Mientras EE.UU. intensifica la presión sobre La Habana, en Cuba crece la esperanza de que se produzca un cambio político. Sin embargo, el optimismo convive con el temor al impacto de la escasez de combustible, alimentos y medicinas sobre una población exhausta, que asegura ya no temer al régimen.
La crisis del combustible se ha convertido en el eje que articula buena parte del colapso cotidiano en Cuba. Los apagones prolongados, la paralización del transporte y el deterioro de los servicios básicos marcan una rutina asfixiante para millones de personas. La presión ejercida por Washington sobre La Habana, especialmente en el suministro de petróleo y derivados, ha agravado una situación que ya era crítica y ha dejado al país con un margen de maniobra cada vez más reducido.
Desde dentro de la isla, la percepción general es que el país no puede sostenerse mucho más tiempo sin una solución estructural. Para el economista y emprendedor Ángel Marcelo Rodríguez Pita, la escasez energética ha alcanzado un punto de no retorno. "La mayoría de la gente coincide en que entre marzo y julio debe ocurrir algún cambio. La gente piensa que el Gobierno tiene que dar una salida, porque si no hay una salida, evidentemente no se puede conducir un país sin combustible".
"El Gobierno está apostando a la resistencia, pero una resistencia que lo que conduce es a la muerte. No a la muerte de ellos, sino a la muerte del pueblo", resume en conversación telefónica con 'Euronews' Rodríguez Pita, quien describe "la fatiga social" de una sociedad exhausta, obligada a sobrevivir en un estado de emergencia permanente. La falta de energía, por lo tanto, no solo paraliza la economía, sino que erosiona la legitimidad del poder.
Controles en las carreteras para vigilar la gasolina
La escasez de combustible tiene un efecto dominó sobre el acceso a alimentos y medicamentos. La cadena de suministros se ha visto gravemente afectada y los precios, cuando hay productos disponibles, resultan inasumibles para una gran parte de la población. El desabastecimiento golpea con especial dureza a los sectores más vulnerables y a quienes dependen de tratamientos médicos.
Otras fuentes consultadas por 'Euronews' en Cuba denuncian que estos días se han establecido controles en las carreteras para averiguar de dónde sacan la gasolina los pocos ciudadanos que aún pueden moverse en coche o en motocicleta, y explican que la falta de combustible hace imposible la distribución de alimentos y demás insumos en la isla.
"No tienen gasolina para darle algo al pueblo, pero sí tienen gasolina para los carros patrulleros, para perseguir a la gente", comenta con sorna Rosa Rodríguez, representante del Movimiento Cristiano de Liberación y residente en La Habana, quien describe una situación límite. "Estamos tratando de sobrevivir. Hay muchos cubanos de a pie que no tienen ni un bocado de comida para ponerlo en la mesa".
La activista denuncia que el colapso sanitario obliga a las familias a asumir cuidados que antes correspondían al sistema público, mientras los medicamentos básicos desaparecen de farmacias y hospitales.
"Hay una ambigüedad en el criterio social. Cuando tú conversas con la gente, te dicen que ahora sí, que esto va a cambiar, pero después se preguntan: '¿Cómo hacemos si no entra medicina?, ¿cómo hace la gente si no llegan alimentos?'", explica el emprendedor Rodríguez Pita, cuya madre, con problemas de salud, ha tenido que someterse a la amputación de una de sus piernas, así como de varios dedos, en su propia casa, debido al colapso del sistema sanitario cubano. "Esa dualidad está presente todo el tiempo".
Presión de EE.UU. y posible intervención militar
La intensificación de la presión estadounidense ha reavivado el debate sobre un eventual desenlace abrupto del Gobierno de Miguel Díaz-Canel ante la presión de su homólogo estadounidense, Donald Trump.
Aunque nadie habla abiertamente de una invasión, sí se contemplan escenarios de una intervención limitada -"quirúrgica", según la describe Rodríguez Pita- o de un colapso acelerado del poder. Desde dentro de la isla, estas hipótesis generan más inquietud que alivio.
"La situación es crítica. Los cubanos lo que tienen es miedo de que, si hay una guerra, las bombas no tienen nombre. Esa gente tiene aviones y barcos para irse, pero el cubano de a pie, ¿dónde se va a resguardar de una guerra?", se pregunta Rodríguez, quien, según cuentan desde el Movimiento Cristiano de Liberación, sufrió el encarcelamiento de su hijo durante siete años por negarse a "traicionar" a la organización.
La desesperación, añade Rodríguez, ha llevado a algunos a expresar ideas extremas, no desde la violencia, sino desde el agotamiento. "Hay personas tan desesperadas que creen que de todas maneras La Habana está destruida, llena de humo, y dicen 'que pongan una bomba', porque no aguantan más".
Para Rodríguez Pita, la capacidad real de respuesta del Estado es mínima. "Nadie habla de que Estados Unidos vaya a invadir. La capacidad de respuesta aquí es muy limitada, el país está muy dividido y no hay capacidad real para enfrentar un conflicto de ese tipo".
Represión del Gobierno de Díaz-Canel
Pese al desgaste del aparato represivo, las detenciones arbitrarias y la vigilancia continúan siendo una herramienta del poder. Rodríguez relata en primera persona la intimidación sufrida hace apenas unos días debido a su activismo. "A mí me secuestraron bajando la escalera de mi casa. Me tuvieron hasta las 20:00 en una estación de Policía y después me botaron en la calle, sola, de noche, con un barrio oscuro".
La represión, sin embargo, convive con una sensación creciente de que el miedo ya no funciona como antes. "El Gobierno cubano no está en condiciones ni siquiera de reprimir. Una de las variables para reproducirse en el poder es generar miedo, y el Gobierno intenta generar miedo, pero no lo logra porque no tiene nada con qué atemorizar", sostiene Rodríguez Pita.
"No tiene fuerzas ni siquiera para lanzar su última mordida", concluye el economista, que vive entre La Habana y Madrid y que, debido a la actual situación de incertidumbre, está valorando trasladarse definitivamente a España junto con su mujer, su madre y sus tres perros, que aún siguen en Cuba.
Esa pérdida del miedo se traduce también en un discurso más frontal desde la sociedad civil. "Tenemos que salir por las calles, pero el pueblo entero, no un grupito. Yo puedo ser la primera perjudicada, y mi familia también. Pero si no pueden gobernar, que renuncien y hagan elecciones", reclama Rodríguez, con tono desafiante.
Esa asimetría entre quienes gobiernan y quienes padecen el colapso del sistema genera una percepción cada vez más extendida: el régimen conserva el control por el momento, pero carece de futuro.
En este sentido, Rodríguez Pita recuerda lo que, según cuenta, le dijo hace años el entonces eurodiputado español Javier Nart -"Ustedes tienen un gran futuro, pero no tienen presente"-, si bien le da la vuelta al hablar de la situación del Gobierno estos días: "Ellos tienen un gran presente, pero no tienen futuro. Creo que el pueblo está apostando su futuro, aunque vea que no tiene un presente".
"Aunque mañana colapse el país, aunque mañana se caiga, no va a cambiar de un día para otro la realidad social de la gente", advierte el emprendedor, quien estos días ha decidido poner en venta su flota de media docena de motos, con el objetivo de hacer acopio de fondos con los que iniciar una nueva vida junto a su familia en Madrid.
Por su parte, Rodríguez resume ese sentimiento colectivo con una mezcla de fe y determinación: "Yo no tengo miedo. No se puede vivir con miedo. Nosotros siempre decimos que estamos en manos de Dios y sólo Dios sabe nuestro destino".