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Kaliningrado, el exclave ruso blanco de las sanciones a Moscú por su invasión de Ucrania

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Por Euronews en español
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Una mujer se toma un selfie en un terraplén del río Pregolia en Kaliningrado
Una mujer se toma un selfie en un terraplén del río Pregolia en Kaliningrado   -   Derechos de autor  Reuters

El territorio más occidental —en todos los sentidos— de Rusia, es esta semana noticia y blanco de todas las miradas, sometido a nuevas sanciones mientras continúa la guerra del Kremlin en Ucrania.

Kaliningrado es un exclave: forma parte de Rusia, pero está separada físicamente del resto del país, y está rodeada por Lituania, Polonia y el mar Báltico. "Se vive mejor aquí de lo que se suele suponer", afirma un funcionario del Consulado General de Alemania en Kaliningrado, uno de los pocos diplomáticos occidentales que siguen destinados allí.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, Kaliningrado formaba parte de Alemania y era conocida como Königsberg, lo que explica gran parte de su arquitectura antigua. Hoy en día es el puerto base de la flota rusa del Báltico, con decenas de miles de militares, además del emplazamiento de los misiles Iskander, capaces de transportar una carga nuclear.

Esta dualidad hace que Kaliningrado sea un lugar fascinante: por un lado, muchos rusos la consideran una zona deseable para vivir, con una gran afluencia a lo largo de la última década de nuevos residentes que disfrutan de los espacios verdes y el espíritu emprendedor de la ciudad.

Por otro lado, es un emplazamiento militar de importancia estratégica, a sólo 300 kilómetros de la isla sueca de Gotland, que es la clave defensiva para el control del mar Báltico; un lugar en el que todo el mundo tiene alguna relación con el Ejército a través de un familiar o amigo.

"Los rusos del Báltico son una esperanza para el futuro de su país", decía esta semana el eurodiputado polaco Radek Sikorski, que pedía medidas para permitir viajar a los habitantes de Kaliningrado, a los que describió como "los más escépticos de Rusia".

Cabe recordar que antes de la invasión rusa, los residentes de Kaliningrado podían obtener un permiso especial para entrar en Polonia sin visado, y los viajes de compras a la Unión Europea eran poco menos que una excursión. 

En general, y según recuerda el portavoz del consulado alemán, la gente que decide vivir en Kaliningrado tiende a inclinarse más hacia Occidente, le gusta acercarse a Europa y hace sus compras en la vecina Polonia. Moscú está a 1.200 kilómetros de Kaliningrado, mientras que Berlín queda a la mitad de esa distancia.

Objeto de sanciones

Cuando Lituania anunció esta semana la prohibición del tránsito de algunas mercancías a través de su territorio desde Rusia hasta Kaliningrado, la respuesta del Kremlin no se hizo esperar.

Moscú catalogó la medida como un movimiento "sin precedentes" e "ilegal", amenazando a su vez con responder a dicha prohibición de tránsito —que incluye carbón, metales, materiales de construcción y tecnología avanzada—.

La prohibición supone alrededor del 50 por ciento de todas las mercancías que importa Kaliningrado, si bien no incluye ni alimentos ni medicinas. Los residentes locales, no obstante y a pesar de la airada retórica del Kremlin, no parecen por el momento demasiado preocupados. 

"Puede que haya algunos problemas con la entrega de mercancías, pero por ahora no lo notamos", nos dice Konstantin, estudiante de Kaliningrado. "Todavía no nos ha afectado". Olga, que trabaja para el municipio local, tampoco le da mucha importancia a la actual situación: "Por supuesto, estas sanciones —como las anteriores— dejarán huella en nuestra región... Probablemente desaparecerán los bienes escasos, pero será por poco tiempo, y creo que el Gobierno encontrará rápidamente una solución a esta situación y todo se resolverá. No hay pánico", sostiene Olga.

Semen Shchegolyatov es marinero, y asegura no estar preocupado: "Todo el mundo estaba ya preparado para esto. No sé por qué el Gobierno habla de ello sólo ahora, y por qué tanta conmoción".

OZAN KOSE/AFP
Un barco se desplaza por un río en Kaliningrado, el 19 de junio de 2018OZAN KOSE/AFP

El renacimiento de Kaliningrado

Desde el colapso de la Unión Soviética en 1991, los habitantes de Kaliningrado de todas las generaciones han ido descubriendo las huellas enterradas de la historia. Hoy existe aquí una especie de renacimiento de la Prusia Oriental, un nuevo interés por la historia de la región en la que viven.

"Por supuesto, todavía existen calles con grandes agujeros en esta ciudad, edificios en ruinas", nos recuerda el portavoz del consulado alemán. "Kaliningrado siempre ha sido tratada de manera un tanto maternal por Moscú".

"Pero también se ha invertido mucho en infraestructuras, y no sólo para el Mundial de 2018", añade el portavoz. "Durante la pandemia del COVID-19 el turismo repuntó. Los rusos de otras partes del país veraneaban cada vez más en las playas bálticas de Kaliningrado. Se ha invertido en infraestructuras turísticas. Pero la rusificación no ha sido tan galopante en otros puntos, como en los pueblos alrededor de los balnearios del Mar Báltico", nos recuerdan. "Aquí todavía hay muchas iglesias viejas y ruinosas".

"Kaliningrado, con su patrimonio cultural prusiano oriental, es algo especial para los turistas rusos", explican desde el consulado alemán. "Y están aprovechando conscientemente este patrimonio. No sólo conservando los edificios antiguos, sino también orientando la normativa de construcción hacia el estilo antiguo, de modo que incluso los edificios nuevos recojan el encanto prusiano oriental. Pero eso cuesta mucho, por lo que las empresas están buscando inversores. 

Desde el consulado también nos confirman cómo existen de hecho iniciativas progresistas y activistas que trabajan para preservar el patrimonio cultural, si bien también existe otra facción: la de aquellos más orientados hacia Moscú, los cuales azuzan el temor a una inminente germanización de este genuino lugar.