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Aliados del 'oro negro' venezolano: la red que el chavismo tejió con Cuba, China, Rusia e Irán

Un mural que representa a la maquinaria que extrae el petróleo en una calle de Venezuela
Un mural que representa a la maquinaria que extrae el petróleo en una calle de Venezuela Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Cristian Caraballo & Javier Iniguez De Onzono
Publicado Ultima actualización
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Bajo el chavismo, el petróleo venezolano circuló fuera de los cauces del mercado. En vez de venderse libremente, se integró en una amplia red de acuerdos políticos y financieros con Cuba, China, Rusia e Irán, definiendo los ejes económicos y diplomáticos de Venezuela desde 1999 hasta hoy.

Durante gran parte de la era chavista, el petróleo venezolano no se comportó como una mercancía sujeta únicamente a las reglas del mercado internacional. A partir de 1999, los sucesivos gobiernos impulsaron una estrategia que vinculó de forma estrecha la política exterior, el financiamiento del Estado y la gestión de la principal industria del país. El resultado fue una red de alianzas bilaterales que canalizó buena parte del crudo venezolano fuera de los circuitos tradicionales de compraventa.

Este modelo se consolidó en un contexto de altos precios del petróleo y de restricciones financieras y sanciones. Cuba, China, Rusia, Irán se convirtieron en los socios centrales de una arquitectura que combinó suministro energético, créditos, cooperación técnica y respaldo diplomático.

Reservas de petróleo por país, según la OPEP
Reservas de petróleo por país, según la OPEP Euronews

El giro político en la etapa de Chávez

Con Hugo Chávez, el petróleo pasó a ocupar un lugar central en la redefinición de la política exterior venezolana. La diplomacia energética se presentó como un instrumento de integración regional y cooperación Sur-Sur. A través de acuerdos bilaterales y multilaterales, Caracas comenzó a ofrecer petróleo en condiciones preferenciales, con esquemas de financiamiento a largo plazo y mecanismos de compensación no monetaria.

Estos acuerdos se apoyaron en la fortaleza de PDVSA durante los primeros años del chavismo, cuando la producción se mantenía elevada y los ingresos permitían sostener compromisos externos amplios. El crudo funcionó como una herramienta para establecer alianzas políticas estables y reforzar la presencia venezolana en América Latina y el Caribe.

El politólogo estadounidense, Javier Corrales, describe las políticas petroleras venezolanas bajo Chávez como un ejemplo de la 'enfermedad holandesa', un término utilizado en economía para describir una situación en la economía de una nación cuando el desarrollo de un sector de la economía que es particularmente próspero conduce al subdesarrollo de otros sectores importantes de la economía.

Tal y como apunta Corrales en su libro 'Un dragón en el trópico', Chávez no fue el primer presidente en la historia de Venezuela fascinado por la promesa del petróleo, pero fue el que permitió que el sector decayera más, y la mayoría de las estadísticas muestran un deterioro de la industria desde el comienzo de su presidencia.

La continuidad de Nicolás Maduro

Tras la muerte de Hugo Chávez, el Gobierno de Nicolás Maduro mantuvo la estructura básica de estas alianzas. La caída de la producción petrolera y el deterioro de la infraestructura condicionaron el volumen de los acuerdos, pero no alteraron su lógica fundamental. El petróleo continuó siendo un elemento clave para sostener relaciones políticas y financieras con socios estratégicos.

En este periodo, los envíos de crudo se destinaron en gran medida a cumplir compromisos previos, pagar deudas o asegurar suministros esenciales. La red de alianzas evolucionó en función de las nuevas restricciones, pero siguió articulando buena parte de la política exterior y económica del país.

Un sistema de intercambios fuera del mercado convencional

A lo largo de más de dos décadas, el petróleo venezolano circuló mayoritariamente a través de acuerdos bilaterales, préstamos garantizados, trueques y convenios de cooperación. Este sistema redujo la exposición directa al mercado y a los mecanismos tradicionales de fijación de precios.

El resultado fue una inserción internacional basada en relaciones estables con un número limitado de socios, en las que el crudo actuó como garantía financiera, instrumento diplomático y base de cooperación. Esta red, construida desde el inicio del chavismo y adaptada con el tiempo, continúa siendo un elemento central para comprender la economía y la política exterior de Venezuela en la actualidad. Veamos cómo han sido las relaciones petroleras con sus principales socios.

Cuba y el Caribe: suministro energético y cooperación

La relación con Cuba fue uno de los ejes iniciales de esta estrategia. A partir de los convenios firmados a comienzos de la década de 2000, Venezuela garantizó el envío regular de petróleo y derivados a la isla a cambio de servicios profesionales y cooperación en distintos ámbitos. Este esquema se mantuvo durante años y se amplió mediante PetroCaribe, que incorporó a numerosos países caribeños con condiciones de pago diferidas y tasas preferenciales.

