Newsletter Newsletters Events Eventos Podcasts Videos Africanews
Loader
Encuéntranos
Publicidad

Elecciones municipales 2026 en Francia: Violencia verbal, sillas vacías y guerra mediática

Un colegio electoral en Lyon durante las elecciones regionales, el 20 de junio de 2021.
Un colegio electoral en Lyon durante las elecciones regionales, el 20 de junio de 2021. Derechos de autor  AP Photo/Laurent Cipriani
Derechos de autor AP Photo/Laurent Cipriani
Por Alexander Kazakevich
Publicado
Compartir Comentarios
Compartir Close Button

Considerado un "rito republicano", el debate aparece hoy cada vez más desmitificado en la vida política francesa. Les ofrecemos un completo análisis.

Es la última gran cita democrática en Francia antes de las elecciones presidenciales de 2027. Los días 15 y 22 de marzo, los franceses elegirán a sus alcaldes y a sus corporaciones municipales para los seis próximos años.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Sacudida por los vientos de la política nacional, desde la saga presupuestaria y la inestabilidad económica hasta los casos judiciales y la violencia en política, la campaña municipal ha estado jalonada de polémicas, con ataques entre candidatos, querellas y torpezas en los discursos.

Según la última ola de la Enquête électorale française (Ipsos BVA-CESI École d'Ingénieurs para el CEVIPOF, la Fondation Jean-Jaurès y 'Le Monde'), los temas que más pesarán en el voto de los electores son la seguridad (44%), el mantenimiento de los servicios públicos de proximidad (28%), el dinamismo económico y el acceso a la sanidad (27% cada uno), mientras que la principal preocupación sobre la situación del país sigue siendo el poder adquisitivo (54%).

Sin embargo, en las pocas ciudades donde los retos son mayores, como París o Lyon, el debate como ejercicio ciudadano se ha visto en ocasiones esquivado.

La insoportable dificultad de debatir

Acudir a debatir en directo sobre su programa equivale a perpetuar un "auténtico rito republicano", considera Pascal Lardellier, profesor en la Université Bourgogne Europe, que admite sin embargo que "en cada cita electoral hay candidatos que rechazan el debate, a menudo televisado".

Según este especialista en comunicación política, las razones son varias.

Históricamente, algunos actores políticos podían boicotear un debate para no dar legitimidad a adversarios considerados extremistas, en particular de extrema derecha. Un caso clásico es la ausencia de debate entre Jacques Chirac y Jean-Marie Le Pen entre las dos vueltas de 2002.

En 2026, cuando la extrema derecha está muy presente tanto en la Asamblea Nacional como en la delegación francesa en el Parlamento Europeo, la principal controversia se centra más bien en los favoritos, de izquierda o de derecha, que desertan los debates para no correr riesgos electorales.

Uno de los argumentos es "evitar la cacofonía", explica el investigador. "Un debate, además cronometrado, a seis u ocho se vuelve imposible de gestionar", sostiene. "Ya no se mira tanto el debate ni a los candidatos, se mira cómo corre el cronómetro".

Según Pascal Lardellier, algunos candidatos, convencidos de que el efecto de cacofonía les perjudicará, optan por sustraerse a ese "juego televisivo", invocando condiciones técnicas "demasiado exigentes" o alegando que la "nobleza" de su programa quedaría devaluada.

Con todo, subraya el experto, la razón oficiosa es a veces "una debilidad retórica": no se es muy bueno hablando en público.

"Y luego hay personas que no quieren bajo ningún concepto verse confrontadas a alguien que podría decirles verdades difíciles de escuchar, sobre financiaciones opacas, sobre condenas. Saben que son argumentos que van a salir y que son argumentos que se van a quedar", añade Pascal Lardellier.

En esta campaña, los parisinos se han quedado sin un debate que reuniera a las seis principales cabezas de lista. Rachida Dati (LR-MoDem) rechazó la invitación. Tras ese no, Emmanuel Grégoire (izquierda unida, sin LFI) decidió también no acudir.

Todo el dispositivo previsto por varios medios se anuló, salvo el de Ici Paris Île-de-France, donde hubo que conformarse con los colistarios de los dos favoritos.

Preguntada en el plató de 'CNEWS' por esta estrategia, la exministra de Cultura insistió: "No he venido para contestar ataques ni excesos", consideró que, siendo la "diana de todos los demás candidatos", no habría podido defender su proyecto. "Cuando haces dos o tres horas de debate, tienes diez minutos útiles", lamentó.

En Lyon, el expresidente del OL y candidato de 'ruptura', Jean-Michel Aulas (LR-Renaissance), participó en un debate organizado por 'BFMTV', pero dejó plantadas al menos otras tres citas mediáticas, lo que provocó reacciones de irritación, y envió también a un representante para debatir en el servicio público.

"Mi visión es delegar", se defendió finalmente Jean-Michel Aulas en el Club de la presse. "Somos un equipo. No soy el único que toma la palabra", añadió.

Para Pascal Lardellier, cortar los puentes con los debates, alegando que el programa por escrito, el puerta a puerta, los encuentros y sobre todo un gran mitin bastan para difundir las ideas, plantea un problema, ya que en esos espacios "la mayoría de las veces se habla a públicos ya convencidos, mientras que el debate permite precisamente exponer los argumentos a los demás".

Una campaña convulsa

Se exprese cara a cara, en un mitin o a través de los medios, la violencia verbal ha jalonado esta campaña, especialmente desde el caso Quentin Deranque.

El asesinato de este joven militante nacionalista ha electrizado la campaña en Lyon, todos los candidatos se han visto obligados a posicionarse y se han multiplicado las acusaciones cruzadas. Las repercusiones se han dejado sentir en otras ciudades, en Tarbes por ejemplo, un debate organizado por el sindicato CGT-Municipaux se canceló "a la vista de los acontecimientos y del contexto nacional".

"Con la polarización de la vida política, asistimos a una histerización de la campaña", señala Pascal Lardellier. El debate, según él, se "reduce sistemáticamente a combates de milicias de los años 30, y eso solo puede lamentarse".

Si durante mucho tiempo la acusación de nazismo fue un recurso retórico utilizado por parte de la izquierda contra sus adversarios, ahora se vuelve cada vez más a menudo contra ella misma ('antifascismo = fascismo'). "Es una época de inversión de los valores, es algo un poco 'orwelliano'", observa el investigador.

Creo que, de tanto usar estas palabras, se las vacía de sentido, y no pienso que, en el estado actual, la oferta política de 2026 esté poblada de nazis.

"Sea cual sea el fondo del asunto (Quentin), mientras se histeriza la campaña y se la 'nazifica', no se habla de los programas reales ni de las verdaderas preocupaciones de los electores", alerta el profesor.

"No digo que no haya que hablar de ello, pero reducir la totalidad de la campaña y de los adversarios a eso es, a mi juicio, pisotear cierta idea del debate político", concluye.

Pascal Lardellier es autor de 'Le nouvel âge du complotisme' (Éditions de l'Aube, 2026).

Ir a los atajos de accesibilidad
Compartir Comentarios

Noticias relacionadas

Elecciones en Francia: El país se enfrenta a una parálisis política, esto es lo que podría venir después

La extrema derecha pierde las elecciones en Francia, pero apunta a las presidenciales de 2027

Elecciones en Francia: Más del 59% de participación a las 17:00, el dato más alto en 46 años