El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirma que Washington podría impulsar una "toma de control amistosa" de Cuba en un contexto de presión económica y tensiones diplomáticas, aunque sin detallar en qué consistiría esa fórmula ni su encaje legal.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planteó este viernes la posibilidad de que su país impulsara una "toma de control amistosa" de Cuba, en medio de un contexto de fuerte tensión bilateral y presiones económicas sobre la isla. Al ser preguntado por la prensa fuera de la Casa Blanca antes de partir hacia Texas, Trump describió a Cuba como una nación con "serios problemas".
Según Trump, un acuerdo de este tipo podría resultar "muy positivo" para los cubanos exiliados en Estados Unidos que desean regresar a la isla, y señaló que lleva escuchando sobre la necesidad de un cambio en Cuba "desde que era niño". Aunque dejó la idea abierta, no ofreció detalles concretos sobre qué forma tomaría esa supuesta acción ni cómo se articularía legal o diplomáticamente. El presidente ha añadido que el secretario de Estado, Marco Rubio, "lo está gestionando".
Estas declaraciones se producen en un contexto de crecientes fricciones entre Washington y La Habana, tras medidas de bloqueo energético por parte de Estados Unidos y un reciente incidente marítimo que terminó con varias víctimas en aguas territoriales cubanas.
¿Qué significa una "toma amistosa de control"?
Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla de una posible "toma de control amistosa" de Cuba, está usando un término que no existe formalmente en derecho internacional. No hay una figura jurídica reconocida como tal en tratados o normas que regulan las relaciones entre Estados soberanos; la noción sugiere más bien algún tipo de cambio de Gobierno o de influencia política y económica con el visto bueno de las autoridades locales.
Para entender mejor cómo podrían interpretarse afirmaciones de este tipo, se puede mirar al precedente reciente en Venezuela. En enero de 2026, Estados Unidos intensificó su presión sobre el Gobierno de Nicolás Maduro logrando la captura de Maduro y ejerciendo controles sobre el sector petrolero venezolano, una de las principales fuentes de ingresos del país, mediante sanciones y embargos que han afectado directamente la capacidad de Caracas para sostener su economía y sus relaciones exteriores.
Ese ejemplo ilustra cómo Washington ha utilizado herramientas como presión económica, bloqueo de exportaciones de crudo y acciones legales sobre activos energéticos para debilitar a Gobiernos que considera adversarios y forzar cambios en las dinámicas de poder regional. En el contexto de una "toma amistosa", la idea implícita sería que un Estado tercero, debilitado por problemas internos y presiones externas, aceptase acuerdos o transformaciones políticas de forma supuestamente voluntaria con el respaldo o incentivo de un socio más poderoso.