En este marco, el suministro energético se integró en acuerdos de cooperación más amplios, que incluían programas sociales, asistencia técnica y coordinación política. Para varios países de la región, estos mecanismos facilitaron el acceso a energía en un contexto de vulnerabilidad estructural.

Rogelio Núñez, investigador sénior no residente del Instituto Elcano y profesor universitario, explica que la dependencia de Cuba del petróleo venezolano es hoy mayor que en años anteriores, aunque el volumen de crudo recibido sea menor. Señala que la razón es "muy sencilla": ese petróleo no solo se utiliza para el suministro energético interno, sino que durante años una parte relevante se revendía en los mercados internacionales. Esa reventa permitía a La Habana obtener ingresos financieros en un contexto de "insuficiencia financiera crónica", ingresos que desaparecieron cuando Estados Unidos intensificó las interceptaciones y sanciones.

Manuel Hidalgo, economista de la Universidad Pablo de Olavide, explica que Cuba importaba aproximadamente el 30% de sus necesidades energéticas y petroleras, una dependencia que calificó como "un golpe muy duro" para una economía que, en su opinión, ya no es solo precaria, sino directamente "paupérrima". La interrupción del suministro venezolano, señaló, agrava de forma significativa una situación ya crítica.

Díaz-Canel, durante la cumbre de los BRICS
Díaz-Canel, durante la cumbre de los BRICS AP Photo

A su juicio, la ruptura de esa relación energética "se corta por lo sano" y afecta de lleno a la economía cubana, dificultando el acceso a una materia prima esencial. Esa presión externa, añadió, podría forzar algún tipo de ajuste en el régimen, aunque matizó que ese ajuste podría adoptar "distintos tipos" y no necesariamente inmediatos.

Hidalgo apunta además que ya se han observado declaraciones inusuales en medios oficiales cubanos, con cierto tono de autocrítica, algo que, según subraya, "no se veía desde hace años". Para el economista, ese cambio discursivo es indicativo de la gravedad del momento.

En cuanto a las contrapartidas que Cuba ofrecía a Venezuela, reconoce que no dispone de información detallada, pero recordó que existía un intercambio de productos básicos, como el azúcar y otras exportaciones tradicionales, junto con la prestación de servicios en los que Cuba durante mucho tiempo se jactó de tener una calidad elevada, aunque admite que ese papel se ha ido diluyendo con el tiempo.

China: financiamiento y compromisos a largo plazo

La vinculación con China introdujo una dimensión financiera de gran escala. Desde finales de la década de 2000, bancos estatales chinos otorgaron préstamos respaldados por petróleo, que se convirtieron en una de las principales fuentes de financiamiento externo de Venezuela. Los pagos se estructuraron en envíos de crudo y derivados, lo que implicó compromisos de suministro sostenidos en el tiempo.

Este esquema permitió al Estado venezolano disponer de recursos en momentos de restricción de acceso a los mercados financieros internacionales. Al mismo tiempo, empresas chinas participaron en proyectos de exploración y producción, particularmente en la Faja Petrolífera del Orinoco, consolidando una relación basada en inversión, crédito y suministro energético.

Manuel Hidalgo insiste en que no se trata de una potencia altruista y que Pekín ha sabido aprovechar la situación de precariedad de Venezuela para reforzar su presencia en el país. No obstante, matiza que el petróleo venezolano probablemente no era el principal objetivo chino, ya que se trata de un crudo pesado, de difícil procesamiento, con costes elevados y una capacidad exportadora limitada por la falta de inversión.

El economista recuerda que Venezuela producía por debajo de su potencial, lo que reduce el atractivo económico del crudo desde un punto de vista estrictamente comercial. En ese sentido, sugiere que el interés chino se ha centrado más en otras materias primas y en el posicionamiento estratégico, aunque reconoce que los acuerdos son "bastante opacos" y difíciles de evaluar con precisión.

Hidalgo encuadra la reacción de Estados Unidos en una estrategia más amplia para limitar el acceso de China a recursos y posiciones estratégicas en Sudamérica, subrayando que Washington considera la región como parte de su esfera de influencia. A su entender, las medidas estadounidenses buscan marcar límites claros a la expansión china en lo que describió como su "patio trasero", una lógica que también se extiende a otros países de la región.

Desde el año 2000, China ha pasado a ocupar el primer o segundo puesto como socio comercial de la mayoría de los países de América Latina, por delante de Estados Unidos, Además, la incertidumbre generada por el aumento de los aranceles estadounidenses durante la presidencia de Donald Trump aceleró un proceso que ya estaba en marcha.

