El general croata dirigió el campo de concentración de Jasenovac, en el que fueron ajusticiados entre 56.000 y 97.000 personas, principalmente serbios, judíos, romaníes y comunistas, entre 1941 y 1945. Tras la Segunda Guerra Mundial, el régimen de Franco le abrió las puertas del país de par en par.
La decisión del Gobierno español de retirar el escudo Ustaša de la tumba de Vjekoslav Luburić, enterrado en el cementerio de Carcaixent (Valencia), ha reabierto una de las páginas más incómodas de la posguerra europea: la presencia y protección en España de criminales nazis responsables de genocidio. El controvertido escudo, incorporado a su sepultura en 1976, ha sido incluido ahora en el Catálogo de Símbolos y Elementos Contrarios a la Memoria Democrática, por lo que será retirado de manera inminente.
Luburić, conocido como 'Maks el Carnicero', fue uno de los dirigentes más temidos del régimen de Ustaša, un Gobierno paralelo y aliado de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Se dice que su brutalidad llegó a conmocionar incluso a mandos del Tercer Reich. Dirigió el complejo de campos de concentración de Jasenovac, donde entre 1941 y 1945 fueron asesinadas decenas de miles de personas, principalmente serbios, judíos, gitanos y opositores políticos.
Según documentación histórica, Luburić se definía a sí mismo como "criminal de guerra por la gracia de Dios". Había recibido formación en Auschwitz y desarrolló en Jasenovac métodos de exterminio especialmente crueles. Supervivientes y testimonios de la época relatan asesinatos cometidos con mazas, sierras y cuchillas diseñadas para degollar prisioneros en masa. El general alemán Von Horsteneau, le llegó a calificar como "un sádico" y "un enfermo mental”, y comparó su gestión del campo de concentración con "el infierno de Dante".
Refugio en la España de Franco
Tras la derrota nazi, Luburić huyó de los Balcanes perseguido por los partisanos de Tito y los Aliados. La España franquista le ofreció refugio, una identidad nueva y protección. Bajo el nombre de Vicente Pérez García, se instaló primero en Benigànim y después en Carcaixent, donde montó una imprenta desde la que difundía propaganda ultranacionalista croata. Mantuvo relaciones fluidas con autoridades del régimen y con sectores de la Iglesia, y vivió sin ocultarse durante años.
"Como otros muchos criminales nazis fue protegido por el régimen franquista, dándoles asilo y una nueva identidad en el País Valenciano, Cataluña y otros territorios del Estado", lamentaba ya en 2007 la entonces senadora Elisenda Pérez Esteve en una consulta parlamentaria. "Su tumba está ubicada en la entrada del cementerio de Carcaixent y cada año, en conmemoración de su muerte, acuden grupos nazis de distintos lugares a rendirle homenaje, siendo su tumba un lugar de exaltación del genocidio nazi y del régimen franquista".
El símbolo retirado de su tumba no corresponde al escudo actual de la antigua república yugoslava, sino al utilizado por el Estado Independiente de Croacia, caracterizado por su marcado nacionalismo y presidido por Ante Pavelić, también refugiado en España tras la guerra. En su anuncio, el Gobierno español subrayaba que se trata de un emblema inequívocamente ligado a un régimen genocida y, por tanto, incompatible con los principios democráticos.
Ajusticiado en su domicilio
Su impunidad en España era tal que, según una investigación de la periodista Unai Aranzadi, publicada en 2019, 'Maks' llegó a hacer gala de su uniforme croata y de sus insignias nazis paseándose por el centro de Bilbao, el 19 de noviembre de 1953, con motivo de su boda con Isabel Hernáiz, quién acabaría trasladándose con él a Valencia.
Sin embargo, años más tarde, en abril de 1969, Luburić fue asesinado en su domicilio de Carcaixent, a manos de Ilija Stanić, un joven croata que se había infiltrado en su entorno y que, según la versión más extendida, actuaba por encargo de los servicios secretos yugoslavos. La prensa franquista atribuyó el crimen a una conspiración comunista, y el caso quedó impune durante décadas.
Pese a su historial, su entierro en un lugar destacado del cementerio y la presencia durante años de simbología fascista han sido motivo de controversia y malestar entre asociaciones en favor de la memoria histórica. El propio Ayuntamiento intentó en su día la exhumación del cuerpo, pero la familia se opuso.
La retirada del emblema Ustaša no altera el lugar de enterramiento, pero sí incorpora paneles informativos que contextualizarán la figura de Luburić y sus crímenes. Para el Ministerio de Memoria Democrática, la medida busca reparar a las víctimas y evitar cualquier forma de exaltación del fascismo. Porque, como recuerdan los documentos oficiales, más allá de cómo murió, lo esencial es quién fue: uno de los verdugos más crueles del genocidio europeo del siglo XX.