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Sin cultura de armas, pero con una gran industria: la discreta economía armamentística de la UE

Cazadores observan los rifles más recientes en la feria de caza de Dortmund, Alemania
Cazadores observan los últimos rifles en la feria de caza de Dortmund, Alemania Derechos de autor  AP Photo
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Por Leticia Batista Cabanas
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Europa carece de una amplia cultura civil de armas y aplica normas estrictas, pero es uno de los principales productores y exportadores mundiales. Mientras la industria opera en el mercado único, la regulación de la tenencia, las licencias y los controles sigue dependiendo de cada Estado miembro.

Con la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2026, que se celebra el viernes 13 de febrero, y los esfuerzos de la Unión Europea por impulsar la producción de munición y reforzar su autonomía industrial en defensa, la industria armamentística europea vuelve a situarse en primer plano.

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Los líderes de la UE debatirán la necesidad de consolidar una producción estable y permanente de armas y munición esenciales dentro del continente. Sin embargo, el aumento de la fabricación conlleva nuevos riesgos. La exportación y circulación de armas dentro del bloque depende de una compleja combinación entre normas europeas comunes y legislaciones nacionales soberanas, lo que genera vacíos jurídicos y desigualdades en la aplicación.

Sin una supervisión eficaz, armas producidas en la UE pueden enviarse a terceros países con regulaciones más laxas y posteriormente reexportarse a zonas en conflicto.

Al mismo tiempo, dentro de la Unión se multiplican las llamadas 'armas fantasma': armas de fuego no tradicionales, como las impresas en 3D o ensambladas a partir de piezas sueltas (los denominados 80% lowers). En 2019, el atacante de la sinagoga de Halle utilizó un arma fabricada parcialmente mediante impresión 3D.

Paralelamente a la conferencia, la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC) debatirá el auge de las redes de contrabando y el uso de armas ilícitas en ataques híbridos que buscan desestabilizar la seguridad europea.

Un mosaico normativo europeo y nacional

El marco regulador de la UE restringe la tenencia de armas por parte de civiles y fija normas mínimas para la circulación de armas dentro del mercado único. Las reglas definen los tipos permitidos, las especificaciones técnicas, los requisitos de trazabilidad, la circulación dentro de la UE y los procedimientos de importación, exportación y tránsito con países no pertenecientes a la Unión. Sin embargo, estas normas no son supranacionales, de modo que la mayor parte de la política sobre armas de fuego sigue decidiéndose en cada Estado miembro.

La Comisión Europea propuso por primera vez la Directiva sobre Armas de Fuego en 1991 para integrar las armas en el mercado único y al mismo tiempo proteger la seguridad pública. En 2015, la UE actualizó y reforzó los controles sobre armas a escala europea tras los atentados terroristas de París, introduciendo normas comunes para garantizar que las armas desactivadas siguieran siendo inoperables.

Una nueva actualización en 2021 introdujo reglas para mejorar la trazabilidad, reforzar los sistemas de información transfronterizos y prohibir ciertas armas semiautomáticas para civiles. Sin embargo, la aplicación de estas normas sigue variando según el país, en gran medida en función de los recursos disponibles y de las capacidades de investigación digital.

Las armas de fuego impresas en 3D son una preocupación política creciente. Aunque la revisión de 2021 de la Directiva declara ilegales estas armas, no prohíbe de forma clara la posesión o el intercambio de planos digitales. Este vacío permite a los traficantes aprovechar las diferencias entre las legislaciones nacionales.

Al no haberse adoptado medidas legislativas adicionales dentro del Plan de Acción de la UE 2020-2025, el Parlamento Europeo alertó de un posible retroceso en los sistemas de trazabilidad de las armas de fuego y urgió a la Comisión a regular de forma más estricta las denominadas "armas silenciosas", cuya proliferación considera cada vez más preocupante. Está prevista una revisión de la Directiva sobre Armas de Fuego en 2026.

