Portugal es el primer país en construir un submarino convencional bajo el hielo ártico. Las adaptaciones del Arpão interesan a Canadá, que estudia incorporarlas en su nueva flota y mejorar el combate en el extremo norte.
El hielo marino del Ártico, que empezó a ser monitorizado por satélite en 1978, ha ido retrocediendo de forma significativa en las últimas décadas. El pasado 22 de marzo, ya terminado el invierno, el periodo de mayor acumulación, se habría alcanzado la extensión máxima de 2026, 14,33 millones de kilómetros cuadrados, según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC) de Estados Unidos. Es el máximo más bajo desde que hay registros, algo que se repite por segundo año consecutivo.
Con esta región que se calienta casi cuatro veces más rápido que el resto del planeta, se abren nuevas rutas marítimas y oportunidades de negocio para muchos países que, desde hace siglos, tienen el extremo norte de la Tierra bajo observación, fascinados por su aislamiento y por sus condiciones climáticas, fértiles para la investigación científica, pero sobre todo por la riqueza natural allí depositada, desde el petróleo y el gas hasta los minerales estratégicos.
El más reciente informe del Consejo Ártico constata un aumento del 40% en el número de buques únicos que operan en esta zona a lo largo de los últimos 12 años, mientras que la distancia recorrida se disparó un 95%, de 6,1 millones a 11,9 millones de millas náuticas. Conviene señalar que estos datos incluyen los barcos de los ocho Estados árticos (Estados Unidos, Canadá, Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Rusia) y también los que entran con frecuencia en el área delimitada por este Código Polar bajo bandera de los Estados Observadores del Consejo Ártico.
A pesar de que el deshielo provocado por el cambio climático hace más atractivas las incursiones en la región para buques militares, mercantes y de crucero, la navegación en altas latitudes está lejos de ser tranquila. "En muchos aspectos, ir al espacio es más fácil que pilotar y operar buques en las regiones polares", escribe Ekaterina Uryupova, investigadora en el Instituto Ártico.
Además de los desafíos que plantea la intensificación del tráfico marítimo, el calentamiento global está volviendo el hielo más fino, lo que conduce a un aumento de la fragmentación de los glaciares y a la formación de más icebergs. Incluso los días de verano son problemáticos, es entonces cuando el deshielo se acelera por efecto de las temperaturas más elevadas.
Las placas de hielo a la deriva en el agua son imprevisibles, y cuando colisionan, empujadas por los vientos o las corrientes oceánicas, se acumulan y acaban formando una especie de cordilleras en la superficie (crestas) y también bajo el agua (quillas), con formaciones submarinas que pueden alcanzar decenas de metros.
Este es uno de los principales peligros para quienes participan en misiones con submarinos en el océano Ártico. Si el sumergible es convencional y, por tanto, tiene una autonomía limitada en inmersión, el riesgo es mayor, porque en zonas de cobertura densa será imposible o mucho más difícil ascender a la superficie.
Existe además la amenaza de inundaciones o, como ocurre con mayor frecuencia, de incendios. En un relato ofrecido a 'The War Zone', un sitio especializado en asuntos de defensa, Eric Moreno, veterano de la Marina de Estados Unidos y submarinista entre 2001 y 2008, explica que cuanto más espacio tiene el submarino, "mayor es la atmósfera disponible para 'absorber' un incendio", lo que da a la tripulación "más tiempo para reaccionar adecuadamente".
En sentido inverso, señala el especialista, el margen de maniobra es mucho más estrecho en un submarino tradicional que, al ser más pequeño y con poca altura libre, presenta una mayor propensión a la rápida acumulación de calor y humo, lo que agudiza las dificultades de respuesta ante una emergencia.
Al tratarse de un teatro de operaciones de condiciones extremas, la navegación bajo el hielo en el Ártico ha estado reservada, desde finales de la década de 1950, a los submarinos nucleares, la mayoría de más de 100 metros de eslora, de gran velocidad y autonomía prácticamente ilimitada. La Marina de Portugal, sin embargo, venció todos los recelos, incluso los de sus aliados de la OTAN y, entre abril y junio de 2024, llevó al NRP Arpão a las profundidades de esas aguas glaciares, convirtiéndose en pionera en hacerlo con un submarino convencional en la historia reciente.
La dotación, formada por tres decenas de efectivos y dirigida por el capitán de fragata Taveira Pinto, permaneció bajo la banquisa en la zona de Groenlandia durante un total de cuatro días, en una misión inédita tanto por la maestría operativa como por derribar fronteras que se consideraban infranqueables.
Portugal se unió así a Estados Unidos, Reino Unido y Rusia en el reducido grupo de países que ya han operado bajo la capa polar, con la desventaja de que estas potencias cuentan con submarinos impulsados por reactores nucleares.
Capacidad operacional propia
El NRP Arpão zarpó de la Base Naval de Lisboa el 3 de abril de 2024, en el marco de la operación de la OTAN Brilliant Shield, para una misión que se prolongó durante 78 días, con apoyo de las marinas de Estados Unidos, Canadá y Dinamarca, e incluyó varias etapas, con un total de 1.800 horas de navegación, de las cuales 1.500 en inmersión.
Finalizada la primera patrulla, de 22 días, utilizada para poner a prueba los nuevos procedimientos y las modificaciones realizadas, la embarcación atracó en el puerto de Nuuk, en Groenlandia, donde se reabasteció de combustible y alimentos.
La travesía prosiguió después hacia el norte, pasando por el paralelo 66º33’N, que marca la frontera del círculo polar ártico, con el entonces jefe del Estado Mayor de la Armada, Henrique Gouveia e Melo a bordo, quien había concebido esta expedición hacía más de una década.
Tras 39 horas y 30 minutos en inmersión profunda bajo el hielo, se procedió a explorar la placa, lo que implicó identificar aberturas naturales para una hipotética subida de emergencia, así como monitorizar el grosor y la densidad de la cubierta helada.
Esta hazaña de los marinos lusos fue posible gracias a la tecnología de propulsión independiente del aire, o AIP (Air Independent Propulsion) de la que dispone el Arpão. Se trata de un sistema de pilas de combustible que, al contar con depósitos de hidrógeno y oxígeno, no necesita aire fresco para cargar las baterías y garantiza la producción de energía bajo el agua, lo que permite a estos submarinos diésel-eléctricos o convencionales ampliar considerablemente el tiempo de inmersión, hasta dos o tres semanas, según la velocidad, y hace posibles las patrullas bajo el hielo.
La confianza para emprender esta misión se basó, por tanto, en la "evaluación técnica rigurosa de que la plataforma presentaba características intrínsecas compatibles con este tipo de entorno [ártico]", explica a 'Euronews' la Marina portuguesa. Pero esta empresa no habría sido un éxito sin "una preparación exigente" durante siete meses, mediante el "estudio en profundidad de la zona" y "adaptaciones materiales concretas" tras la revisión de los sistemas del buque.
En el documental oficial sobre esta experiencia, Gouveia e Melo relata que la dotación del Arpão llegó a encontrar "montañas" de hielo que se prolongaban "noventa metros hacia abajo" desde la superficie. Estos obstáculos forman parte de lo que la Marina describe como una "combinación compleja de desafíos", que abarca desde "hielo fijo, hielo suelto, icebergs" hasta "condiciones acústicas muy diferentes de las del mar abierto" y una "fuerte limitación de las opciones en caso de que se produzca una emergencia a bordo".
Una de las medidas de mitigación de riesgos fue la instalación de un sonar de alta frecuencia, con apoyo del Instituto Hidrográfico, así como de sensores específicos para detectar el hielo, medir su espesor y reforzar la seguridad de la navegación. También se diseñaron y montaron, en Arsenal do Alfeite S.A., protecciones en la torre para impedir que los mástiles más sensibles, en particular el periscopio y el mástil optrónico, colisionaran directamente con las placas de hielo.
Recordando que "sensores, ingeniería, adiestramiento y doctrina se ajustaron a un teatro muy específico y segregado", la Marina afirma haber demostrado a los aliados que "la capacidad submarina portuguesa es tecnológicamente madura, capaz de aprender con rapidez y de adaptarse (…) en entornos de gran complejidad".
Los especialistas estadounidenses en operaciones en hielo (Ice Pilots) aportaron una "orientación inicial", pero fueron los portugueses quienes, "en gran medida", asumieron el estudio de la región, la preparación de los escenarios de emergencia, el adiestramiento de la dotación y la explotación táctica de los sensores del submarino, subraya la Marina, lo que "pone de manifiesto la capacidad nacional para analizar datos meteorológicos y oceanográficos, absorber el conocimiento aliado y transformarlo en capacidad operacional propia".
Donde ningún submarino occidental se había aventurado desde la Segunda Guerra Mundial
La navegación en inmersión, a una profundidad que permite situar los mástiles por encima de la línea de flotación (cota periscópica), en la llamada Marginal Ice Zone (MIZ), zona de hielo marginal en español, puso aún más de relieve los méritos de la misión portuguesa.
Fue una maniobra que provocó el asombro general entre los aliados, admite el comandante Taveira Pinto en el documental oficial, en el que la señala como el punto culminante de la operación. La MIZ es la zona de confluencia entre la placa de hielo rígida y las aguas abiertas, en la que, por la exposición a tempestades violentas y olas gigantes, los bloques de hielo se fracturan más deprisa y siguen trayectorias imprevisibles.
Desde la Segunda Guerra Mundial, enfatiza la Marina, ningún otro submarino de Occidente se había atrevido a operar en esta zona "altamente problemática" y de gran "incertidumbre", donde "tanto la detección como la maniobra se vuelven más complejas", debido al "hielo fragmentado, las placas de tamaño variable, el ruido ambiental muy elevado y la presencia de vida marina, que degrada el uso normal del sonar como principal sensor de seguridad".
El uso de los instrumentos en este contexto caótico es una tarea especialmente delicada, entre otras cosas por el "riesgo físico asociado". Las placas de hielo que se encuentran en esta zona pueden alcanzar dimensiones capaces de provocar daños estructurales si entran en contacto con la embarcación.
"Por eso la técnica desarrollada por el NRP Arpão para regresar a la cota periscópica marcó la diferencia y permitió transformar un área tradicionalmente evitada en un espacio donde pasó a ser posible operar con un nivel de seguridad aceptable", sostiene la Marina, destacando que este ejercicio proporcionó "libertad de acción" y dotó de mayor flexibilidad a las operaciones de submarinos en el Ártico.
Más allá de demostrar que es capaz de operar en un océano glacial, el Arpão aportó "una innovación táctica en un entorno real", con capacidad de adaptación a un escenarioen el que el acceso, la supervivencia y la discreción dependen de decisiones muy afinadas. De este modo, Portugal "generó conocimiento operativamente relevante para los aliados", plasmado en un manual de navegación en el Ártico, una base amplia que facilita el trabajo de quienes decidan en el futuro emprender incursiones en la región.
Tras abrir camino en un terreno desconocido y dar pasos que no estaban respaldados por medios y tecnología concebidos de raíz para la exigencia de las tareas asumidas, Portugal sistematizó ese conocimiento en lo que la Marina presenta como una "herramienta doctrinal" que recoge las lecciones aprendidas a partir de la experiencia real.
Esta publicación profundiza en distintas variables, en particular la preparación multidisciplinar, la interpretación del comportamiento acústico en un escenario al que los portugueses no estaban acostumbrados, la evaluación del hielo y la adaptación de los procedimientos de seguridad.
Lecciones que está teniendo en cuenta Canadá, aliado de Portugal en la OTAN, para introducir los ajustes necesarios en su nueva flota de submarinos y garantizar que estén preparados para operar en el Ártico canadiense, que ocupa el 40% del territorio y más del 70% de la línea costera del país.
La adaptación del Arpão como referencia
"Lo que más me llamó la atención fue la forma en que la dotación del NRP Arpão y la Marina portuguesa afrontaron la misión. Estuvieron tranquilos, con una actitud muy profesional y minuciosamente preparados", contó a 'Euronews' Harrison Nguyen-Huynh, comandante de la Marina canadiense, que embarcó en el Arpão durante la operación de 2024 como oficial de enlace para apoyar a la tripulación.
Elogiando la actitud y el espíritu de cooperación de los submarinistas portugueses, el comandante Nguyen destaca que este ejercicio de la OTAN supuso una nueva e importante oportunidad de colaboración con los aliados "a fin de obtener información sobre algunos de los desafíos de operar en el Norte".
La observación del Arpão en "operaciones cerca, sobre y bajo el hielo", añade el vicecomandante de la Fuerza Submarina de Canadá, ayudará a Ottawa en la modernización de sus sumergibles, máxime cuando "uno de los principales requisitos" del programa de adquisición en curso es la "capacidad de operar en el entorno ártico".
El proyecto se puso en marcha en 2021 con el objetivo de estudiar los entornos operacionales y, a partir de ahí, definir las características y la tecnología de los futuros submarinos de la Marina canadiense, que sustituirán a la actual flota, de cuatro unidades, de la clase Victoria, compradas de segunda mano al Reino Unido en 1998 y cuya baja está prevista para finales de la década de 2030.
El ex primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, no descartó la hipótesis de la propulsión nuclear, algo que las autoridades de defensa del país acabarían rechazando debido a su coste sustancialmente más elevado.
En un comunicado publicado en agosto de 2025, el Gobierno canadiense, dirigido por Mark Carney, confirmó la intención de comprar hasta 12 submarinos "con alcance y autonomía ampliados que proporcionarán discreción, persistencia y letalidad como capacidades clave". Canadá, que posee la costa más extensa del mundo, más de 202.000 kilómetros, necesita estar en condiciones de "detectar, rastrear, disuadir y, si es necesario, derrotar a adversarios" en los "tres océanos" del país, añadió el Ejecutivo.
Aun tratándose de submarinos convencionales, una apuesta de este calibre y ambición obliga a aflojar la bolsa. Hay estimaciones que apuntan a 60.000 millones de dólares (unos 51.000 millones de euros), aunque analistas del ámbito de la defensa ya han pronosticado un coste total en torno a los 100.000 millones de dólares (cerca de 85.000 millones de euros), según informó el diario canadiense 'Ottawa Citizen'.
De acuerdo con esta misma publicación, podría tratarse de la mayor adquisición militar de la historia de Canadá. El Gobierno quiere acelerar el proceso y el contrato podría firmarse este año, pero la Marina canadiense ya estimó en 2025 que el primer submarino no estaría plenamente operativo hasta 2037.
Los nuevos sumergibles no llegarán con todas las capacidades necesarias para la navegación bajo el hielo ártico, reveló el vicealmirante de la Marina de Canadá, Angus Topshee, citado por el diario 'The Globe and Mail'. Es aquí donde entra el ejemplo de Portugal, ya que las modificaciones y mejoras introducidas en el Arpão orientarán el trabajo de equipamiento que se llevará a cabo tras la entrega, tanto en lo relativo a la estructura como en lo referente al material especializado.
Como señala el comandante Nguyen en la entrevista con 'Euronews', la seguridad es una de las prioridades. La instalación de protecciones para resguardar los mástiles y reforzar la resistencia de las torres, una de las principales adaptaciones introducidas por los portugueses, aparece así como un requisito para evitar daños estructurales y prevenir un posible escenario de emergencia que obligue a romper el hielo.
Otro aspecto fundamental, señala Nguyen, es la eficacia, garantizada en gran medida, en el caso de la misión de 2024, por el sonar especializado situado en la parte superior de la torre, que resultó muy útil para cartografiar el hielo en la parte superior y detectar aguas abiertas. Las operaciones en el Ártico exigen una visión bidimensional, por arriba y por abajo, y el Arpão, al incorporar esa capacidad adicional que permitió monitorizar el glacial, proporcionó un conocimiento situacional marítimo más preciso.
Para futuras misiones árticas con submarinos diésel-eléctricos, la experiencia portuguesa marca directrices importantes en lo que respecta a la ejecución de maniobras estáticas y a la comprensión de las especificidades de la zona marginal, donde el ruido producido por el movimiento del hielo afecta al rendimiento de los sensores. La mezcla de aguas dulces y saladas también puede influir en la transmisión y el análisis del sonido, recuerda la Asociación Canadiense para la OTAN. Las grabaciones realizadas por los portugueses serán por tanto un recurso de apoyo clave para que, por ejemplo, se conozcan los ecos falsos próximos al hielo y se mejore la detección.
La Marina explica a 'Euronews' que los resultados obtenidos por el Arpão tuvieron una "acogida muy positiva" entre los aliados y que, tras la misión, se celebraron varias reuniones para compartir conocimientos y "líneas de acción para futuros planeamientos".
"Compartir información y mejores prácticas con nuestros aliados refuerza nuestra capacidad colectiva y aumenta la eficacia de nuestras operaciones", afirma el comandante Nguyen, subrayando que Canadá, como "nación ártica", considera las campañas en el Norte como "esenciales" para proteger su soberanía.
Submarinos convencionales como medio de combate bajo el hielo
Por el momento, no hay planes para nuevas misiones de submarinos portugueses en el Ártico, "en función de otras prioridades operativas y estratégicas", afirma Ricardo Sá Granja, portavoz de la Marina, en una entrevista con 'Euronews'. Portugal, aun así, permanece atento a lo que sucede en esta región, "donde se intensifica la disputa geopolítica".
El Ártico está, en efecto, cada vez más militarizado. Rusia tiene en su península de Kola, fronteriza con Noruega y Finlandia, una de las mayores concentraciones de armas nucleares del mundo y opera en esas aguas submarinos con capacidad para transportar decenas de ojivas cada uno.
Se ha registrado incluso un aumento de la presencia de submarinos rusos cerca del paso de GIUK, un punto estratégico en el Atlántico Norte entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido, crucial para el acceso a las aguas atlánticas desde el Ártico. Según comandantes de la OTAN, en este punto podrían haberse superado los niveles de actividad de la Guerra Fría.
En cuanto a China, en 2018 se autoproclamó "Estado casi ártico" y sigue invirtiendo en la Ruta de la Seda Polar, un plan que consiste en crear nuevas rutas marítimas comerciales a través del océano Ártico para reducir el tiempo de viaje entre Asia y Europa a 18 días.
Ante esta escalada y esta codicia, la Marina portuguesa asegura que está comprometida con el "esfuerzo colectivo que contribuya a la estabilidad" del extremo norte, pero subraya que "la disuasión y la defensa del área euroatlántica no se construyen de forma abstracta".
La misión llevada a cabo por el Arpão también demuestra que Portugal y otros países, pese a las limitaciones de los submarinos convencionales, tienen potencial para desempeñar un papel más activo en el combate subacuático, incluso en el que se libra bajo el hielo.
Si por un lado estas embarcaciones están limitadas por su menor velocidad y por tiempos de inmersión más cortos, por otro pueden permanecer muy silenciosas cuando funcionan con baterías. Esa discreción es una ventaja que puede explotarse, en el actual contexto de mayor hostilidad, en operaciones de vigilancia, inteligencia y otras misiones.
Operar en el Atlántico Norte "exige capacidad para detectar, seguir y, si es necesario, contrarrestar amenazas submarinas", lo que se traduce en el "dominio efectivo de las distintas dimensiones del combate", subraya Sá Granja. En el Ártico, donde "la discreción, la persistencia y la incertidumbre son decisivas", los submarinos adquieren "gran relevancia operativa" y pueden "ampliar las opciones tácticas y aumentar la complejidad para cualquier potencial adversario", añade el portavoz de la Marina.
Desde el punto de vista político, Portugal ha demostrado ser un "actor creíble" en la defensa de la Alianza, con un radio de acción que va mucho más allá de su entorno inmediato y alcanza "espacios geográficos alejados de su territorio continental, pero directamente ligados a la seguridad del Atlántico".
**"**En un momento en que la OTAN refuerza su atención al Norte, los países que ya han demostrado una capacidad real de operar en ese entorno se convierten en socios especialmente valiosos, afirma Sá Granja, dejando claro que la "relevancia estratégica" de un país del tamaño de Portugal no reside solo en la "escala de medios", sino también en la "capacidad de aportar competencias diferenciadas y útiles a la Alianza".
La Marina de Portugal seguirá muy de cerca los acontecimientos en el Ártico y está "preparada para, si así se le solicita, volver a contribuir en escenarios similares", especialmente en el marco de la OTAN.