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La década de Rebelo de Sousa, el presidente saliente luso, al frente de Belém

Marcelo Rebelo de Sousa deja el palacio de Belém tras una década
Marcelo Rebelo de Sousa deja el palacio de Belém tras una década Derechos de autor  Sergei Grits / AP
Derechos de autor Sergei Grits / AP
Por Joana Mourão Carvalho
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Diez años después de llegar a la presidencia, la cercanía del histórico político conservador ha destacado por su cercanía, pese a los claros signos de desgaste que ha sufrido en su último mandato.

A punto de concluir su segundo mandato, Marcelo Rebelo de Sousa deja un legado único en la historia de la presidencia portuguesa. Ha sido popular como pocos, hiperactivo como ninguno y públicamente intervencionista en un cargo que exige moderación.

Tras diez años en el Palacio de Belém, Marcelo solo ha trabajado con dos primeros ministros -António Costa y Luís Montenegro-, pero ha sido testigo de cuatro elecciones legislativas; tres de ellas durante su segundo mandato.

La disolución de la Asamblea de la República se ha convertido en una seña de identidad de su presidencialismo, utilizada como respuesta a bloqueos políticos e investigaciones judiciales. Para los partidarios, fue una garantía del funcionamiento regular de las instituciones; para los críticos, un factor de mayor inestabilidad.

Evaluar el legado de Rebelo de Sousa como presidente de la República pasa inevitablemente por hacer una clara distinción entre sus dos mandatos. El primero estuvo marcado por la acumulación de capital político y popularidad. "Al final de su primer mandato, Marcelo había acumulado simpatía, empatía y aprobación popular", subraya João Pacheco, politólogo.

La pandemia del Covid-19 fue, en este contexto, el punto culminante de una presidencia cercana a los ciudadanos y emocionalmente presente. "La pandemia es el último gran momento del primer mandato", afirma. Este balance positivo justifica políticamente su reelección en 2021.

Rebelo de Sousa fue reelegido en primera vuelta, con cerca del 60% de los votos, lo que reforzó su legitimidad electoral. Se esperaba la continuidad de un presidente bajo un contexto todavía caracterizado por la estabilidad política heredada de la llamada 'geringonça': el pacto de izquierdas que llevó a António Costa a pactar con el Bloque de Izquierdas para alcanzar el jefatura del primer ministro.

El jefe de Estado es conocido por no tener miedo a acercarse a la multitud y saltarse los protocolos para hacerse 'selfies'
El jefe de Estado es conocido por no tener miedo a acercarse a la multitud y saltarse los protocolos para hacerse 'selfies' Patricio Teran / AP

"Había una expectativa positiva que venía claramente de su primer mandato", explica el politólogo, recordando que la campaña inicial de Marcelo ya había sido perturbadora. "Era un candidato poco convencional, sin carteles, porque ya tenía notoriedad más que suficiente, apostando por la proximidad, por el afecto, por lo tanto, muy diferente de lo que había sido, por ejemplo, su predecesor Cavaco Silva".

Esta relación sin parangón con el electorado se construyó a base de años y años en televisión, lo que se tradujo en un estilo de aparente informalidad y proximidad a la sociedad civil, que generó el fenómeno de los 'marselfies', los 'selfies' con Marcelo.

"¿Nunca segundas partes fueron buenas?"

Si el primer mandato del lisboeta estuvo marcado por esta actitud, el segundo se asoció a su desgaste. Esto fue el resultado de varios factores: sucesivas disoluciones de la Asamblea de la República, crisis políticas, polémicas mediáticas y casos que interferían directamente en la esfera personal del Presidente, como el famoso "caso de las gemelas".

En el centro del escándalo se encontraba un medicamento valorado en millones de euros, el Zolgensma, al que tenían acceso dos niños luso-brasileños. El hijo del presidente, Nuno Rebelo de Sousa, supuestamente intercedió ante la Casa Civil del Presidente para pedir que se acelerara el tratamiento de los gemelos.

"En este caso quedaron muchas cosas sin explicar y hubo muchas informaciones contradictorias provinientes del despacho del ex secretario de Estado, la propia presidencia de la República y hasta el propio hijo, que siempre se negó a hacer declaraciones", explica Pacheco, "pero creo que Marcelo zigzageó en su estrategia comunicativa".

La relación con los primeros ministros también ayuda a entender la diferencia de mandato. Con António Costa hubo una convivencia considerada ejemplar. "Era una relación simbiótica. Marcelo ganó con ella y Costa también. Consiguieron sacar lo mejor de esta relación institucional", afirma el politólogo. El intercambio periódico de información y la confianza mutua les permitió superar con estabilidad momentos críticos, como los incendios de 2017 o la propia pandemia.

Un entendimiento político y personal que el propio presidente conservador describió después con nostalgia con respecto al actual presidente del Consejo europeo, de la familia socialista: "Éramos felices y no lo sabíamos". Costa dimitió de su cargo por un presunto caso de corrupción que no ha podido demostrarse pero que dañó su figura y las posibilidades electorales del PS en los comicios que dieron la victoria al actual primer ministro, Luís Montenegro.

Marcelo con António Costa y la exministra de Sanidad, Marta Temido, en una visita a un hospital de Lisboa durante la pandemia
Marcelo con António Costa y la exministra de Sanidad, Marta Temido, en una visita a un hospital de Lisboa durante la pandemia Armando Franca / AP

Con Montenegro la relación resultó más distante. "Las relaciones personales siempre influyen en las relaciones institucionales", explica João Pacheco, añadiendo que con Montenegro la relación es principalmente institucional, al contrario que con Costa. Esta diferencia quedó patente cuando el propio presidente admitió públicamente que desconocía las decisiones del Gobierno, algo impensable en el periodo anterior.

