Mientras EE.UU. refuerza la presión sobre Cuba tras el giro en Venezuela, voces del exilio cubano respaldan la presión sobre el Gobierno de Díaz-Canel, pero advierten de que el modelo de tutelaje aplicado a Caracas no valdría en la Isla. Aceptan incluso una captura, pero piden no asfixiar al pueblo.
El endurecimiento de la política de Estados Unidos hacia Cuba, impulsado por la Administración Trump tras la captura del ya expresidente venezolano Nicolás Maduro, ha reabierto un debate clave entre los cubanos dentro y fuera de la isla: cómo forzar un auténtico cambio político sin asfixiar al pueblo cubano.
Mientras el presidente estadounidense asegura que Washington está "empezando a hablar con Cuba" al tiempo que corta suministros clave de petróleo, representantes del exilio insisten en que la presión es necesaria, pero no a cualquier precio.
"Pedimos un aislamiento del régimen, pero que la población no sufra. Esa es la cuadratura del círculo", sostiene Carlos Payá, representante del Movimiento Cristiano Liberación y hermano del histórico activista Oswaldo Payá, fallecido en 2012. "Porque el régimen, en su soberbia, puede decir 'pues ahora tampoco dejo que llegue la ayuda humanitaria'".
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha elevado el tono en las últimas semanas, convencido de que el estrangulamiento energético, tras frenar los envíos desde Venezuela y amenazar con aranceles a los países que abastezcan de crudo a la isla, obligará al régimen a negociar. "No tiene que ser una crisis humanitaria. Creo que probablemente vendrían a nosotros y querrían hacer un trato", dijo el mandatario la semana pasada, antes de asegurar que "Cuba volverá a ser libre".
Sin embargo, desde La Habana, el Gobierno niega que exista una mesa de diálogo formal con Washington, si bien el presidente Miguel Díaz-Canel ha reconocido que Cuba "está dispuesta a dialogar" con Estados Unidos, pero subrayando que cualquier negociación deberá darse sin presión ni imposiciones.
En este contexto de máxima tensión, el exilio cubano observa con atención los movimientos de la Casa Blanca, pero también con cautela. Payá considera que el conflicto cubano no puede resolverse desde fuera ni convertirse en una prolongación de la política estadounidense. "Ni el problema de Cuba ni la solución del problema de Cuba dependen de lo que se haga fuera; hay que 'desamericanizar' el problema cubano", sostiene.
Payá, que reside en España desde "hace 40 años", reconoce que el régimen atraviesa uno de sus momentos más frágiles, tras perder el respaldo energético de sus principales aliados. "Es inédito, porque es que se le ha caído a Cuba su tabla salvadora", afirma.
Uno de los grandes temores compartidos por amplios sectores del exilio es que la presión económica termine castigando de forma desproporcionada a la población. "Las soluciones tienen que llegar de manera pacífica, siempre de manera pacífica", recalca Payá. Por ello, reclama que el foco se sitúe en los derechos humanos.
"En todo esto no he oído las palabras derechos humanos ni amnistía", lamenta Payá. "Pero lo principal para el pueblo de Cuba es la amnistía para la gente que está injustamente presa".
Autoritarismo en Venezuela, totalitarismo en Cuba
Desde una posición más dura, Orlando Gutiérrez Boronat, secretario general del Directorio Democrático Cubano, sostiene que el escenario cubano exige una estrategia distinta a la venezolana. "El modelo que se está usando en Venezuela no es aplicable a Cuba. Venezuela es un régimen autoritario, pero en Cuba hablamos de un régimen totalitario plenamente consolidado", explica.
Gutiérrez Boronat, que se instaló en Estados Unidos en 1971 y se licenció en Ciencias Políticas y Comunicaciones de la Universidad Internacional de la Florida, respalda sin ambages el aumento de la presión estadounidense y, en este sentido, resalta la "consistencia" del actual Ejecutivo frente a la de otras Administraciones en el pasado, ya fueran demócratas o republicanas.
"Nunca antes un Gobierno americano había puesto este nivel de presión sobre el régimen cubano. Esta es la forma de quebrar la estructura gobernante de Cuba", afirma. A su juicio, el problema de fondo no es el petróleo ni las sanciones: "El cáncer es el régimen, que destruyó la agricultura, la economía y la infraestructura del país para consolidar su poder".
En cualquier caso, para la diáspora cubana, cualquier transición debe implicar una ruptura clara con el actual sistema, a diferencia de lo que ha sucedido en Venezuela, donde Washington se ha mostrado dispuesto a permitir la continuidad del chavismo de la mano de la actual presidenta interina Delcy Rodríguez.
"No es aceptable una transición en la que las mismas personas sigan en el poder", subraya Gutiérrez Boronat, y defiende un itinerario político explícito. "El régimen tiene una salida clara: liberar a todos los presos políticos, legalizar la sociedad civil, los partidos y los sindicatos y anunciar un cronograma hacia elecciones libres".
Pese a las diferencias de enfoque, hay un punto de coincidencia transversal: el rechazo a una intervención militar directa. Ni Payá ni Gutiérrez Boronat contemplan un escenario de ocupación o guerra abierta como solución viable.
La necesidad de un cambio estructural
La experiencia venezolana sirve aquí como advertencia. Aceptan la presión máxima e incluso una eventual detención de altos dirigentes, pero descartan un modelo de tutelaje externo que derive en violencia masiva. "Vemos bien una acción solidaria internacional a favor de un pueblo desarmado que no ha dejado de luchar contra el comunismo", ahonda Gutiérrez Boronat
Mientras tanto, la isla sigue sumida en una crisis profunda, con apagones, una creciente escasez de combustible que ya ha obligado a la cancelación de vuelos y una emigración sostenida. Trump ha llegado a describir a Cuba como un país "en quiebra" y ha advertido que debería negociar antes de que sea "demasiado tarde". Rusia y México han prometido apoyo político y ayuda humanitaria, aunque sin detallar su alcance.
Para el exilio, el momento es crítico. "Cuba está tan destruida que cualquier parche que no incluya cambios estructurales no sirve", resume Payá. Por su parte, Gutiérrez Boronat concuerda en que el camino no puede ser el mismo que Washington ha tomado hacia Caracas: "Cuba no es Venezuela y, por lo tanto, la receta tiene que ser otra".