La prevista refundición en Bruselas de la Directiva sobre Armas de Fuego, junto con la aplicación del Plan de Acción de la UE 2020-2025 contra el tráfico ilícito y el nuevo reglamento que Parlamento y Consejo prevén adoptar en 2025 para cerrar vacíos en el comercio de armas, reflejan el intento de la Unión de reforzar y armonizar su marco normativo.

Además, la Comisión proyecta implantar entre 2027 y 2029 un sistema electrónico centralizado y seguro de licencias que mejore la trazabilidad y facilite el intercambio de información entre Estados miembros, especialmente sobre autorizaciones denegadas. En paralelo, continúan los debates sobre posibles restricciones más amplias al uso de plomo en la caza, el tiro deportivo y otras actividades al aire libre.

Las cifras son aproximadas e ilustrativas.

Los grupos de presión del sector, los principales fabricantes y parte de los propietarios de armas en países con una tradición armamentística más consolidada, como Suecia o la República Checa, han expresado su rechazo a un mayor endurecimiento de la regulación europea.

Sostienen que unas normas más estrictas limitan el uso legítimo por parte de civiles y dañan las tradiciones nacionales. La República Checa ya había presentado quejas en 2017 por lo que consideraba restricciones excesivas de la UE sobre las armas.

¿En qué países europeos es legal tener un arma?

Según la Directiva europea sobre armas de fuego, las armas se dividen en tres categorías.

Las armas de categoría A, como las automáticas y determinados modelos de tipo militar, están prohibidas para uso civil, aunque todos los Estados miembros de la UE pueden conceder autorizaciones especiales bajo condiciones estrictas. La República Checa es conocida por tener las leyes más permisivas, que incluyen permisos para el porte oculto. Austria, Polonia y Finlandia figuran también entre los países menos restrictivos.

Las armas de categoría B, que abarcan la mayoría de pistolas y rifles semiautomáticos, están sujetas a autorización individual y a controles estrictos. Por su parte, las de categoría C —principalmente rifles y escopetas de caza— están permitidas, pero deben inscribirse en un registro oficial, especialmente en países con una arraigada tradición cinegética como Finlandia y Suecia.

Las armas semiautomáticas solo son legales dentro de ciertos límites, y las armas desactivadas deben cumplir las normas de la UE. Las réplicas y las armas de imitación no suelen quedar cubiertas por la legislación europea, por lo que su regulación corresponde a las autoridades nacionales. Por ello están estrictamente controladas en países como el Reino Unido, mientras que en otros se venden ampliamente bajo la normativa de consumo.

La tenencia de armas se limita a personas con licencia como cazadores, tiradores deportivos y coleccionistas reconocidos. Todos deben acreditar un motivo legítimo, superar controles de antecedentes y médicos, y cumplir estrictas normas de almacenamiento y trazabilidad. Francia e Italia cuentan con marcos de concesión de licencias especialmente estructurados.

En la práctica, la aplicación nacional difiere. Un rifle semiautomático que es legal para tiro deportivo en la República Checa o Austria puede estar prohibido en Estados miembros vecinos.

Regulado a nivel nacional, comerciado a través de las fronteras

El control de armas en la UE se gestiona sobre todo a escala nacional. Cada Estado miembro decide cómo aplicar las normas europeas, autorizar la tenencia privada, tratar la posesión ilegal, hacer cumplir las leyes y proteger los derechos culturales o institucionales.

Al mismo tiempo, la industria de armas de fuego opera más allá de las fronteras. En virtud de los tratados europeos, las armas se consideran bienes, lo que permite a los fabricantes autorizados vender en todo el mercado único. Esto genera tensiones entre la seguridad pública, que recae en las fuerzas policiales y la autoridad constitucional de cada país, y la armonización europea.

El resultado es un sistema híbrido, en el que Bruselas fija unas reglas básicas para la producción y circulación, pero el control político sobre el acceso civil y la aplicación de la normativa sigue siendo nacional. Esta estructura genera lagunas jurídicas y operativas, que permiten que las armas crucen legalmente las fronteras mientras la supervisión sigue siendo desigual.