En el caso de Venezuela, China se ha consolidado como el principal destino de las exportaciones petroleras, que concentran cerca del 95% de los ingresos externos del país, un recurso clave en un contexto marcado por las sanciones de Washington. Esta creciente presencia china en la región ha sido observada con preocupación por Estados Unidos desde hace años.

Tras la caída de Nicolás Maduro, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó que Washington no permitiría que "el hemisferio occidental se convirtiera en una base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos".

Las empresas chinas figuran entre las pocas compañías extranjeras que continúan operando en Venezuela. La estatal Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) gestiona varias empresas mixtas en el país. De acuerdo con estimaciones del centro de estudios estadounidense American Enterprise Institute, entre 2016 y 2023 la inversión china en el sector petrolero venezolano alcanzó unos 2.100 millones de dólares.

La detención de Maduro y el aumento de la inestabilidad política han incrementado la exposición de China en el país. La deuda venezolana pendiente con Pekín supera los 10.000 millones de dólares, y persisten las dudas sobre su reembolso.

Aunque Venezuela es uno de los principales proveedores de crudo de China, su peso es limitado en términos globales: el petróleo venezolano representó en torno al 4% del total de las importaciones chinas el año pasado. Además, pese a la salida de Maduro, gran parte de la estructura administrativa del país permanece intacta.

Rusia: cooperación energética y presencia estratégica

Rusia reforzó su relación con Venezuela a través de asociaciones en el sector energético y acuerdos de cooperación en otras áreas. Empresas rusas se integraron en proyectos petroleros conjuntos, aportando capital, tecnología y capacidad operativa. Estos acuerdos se desarrollaron tanto en la producción de crudo como en el ámbito gasístico.

La cooperación energética se inscribió en una relación bilateral más amplia, que incluyó respaldo diplomático y coordinación política en foros internacionales. El petróleo actuó como un componente central de una asociación estratégica que se mantuvo activa a lo largo de distintos ciclos de precios y contextos internacionales.

Respecto a Rusia, Manuel Hidalgo sostiene que el petróleo tampoco es el principal aliciente de Moscú en su relación con Venezuela. Recuerda que Rusia es un gran productor energético y que, en el contexto actual, incluso tiene dificultades para vender su propio crudo, por lo que carecería de sentido buscar petróleo venezolano como objetivo central.

En su análisis, el vínculo con Venezuela responde sobre todo a motivaciones geopolíticas, más que económicas. Hidalgo señaló que la presencia rusa en Sudamérica permite a Moscú establecer un eje de presión al sur de Estados Unidos, con Cuba como pieza clave, y contar con un socio político y militar en el continente.

El economista añadió que esta relación también puede facilitar el acceso a determinados productos o materias que Rusia no obtiene fácilmente en otros mercados. No obstante, insistió en que el componente estratégico y político pesa mucho más que cualquier beneficio económico directo.

A su juicio, cuando se conozcan más detalles sobre ciertos episodios recientes, como el contenido de cargamentos intervenidos por las autoridades estadounidenses, se podrá entender mejor la profundidad de las relaciones entre Venezuela y Rusia, unas relaciones que, según advirtió, a partir de ahora podrían quedar prácticamente cortadas.

Irán: intercambio energético en un entorno de restricciones

La relación con Irán se intensificó especialmente a partir de la segunda mitad de la década de 2010, cuando ambos países enfrentaron fuertes limitaciones para operar en los mercados financieros y energéticos globales. En ese contexto, se desarrollaron mecanismos de intercambio directo que permitieron el suministro de combustibles, componentes y asistencia técnica.

Estos acuerdos incluyeron el envío de gasolina y condensados a Venezuela, así como la recepción de crudo venezolano por parte de Irán. El petróleo volvió a desempeñar un papel central como activo de intercambio en esquemas diseñados para operar al margen de los canales tradicionales de comercialización.

Gráfico anual de la OPEP sobre los destinos de exportación del crudo en 2024.
Gráfico anual de la OPEP sobre los destinos de exportación del crudo en 2024. OPEP

En relación con Irán, Manuel Hidalgo no aportó información concreta sobre acuerdos específicos con Venezuela. Subrayó, en términos generales, que se trata de relaciones marcadas por una enorme falta de transparencia, lo que dificulta conocer con exactitud el alcance real de los compromisos, concesiones o intercambios entre estos países.

El economista concluyó que, en este tipo de alianzas, es preferible reconocer la falta de información antes que aventurar datos incorrectos, ya que muchos de estos acuerdos se negocian y gestionan fuera del escrutinio público.

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