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Elecciones francesas: ¿Intentará Macron hacer una coalición al estilo Von der Leyen?

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se reúne con la comisaria europea Ursula von der Leyen, 2022
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se reúne con la comisaria europea Ursula von der Leyen, 2022 Derechos de autor AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Jack Schickler
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Este artículo se publicó originalmente en inglés

Puede que los temores de una toma del poder de la extrema derecha no se hayan hecho realidad, pero la política francesa podría verse sumergida en un caos sin precedentes.

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Sin mayoría y sin coalición evidente, la Asamblea Nacional francesa se encuentra en aguas desconocidas. Pero el centrista Emmanuel Macron aún puede salvar un programa viable para los tres años que le quedan de presidencia, copiando la coalición formada en la UE.

Aquí les dejamos con cuatro conclusiones de una noche que transformó la política francesa.

1. La coalición contra la extrema derecha ha funcionado

A pesar de que la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen quedó primera en la primera vuelta, las alianzas tácticas entre candidatos y votantes llevaron al partido de extrema derecha al tercer puesto en la segunda vuelta.

Más de 200 candidatos se retiraron a lo largo de la semana, lo que permitió a los votantes contrarios a la extrema derecha unirse en torno a candidatos comunes en la segunda vuelta.

Las cifras principales sugieren que la alianza del Nuevo Frente Popular (NFP), una agrupación de socialistas, verdes, comunistas y el partido de extrema izquierda La Francia Insumisa (LFI), ha quedado en primer lugar, con unos 185 escaños.

El propio Macron ha sido vapuleado, pero no está muerto. Con algo menos de un centenar de los 577 legisladores de la Cámara, su partido Renacimiento es el segundo partido individual más grande después de RN, y puede reunir fácilmente a otros 50 y pico aliados centristas.

2. Pero lo que sigue no está tan claro

En principio, una coalición de centro e izquierda, con unos 340 votos, podría obtener la mayoría necesaria en la legislatura.

Pero la perspectiva de que los macronistas se alíen con LFI, que muchos de ellos han calificado como igual de extremista que la Agrupación Nacional, no parece probable.

Puede que LFI sea el mayor de los partidos de izquierda, pero incluso algunos socialistas consideran tóxico a su líder, Jean-Luc Mélenchon.

La alianza táctica de la izquierda, formada a toda prisa después de que Macron convocara elecciones anticipadas en junio, podría no durar ni una semana.

Esto deja a Francia en territorio desconocido. Tener un presidente y un primer ministro de partidos diferentes es raro, pero no único. El estancamiento actual no tiene precedentes.

El primer ministro macronista Gabriel Attal, cuyo mandato empezó en enero, ha dicho que dimitirá el lunes. Puede que continúe como interino, pero no está claro quién le sustituirá.

3. ¿Una coalición al estilo Von der Leyen?

Una opción es una coalición que reúna a los centristas de Macron, los socialistas, los ecologistas y los legisladores del partido republicano que no apoyaron a Le Pen.

Esto reflejaría la alianza que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reunió en el Parlamento Europeo: centro-izquierda, centro-derecha, liberales y quizás verdes.

Aunque no es formal, la coalición proeuropea de Von der Leyen apoyó ampliamente su candidatura en 2019, y volverá a hacerlo este año, mientras acuerda leyes individuales caso por caso.

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En Francia, las matemáticas electorales para ese tipo de acuerdo cuadran; las cuatro agrupaciones pueden presumir de algo más de 310 votos en la Asamblea, por encima del umbral de 289, pero aún quedan opciones complicadas por delante.

Nombrar a otro primer ministro macronista después de que el electorado le haya dado tal paliza parece ser una mala idea. Del mismo modo, es poco probable que los republicanos acepten una candidatura de los socialistas.

Lo más probable sería un candidato de compromiso de un partido más pequeño, o un Gobierno de tecnócratas. Ese acuerdo tendría que durar al menos un año, lo más pronto que podrían ser las próximas elecciones, o quizás hasta que Macron dimita en 2027.

En cualquier caso, el futuro se presenta incierto e inestable. Francia, que ya tiene un déficit presupuestario de más del 5% del PIB, tiene pocas perspectivas de un liderazgo fuerte.

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4. Le Pen puede disfrutar del caos

Existe el argumento de que RN, tradicionalmente un partido de protesta, no habría disfrutado con la responsabilidad de gobernar, y menos si implica una coalición compleja y compromisos desordenados.

Desde luego, se han quejado de lo que consideran trucos sucios que les apartaron del poder. Jordan Bardella, el elegido de la extrema derecha para ser primer ministro, calificó el pacto electoral de "deshonroso"; Eric Ciotti, el líder de Los Republicanos que apoya a RN, lo calificó de "vergonzoso".

No hay duda de que a RN le ha ido bien: 9,3 millones de franceses votaron al partido en la primera vuelta, y su recuento de escaños, en torno a 125, supone un fuerte aumento respecto a los 89 que obtuvo en 2022, o los dos que tuvo en 2012.

Ahora les toca ver cómo Macron arregla el desaguisado, y esperar que unos años de caos lleven al electorado de vuelta a un partido de derecha radical que ha prometido mano dura. Eso puede convenir a la preciada aspiración de Le Pen de ganar la presidencia en 2027.

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