Las diferencias en las normas de concesión de licencias, los límites de capacidad de los cargadores, los estándares de desactivación y los controles a la exportación han sido aprovechadas. Por ejemplo, armas de fuego civiles compradas legalmente en un país pueden ser objeto de tráfico hacia otro, mientras que armas militares exportadas con permisos nacionales pueden acabar siendo mal utilizadas.

Armas fantasma hechas de piezas sueltas

Las ventas en línea y el transporte transfronterizo complican aún más el seguimiento de las armas una vez que salen de su país de origen. Según el informe de Europol de 2025 sobre amenazas graves y crimen organizado, las redes criminales utilizan cada vez más las plataformas de comercio electrónico para vender piezas y eludir los controles aduaneros tradicionales.

El resultado son las armas fantasma, uno de los principales problemas que la UE trató de abordar con su Directiva sobre Armas de Fuego. Se trata de armas fabricadas de forma privada que carecen de número de serie y de marcas de fabricante, lo que hace imposible rastrearlas mediante los sistemas tradicionales de registro y seguimiento.

Aunque la legislación europea en general penaliza la posesión de este tipo de armas, no regula de forma exhaustiva los planos digitales, los archivos en línea ni los componentes semielaborados utilizados para su producción. Por ello, las personas pueden obtener legalmente diseños para impresión en 3D e importar piezas sin terminar que solo se vuelven ilegales una vez ensambladas.

Esta laguna, junto a una aplicación irregular de las normas, la limitada recopilación de datos y el comercio transfronterizo en línea, permite que estas armas ilegales entren en circulación y sigan siendo invisibles para las autoridades. Además, la tecnología sigue avanzando y agrava el problema, ya que las impresoras 3D y las máquinas CDC han facilitado y abaratado aún más la producción de armas de fuego funcionales al margen de las cadenas de suministro reguladas.

Todo el mundo quiere armas europeas

La industria armamentística europea abarca las armas pequeñas y ligeras (SALW) destinadas a individuos o unidades. No incluye equipos pesados como tanques, cazas o buques, que Europa sigue adquiriendo en su mayoría a aliados. Actualmente, el 64% de las importaciones principales de armas de los miembros europeos de la OTAN procede de Estados Unidos.

En 2025, la producción total de armas pequeñas y ligeras en la UE se estimó en entre cuatro y cinco millones de unidades, de las cuales entre 2,5 y 3 millones eran armas civiles o deportivas y entre 1,5 y 2 millones armas para uso militar o policial. La producción de munición aumentó con fuerza, y la fabricación de proyectiles de artillería alcanzó en torno a 2 millones, frente a los 300.000 de 2022. Los fabricantes de armas ampliaron sus plantas en 7 millones de metros cuadrados repartidos en 150 instalaciones, aproximadamente el triple del ritmo de tiempos de paz.

Cinco grandes polos de producción europeos concentran la mayor parte de la fabricación de armas pequeñas del bloque, lo que sostiene la posición de Europa como uno de los principales exportadores mundiales.

En Italia, Beretta Holding declaró en 2024 unos ingresos de 1.668 millones de euros. La alemana Heckler & Koch informó de 343,4 millones de euros, mientras que FN Browning, en Bélgica, generó 934 millones ese mismo año. La firma austríaca Glock registró unos ingresos de 670,32 millones de euros en 2024, y Colt CZ Group, de la República Checa, vendió 633.739 armas de fuego en 2024.

Las cifras son aproximadas e ilustrativas

Estas empresas están orientadas a los mercados globales. A partir de las cuentas de 2024-2025, el grupo calcula que entre el 55% y el 65% de sus ingresos totales procede de exportaciones fuera de la UE. Sus principales clientes son Estados Unidos, Arabia Saudí, el Reino Unido, Egipto y Qatar.

Esto plantea problemas de transparencia. El Tribunal de Cuentas Europeo ha advertido de que los "flujos de dinero cada vez más rápidos y complejos" en la financiación de la defensa de la UE están superando los sistemas de control existentes, y ha añadido que "la independencia y la rapidez de las auditorías" se han convertido en un desafío en 2026.

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