La Unión Europea se esfuerza por contener el creciente déficit comercial con China, pero los Estados miembros no logran ponerse de acuerdo sobre cómo contrarrestarlo.
A pesar de las tensiones mundiales y de la guerra arancelaria de Trump de 2025, el comercio entre la Unión Europea y China se mantuvo fuerte el año pasado.
La UE exportó a China bienes por valor de 199.600 millones de euros, mientras que las importaciones alcanzaron los 559.400 millones de euros, creando un déficit comercial de 359.800 millones de euros, según las últimas cifras de Eurostat.
En comparación con 2024, las exportaciones de la UE cayeron un 6,5%, mientras que las importaciones del gigante asiático aumentaron un 6,4%.
Pero a más largo plazo, desde 2015, las exportaciones de la UE a China han crecido un 37,1%, mientras que las importaciones se han disparado un 89%.
Las exportaciones de la UE a China están encabezadas por maquinaria y aparatos mecánicos, como máquinas para la preparación de fibras textiles y maquinaria de recolección, que representan el 22,7% del total.
Les siguen la maquinaria eléctrica, como calentadores de agua y máquinas para cortar el pelo, y los equipos audiovisuales, con un 14,5%, y los vehículos, con un 8,2%.
En cuanto a las importaciones, sólo cinco categorías representan casi dos tercios del total. La maquinaria eléctrica y los equipos audiovisuales representan por sí solos el 29,5%, seguidos de la maquinaria y los aparatos mecánicos, con el 19%.
Redirección del comercio
Los impactos de la guerra arancelaria de Trump en 2025 llevaron a los países a ajustar las redes de producción y la logística y redirigir los envíos a mercados no arancelados.
Por ejemplo, en 2025, China compensó las pérdidas del mercado estadounidense ampliando el comercio con el sudeste asiático, Europa y África.
Con todo, los flujos comerciales se mostraron resistentes, y tanto las exportaciones europeas como las chinas siguieron creciendo, según el grupo de reflexión Bruegel, con sede en Bruselas.
Sin embargo, el bloque está luchando por contener el creciente déficit comercial con China, que ha suscitado serias preocupaciones por la competencia desleal, el declive industrial y el desempleo masivo en toda Europa.
Aunque Bruselas lleva años quejándose de los efectos nocivos del modelo económico estatal de Pekín, como el exceso de capacidad industrial y las cuantiosas subvenciones, los Estados miembros de la UE no logran ponerse de acuerdo sobre una línea de actuación común para contrarrestarlos.
Más recientemente, Péter Magyar, vencedor de las elecciones húngaras del pasado domingo, dijo que "revisaría" las inversiones chinas en el país, especialmente en vehículos eléctricos, pero "no con el objetivo de cerrarlas o impedir que se produzcan".