También en términos de comunicación, la segunda legislatura acentuó un viejo rasgo: la necesidad de comentarlo casi todo, lo que acabó dejando al descubierto a un presidente más crítico, más intervencionista y menos comedido. "Un presidente que habla demasiado a menudo siempre corre el riesgo de equivocarse", cree Pacheco.

Las declaraciones sobre los abusos sexuales en la Iglesia Católica o sobre el pasado colonial de Portugal se consideraron precipitadas y divisivas. "Marcelo a menudo quería ser el primero en hablar, y eso llevaba a intervenciones poco meditadas y con menos información", añade.

El 24 de abril de 2024, en vísperas del 50º aniversario de la Revolución de los Claveles, el presidente se reunió con la prensa extranjera acreditada en Lisboa en una cena informal, un momento que ayuda a definir el 'modus operandi' de Marcelo Rebelo de Sousa.

En esa cena, calificó de "maquiavélico" el momento de la actuación del Fiscal General durante la Operación Influencer, que llevó a la dimisión de António Costa el 7 de noviembre de 2023, e hizo comparaciones insólitas entre primeros ministros que generaron una fuerte polémica.

"No os podéis imaginar lo difícil que es para mí adaptarme a un nuevo presidente del Gobierno". Para entonces, Montenegro ya era líder del Gobierno, pero para Marcelo era "una persona que viene de un país profundo, urbano-rural y con comportamientos rurales" y, por tanto, "difícil de entender".

También fue una década de presencia constante en el extranjero. Es el presidente portugués con más viajes oficiales, habiendo visitado cerca de 60 países en unos 170 desplazamientos. Es más del triple que cualquiera de sus predecesores y supera con creces el número total de viajes realizados por todos los presidentes anteriores.

España y Francia fueron los países más visitados, pero también hubo muchos viajes a Brasil, Angola, Cabo Verde, Italia y EE.UU., entre otros, ya fuera para visitas de Estado, eventos multilaterales o para ver jugar a la selección nacional en el extranjero.

Primera visita oficial de Marcelo Rebelo de Sousa al Vaticano, el 17 de marzo de 2016, pocos días después de asumir la presidencia de la República
Primera visita oficial de Marcelo Rebelo de Sousa al Vaticano, el 17 de marzo de 2016, pocos días después de asumir la presidencia de la República Alessandro Bianchi / AP

Marcelo, "el disolvente"

Marcelo llegó a su segundo mandato también como el guardián de la estabilidad, pero dejará Belém como el presidente que más interrumpió los ciclos políticos, con disoluciones en los parlamentos nacionales y regionales.

En 2021, Costa encabezó un Gobierno en minoría del Partido Socialista, con el apoyo de la izquierda parlamentaria. En octubre, el BE y el PCP mordieron la cuerda en la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y votaron en contra.

Esto abrió la puerta a un periodo de inestabilidad política. A principios de noviembre, el presidente anunció que disolvería la Asamblea de la República, elegida el 6 de octubre de 2019. Terminaba así el ciclo de seis años en el que la 'geringonça' había permitido los presupuestos de dos ejecutivos del PS: un marco político sin precedentes que ya se había formado cuando Marcelo fue elegido presidente de la República el 24 de enero de 2016.

El Parlamento se disuelve de nuevo, aunque por motivos diferentes, en 2024, después de que António Costa presentara su dimisión el 7 de noviembre, debido a una investigación judicial sobre la instalación de un centro de datos en Sines y el negocio del litio y el hidrógeno, que llevó al Ministerio Público a iniciar una investigación independiente en el Tribunal Supremo de Justicia.

Se convocan nuevas elecciones parlamentarias anticipadas para el 10 de marzo de 2024, que dan lugar al primer Gobierno en minoría del PSD/CDS-PP de Luís Montenegro. En 2025, cayendo el Ejecutivo de AD con el rechazo de una moción de confianza presentada en el Parlamento.

Esta estuvo motivada por la publicación de una noticia sobre la empresa familiar de Luís Montenegro, Spinumviva, que suscitó dudas sobre el cumplimiento de las obligaciones impositivas del primer ministro y sobre si cumplía el régimen de incompatibilidades e impedimentos para los titulares de cargos públicos y políticos.

La cohabitación entre Belém y São Bento ha tenido sus altibajos, marcados por la distancia y el aislamiento entre los dos palacios en los momentos de decisión
La cohabitación entre Belém y São Bento ha tenido sus altibajos, marcados por la distancia y el aislamiento entre los dos palacios en los momentos de decisión Armando Franca / AP

En cuanto a las disoluciones parlamentarias, el politólogo descarta la idea de que la responsabilidad recaiga exclusivamente en la presidencia. "Las crisis políticas no se originan en el presidente, cuando llegan a Belém ya están abiertas en el Parlamento**",** explica. En su opinión, dar la palabra a los electores es una forma de reforzar la legitimidad democrática, incluso a costa de la percepción de inestabilidad.

El mayor riesgo para el legado de Marcelo, advierte João Pacheco, es el de la memoria selectiva. "Dentro de muchos años, me temo que seguiremos hablando sobre todo del caso de las gemelas", dice, lamentando que pueda pasarse por alto el papel decisivo del Presidente en la pandemia. "La acción conjunta del Gobierno y la presidencia ha salvado vidas, y eso es innegable".

Cuando deje Belém, Marcelo Rebelo de Sousa seguirá, previsiblemente, interviniendo en la escena pública. "Mantendrá el mismo registro: presente, opinador, sin rehuir los comentarios", afirma el politólogo. Un rasgo que ayudará a consolidar la imagen de un presidente que unió al país en muchos momentos, pero que también pagó el precio de la exposición constante. Un legado complejo que sólo el paso del tiempo nos permitirá juzgar definitivamente.

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