación sobre derechos humanos y la innovación.

En 2021, ambas partes acordaron reanudar las negociaciones sobre el estancado acuerdo comercial e iniciar un diálogo sobre seguridad marítima, un aspecto crucial en la política indopacífica. La UE también creó una asociación para la conectividad, la segunda de este tipo después de la de Japón, para impulsar las inversiones en energía, transporte e infraestructura digital.

Estos logros diplomáticos se caracterizan por un sorprendente nivel de "detalle, profundidad y riqueza" que los diferencia de los anuncios anteriores, sugería Stefania Benaglia, investigadora asociada del Centro de Estudios Políticos Europeos (CEPS).

La seguridad marítima y la conectividad "son dos áreas en las que, realmente, se ha invertido y se ha amortizado, lo que significa que la declaración política ha ido acompañada de avances sobre el terreno", sostenía Benaglia, cuyo trabajo se centra en la política exterior de la Unión Europea y en las relaciones UE-India.

"El potencial no es solamente hacer un buen trato y obtener un beneficio económico. El potencial es geopolítico, es realmente estratégico para ambos".

Casualmente, el nuevo capítulo de las relaciones entre la UE y la India ha venido acompañado de un considerable aumento del comercio de mercancías, que alcanzó la cifra más alta de todos los tiempos: 88 100 millones de euros, en 2021. Componentes de aeronaves, piezas de vehículos, maquinaria, aceite, perlas y productos farmacéuticos son algunos de los productos con mayor presencia en las transacciones económicas.

La inversión extranjera directa también ha aumentado constantemente en los últimos años, convirtiendo al bloque comunitario en uno de los mayores inversores en el país, con 83 000 millones de euros desembolsados entre 2000 y 2021. Unas 4 500 empresas de la UE están presentes en la India, generando más de seis millones de empleos directos e indirectos.

Un rico potencial sin explotar

La sombra de los abundantes y lucrativos vínculos comerciales es una plétora de barreras técnicas, normas divergentes y medidas discriminatorias que, en opinión de Bruselas, crean un entorno restrictivo e injusto para las empresas de la UE que intentan establecerse y presentarse a licitaciones públicas en la India.

"Cuando la pandemia llegó por primera vez, y nos dimos cuenta de que había una gran dependencia de China, la primera reacción inmediata debería haber sido: 'Bueno, está la India justo al lado'. La India podría haber servido perfectamente como alternativa al mercado chino, ofreciendo el mismo servicio", declaraba Benaglia.

"Está claro que eso no ocurrió. Las empresas europeas no salieron de China para entrar en el mercado indio. Es una dinámica completamente diferente, a veces muy difícil, pero no imposible", añadía.

Se espera que las próximas conversaciones comerciales, cuya primera ronda está prevista para mediados de julio de 2022 en Nueva Deli, aborden algunos de estos puntos de fricción. Sin embargo, no se contempla ningún avance importante a corto plazo, ya que las negociaciones con la Unión Europea son notoriamente técnicas y largas.

Para facilitar las conversaciones, ambas partes han acordado crear un Consejo de Comercio y Tecnología, siguiendo el modelo del foro homónimo de la UE y Estados Unidos, para abordar los retos que van más allá de las fronteras nacionales.

"Nuestra cooperación estratégica debe tener lugar en el nexo del comercio, la tecnología fiable y la seguridad, especialmente en lo que respecta a los retos que plantean los modelos de gobernanza rivales", afirmaba Ursula von der Leyen, en una referencia apenas velada al sistema estatal chino.

En los últimos meses, el Gobierno de Narendra Modi ha mostrado un fuerte deseo de ampliar su comercio exterior. La Administración india ha cerrado acuerdos comerciales, a una velocidad récord, con los Emiratos Árabes Unidos y Australia. Además, está trabajando en otros nuevos convenios con el Reino Unido, Israel y Canadá.

Pero la India no quiere que ser considerada como un mercado "alternativo" a China, sino una potencia regional independiente, señaló B. Rahul Kamath, investigador de la Observer Research Foundation (ORF), un grupo de reflexión independiente con sede en Nueva Deli.

"La India preferiría que Europa la contemplara como un nuevo mercado con un potencial de crecimiento y desarrollo significativamente alto", indicaba Kamath a Euronews.

"El gran tamaño del mercado indio, ayudado por una economía en progresivo crecimiento, no solamente convierte a Nueva Deli en una potencia económica al alza, sino que, además, refuerza su estatura política y diplomática a nivel internacional", añadía.

Al margen de la conclusión satisfactoria del incipiente acuerdo comercial, Kamath sugería que ambas partes deberían construir un terreno común trabajando juntas en política sanitaria, infraestructuras y seguridad regional.

"Una asociación más sólida permitiría a la UE aumentar su compromiso en el Indopacífico, mientras que la India podría estudiar la posibilidad de aumentar su presencia en las partes central y oriental de Europa, un área en la que el desarrollo ha sido mínimo", afirmaba el investigador.

