Incluso las potencias agrícolas más sólidas muestran grietas ante el reto de alimentar a 10.000 millones de personas en 2050. Mientras Portugal, Francia y Reino Unido encabezan el índice de resiliencia, Rumanía y Hungría se quedan atrás por su baja capacidad de respuesta climática.
El cambio climático, las restricciones comerciales y los conflictos mundiales de los últimos años han demostrado lo difícil que puede resultar que la producción y distribución de alimentos continúen como hasta ahora.
Sin embargo, algunos países están demostrando su tenacidad: Portugal encabeza la lista de los sistemas alimentarios más resistentes del mundo, seguido de Francia y el Reino Unido, según un nuevo índice de 60 países elaborado por Economist Impact.
El estudio analizó los países en cuatro pilares: la asequibilidad de los alimentos, su disponibilidad, su calidad y seguridad, y la capacidad de respuesta ante los riesgos climáticos. Sin embargo, el informe destaca que incluso los sistemas más resistentes del índice no superan la puntuación de 80 sobre 100.
La capacidad de respuesta ante los riesgos climáticos es el pilar más débil del índice, con una puntuación media de 56,43, a pesar de que la mayoría de los países desarrollan o despliegan soluciones agrícolas sostenibles. En este apartado, el Reino Unido ocupa el primer puesto, con una puntuación de 71,27 sobre 100, mientras que Portugal se sitúa en tercer lugar, con una puntuación de 69,41. Por el contrario, Rumanía y Hungría son los países de la UE de la lista con menor capacidad de recuperación.
¿Qué países son los mayores productores de alimentos?
Sólo 15 países producen el 70% de los alimentos del mundo, siendo Francia y Alemania los únicos países de la UE en la lista. Por otra parte, Francia, Países Bajos, Alemania, Bélgica, España y Polonia figuran entre los principales exportadores de alimentos del mundo.
La investigación muestra que un pequeño número de países y corredores comerciales sustentan gran parte de la seguridad alimentaria mundial. Los sistemas alimentarios resistentes son importantes porque también garantizan el acceso a una dieta asequible y saludable.
En Europa, el coste de una dieta sana es del 2,42% del PIB medio per cápita. Es uno de los más bajos del mundo. El desperdicio de alimentos también es un problema para los sistemas alimentarios, ya que el 13,2% de los productos se pierde antes de llegar al comercio minorista, y el 19% se desperdicia en los hogares.