Un número récord de 11 candidatos se presentan a las elecciones presidenciales del domingo en Portugal, con un líder populista dispuesto a aportar otro avance político a los partidos de extrema derecha en auge en Europa.
El gran número de candidatos hace improbable que alguno de ellos obtenga más del 50% de los votos para ganar en la primera vuelta. Los dos candidatos más votados este domingo competirán en una segunda vuelta prevista para el 8 de febrero.
Más de 11 millones de votantes están inscritos y habilitados para votar hoy, y se espera que la mayoría de los resultados estén disponibles al final del día. El ganador sustituirá al presidente Marcelo Rebelo de Sousa, que ha cumplido el límite de dos mandatos de cinco años.
Récord de candidatos: ¿Quiénes son los favoritos?
Entre los favoritos, según los sondeos, figura André Ventura, líder del partido populista Chega. El aumento del apoyo público a Chega le convirtió el año pasado en el segundo partido del Parlamento portugués, sólo seis años después de su fundación.
Uno de los principales objetivos de Ventura ha sido lo que él llama "inmigración excesiva", ya que los trabajadores extranjeros se han hecho más visibles en Portugal en los últimos años. "Portugal es nuestro", afirma el populista próximo a la extrema derecha europea.
Durante la campaña electoral, Ventura colocó vallas publicitarias por todo el país con las frases "Esto no es Bangladesh" y "Los inmigrantes no deberían poder vivir de las ayudas sociales". Unos meses más tarde, un Tribunal administrativo obligó al candidato a retirar estas vallas publicitarias por considerarlas discriminatorias.
Un sentimiento antiinmigración tan descarado, expresado en público, era impensable en Portugal hace sólo unos años. Sin embargo, el país necesita inmigrantes para hacer frente a los numerosos retos a los que se enfrenta Portugal, entre ellos la mano de obra.
Otros candidatos importantes proceden de los dos principales partidos del país, que se han alternado en el poder durante medio siglo: Luís Marques Mendes, del Partido Socialdemócrata de centro-derecha, actualmente en el Gobierno, y António José Seguro, de centro-izquierda, que sólo vio cómo su partido apoyaba plenamente su candidatura más adelante en la carrera.
Se espera un fuerte desafío por parte del contralmirante retirado Henrique Gouveia e Melo, que se presenta como independiente y ha recibido elogios de la opinión pública por supervisar el rápido despliegue de las vacunas COVID-19 durante la pandemia. Gouveia e Melo cuenta con el respaldo de varias personalidades públicas portuguesas y de todas las tendencias políticas.
También figura entre los favoritos la candidatura de Cotrim de Figueiredo, respaldada por Iniciativa Liberal. Los sondeos sitúan a Figueiredo en buena posición para pasar a la segunda vuelta, lo que amplía el abanico de opciones para los electores.
Entre los 11 candidatos sólo hay una mujer. Catarina Martins, del Bloque de Izquierda, está en la carrera, pero con pocas posibilidades, según los sondeos. Portugal nunca ha tenido una mujer como jefa de Estado.
Retos para el próximo presidente
En mayo de 2025, Portugal celebró sus terceras elecciones generales en tres años, durante el peor periodo de inestabilidad política en décadas. Estabilizar el país es uno de los principales retos del próximo presidente de la República.
Ventura, el líder populista, intentó hacer de la inmigración un tema de campaña, pero los votantes parecen más preocupados por la crisis inmobiliaria, el futuro de los jóvenes y el alto coste de la vida.
Lo que está en juego
En Portugal, el presidente es en gran medida una figura simbólica, sin poder ejecutivo. La mayor parte del tiempo, el jefe del Estado intenta mantenerse al margen de la contienda política, mediando en los conflictos y aliviando las tensiones.
Sin embargo, el presidente es una voz influyente y dispone de algunas herramientas poderosas, pudiendo vetar la legislación del Parlamento, aunque el veto puede ser anulado. El jefe de Estado dispone también de lo que, en la jerga política portuguesa, se denomina una "bomba atómica": el poder de disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas.