Un profesor investigador de Besançon está en el centro de un escándalo académico, se le acusa de inventar un premio internacional de filología para autoatribuírselo, una farsa que le ha valido la expulsión de la universidad.
Es la historia de un profesor de ciencias del lenguaje que confundió sus sueños de grandeza con la realidad. Entre un ego desmedido y una cuidada puesta en escena digital, este es el relato de un montaje académico que, en su caso, se dirimirá en los tribunales.
Florent Montaclair, de 56 años, está siendo investigado en una causa abierta por la Fiscalía de Montbéliard (Doubs) por varios presuntos delitos, entre ellos falsedad documental, uso de documento falso, estafa y usurpación de título.
Las pesquisas se extienden también a la verificación de algunos elementos de su trayectoria académica, en particular un supuesto doctorado obtenido en una universidad estadounidense cuya propia existencia está siendo puesta en duda.
Un plan perfectamente calculado y ejecutado
Para reforzar su aura académica, en los últimos años habría puesto en pie una entidad completamente ficticia, cuidadosamente bautizada para evocar un reconocimiento internacional y un prestigio científico.
Una vez inventada la organización, todo se vuelve sencillo, anuncia sus "resultados" y el nombre del profesor Montaclair aparece de forma natural entre los premiados. Como era de esperar, acaba adjudicándose ese galardón que él mismo contribuyó a definir y a hacer existir.
Con esta distinción presentada como "internacional", ese reconocimiento se incorpora después a su trayectoria. Figura en su currículum y en sus presentaciones profesionales, proyecta la imagen de un investigador consagrado al máximo nivel. Este supuesto "premio" se convierte así en una palanca de credibilidad, refuerza su visibilidad y consolida su posición en el mundo universitario, al tiempo que abre potencialmente nuevas oportunidades de carrera.
Más dura será la caída
Pero en la era digital y de la verificación permanente, mentir es un ejercicio arriesgado. Al tratar de comprobar el origen de ese misterioso premio, del que nadie había oído hablar en los círculos especializados de la Sorbona u Oxford, algunos colegas de la Universidad Marie y Louis Pasteur del Franco Condado (fuente en francés), y también varios periodistas, empezaron a sospechar.
La investigación puso rápidamente de manifiesto la ausencia total de estructura jurídica, de jurado real o de fondos asociados a esa recompensa. El supuesto "Nobel de filología" no era más que una quimera.
Y como suele ocurrir, estas historias acaban mal, empezando por su expulsión de la universidad. El docente "ya no desempeña por tanto ninguna función en el seno de la universidad" en la que estaba destinado desde hacía más de 20 años, precisó la directora adjunta de comunicación del centro.
Paralelamente, el Ministerio de Educación ha puesto en marcha un procedimiento para evaluar los hechos que se le imputan, que podría desembocar también en sanciones disciplinarias, incluida la pérdida pura y simple de su condición de profesor.