Un difícil ejercicio de equilibrio

Las florecientes relaciones entre la India y la UE, y en general, todo Occidente, se han topado, recientemente, con una dificultad: la invasión rusa de Ucrania.

Desde que estalló la guerra, la Unión Europea y Estados Unidos han reunido a sus aliados para condenar duramente la agresión de Rusia y sincronizar una serie de sanciones internacionales sin precedentes.

La campaña conjunta ha dado, hasta ahora, resultados limitados, atrayendo solamente a las economías avanzadas con un sistema democrático consolidado: el Reino Unido, Noruega, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y, en una sorprendente ruptura de su tradición de neutralidad, Suiza.

Aunque la India ha pedido un "cese inmediato de la violencia" y ha ofrecido su ayuda para conseguir un ‘alto el fuego’, se ha abstenido de condenar la invasión y de imponer sanciones equivalentes. En particular, el país decidió abstenerse en dos votaciones clave de Naciones Unidas: una para censurar a Rusia por sus acciones militares, y otra para suspender su pertenencia al Consejo de Derechos Humanos.

Esta posición equidistante ha merecido los elogios de Moscú por "contemplar esta situación en la totalidad de los hechos, y no solamente de forma unilateral", pero ha molestado, visiblemente, a los socios occidentales de la India.

En una rara reprimenda pública, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, calificó la postura del Gobierno indio de "algo inestable" en comparación con los otros dos miembros de la Cuádruple Alianza del Pacífico: Japón y Australia. En su discurso en el ‘Diálogo de Raisina’, Ursula von der Leyen evitó las críticas directas, pero evocó los horrores de la masacre de Bucha para instar a "todos los miembros de la comunidad internacional" a apoyar los esfuerzos diplomáticos de Occidente.

"El resultado de la ‘guerra de Putin’ no solamente determinará el futuro de Europa, sino que también afectará profundamente a la región indopacífica y al resto del mundo", declaraba Ursula von der Leyen. "Para el Indopacífico es tan importante como para Europa que se respeten las fronteras, y que se rechacen las esferas de influencia", añadía.

El acto de equilibrio de la India, según los expertos, responde a la sospecha inherente del país ante cualquier cosa que parezca asemejarse al imperialismo occidental y a una fijación por mantener una política exterior no alineada e independiente, cuyo principal objetivo es servir a la agenda interna del Gobierno y garantizar la prosperidad de las naciones.

En lugar de adoptar la mentalidad de ‘nosotros contra ellos’, que a menudo se abre paso en el pensamiento de Washington, Nueva Deli ha optado por un enfoque más inclusivo e impulsado por el crecimiento, para fomentar los lazos con una gran cantidad de países que, en algunos casos, pueden ser hostiles entre sí.

Mantener vínculos saludables con Rusia es una pieza importante de un rompecabezas geopolítico mayor, que también incluye a China y Pakistán, dos vecinos que han protagonizado escaramuzas fronterizas con la India.

Estas tensiones militares pesan mucho en las relaciones entre la India y Rusia: los rusos son los mayores proveedores de armas de la India, ya que su mercado representa más del 46 % de todo el armamento que Nueva Deli compró entre 2017 y 2021, frente al 69 % durante el período comprendido entre 2012 y 2016.

En general, la India es el mayor comprador de armas del mundo. El país adquiere alrededor del 11 % de todas las armas comercializadas en todo el planeta, según un nuevo informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

"Para la India, resulta crucial equilibrar su relación con Occidente, Estados Unidos y Europa, aspecto en el que ha invertido mucho en los últimos tiempos", explicaba a Euronews la doctora Garima Mohan, miembro del programa para Asia del German Marshall Fund de los Estados Unidos.

"En este momento, su asociación con Rusia es una relación muy puntual centrada, en gran medida, en el equipamiento militar y de defensa para el que la India depende, de manera crítica, de Rusia. Por ello, no puede permitirse alienar completamente al país. Representa un difícil acto de equilibrio para el Gobierno indio", señalaba.

La posición de la India de no comprometerse con la guerra no debe ser vista como "antagónica" u "opuesta" al frente unido occidental, indicaba Mohan, señalando que el Gobierno de Modi ha proporcionado ayuda humanitaria a Ucrania a través de Polonia.

Pero, en un movimiento que va a exacerbar aún más la frustración de Occidente, las empresas indias han comenzado a aumentar las compras de petróleo ruso después de que Moscú ofreciera un descuento de 35 dólares por barril. Según una estimación publicada por Reuters, la India ha comprado, al menos, 40 millones de barriles desde el inicio de la ‘guerra de Ucrania’; más del doble de lo que compró en todo el año 2021.

El país "está tratando de preservar cualquier vestigio de influencia que tenga Nueva Deli con Moscú, con la plena comprensión de que la relación entre China y Rusia está cambiando", aseguraba Mohan.

"La India también quiere desempeñar el papel de actor responsable a nivel mundial. Así que, tendrá en cuenta la relación y el comercio que mantiene con Rusia y, por supuesto, el impacto de las sanciones", añadía la analista.