A finales de 2024, Lituania contaba con 6.344 refugios capaces de proteger al 53% de la población, según un informe del Tribunal Nacional de Cuentas publicado el año pasado.
Cuando sonó una alerta por amenaza de dron en Vilna, la capital de Lituania, en la que se instaba a los vecinos a buscar refugio, Rūta Gaškauskaitė se apresuró hacia el más cercano, solo para descubrir que estaba cerrado con llave. Encajonada entre Rusia y Bielorrusia, aliada del Kremlin, Lituania lleva años advirtiendo de los riesgos que corren los vecinos bálticos de Rusia.
Pero a medida que Ucrania intensificaba sus ataques de represalia contra centros petroleros rusos en el mar Báltico y se detectaban drones que se desviaban por la región, los efectos secundarios de la guerra contra los que alertaba Lituania la pillaron desprevenida.
La alerta del 20 de mayo en la que se ordenó a la población que se refugiara bajo tierra por la presencia de un dron en el espacio aéreo lituano fue el recordatorio más contundente en años de que la planificación de emergencias debía estar plenamente operativa.
Gaškauskaitė comprobó que no era así. "Tenemos una aplicación... que indica dónde están todos los refugios cercanos", explicó a la agencia AFP esta gestora de proyectos culturales de 29 años. "Fuimos a uno de ellos, pero estaba lleno de telarañas. Y daba la impresión de que no había nadie allí".
Solo pudo entrar en el tercer refugio subterráneo señalizado en las inmediaciones de su piso y no sin antes esperar casi veinte minutos a que alguien lo abriera. La alerta fue la primera vez que una capital de la UE y de la OTAN se veía obligada a ordenar a su población que se refugiara desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en 2022.
Carencias por corregir
Gaškauskaitė pronto comprobó que su caso no era aislado. Tras levantarse la alerta, comenzaron a multiplicarse los testimonios de vecinos a los que se impidió entrar en refugios de colegios o que los encontraron cerrados. "Por desgracia, esa prueba mostró que hay algunos... puntos ciegos en los que no habíamos pensado", dijo Gaškauskaitė.
Los problemas fueron tan frecuentes que la primera ministra lituana, Inga Ruginienė, que se había refugiado junto al presidente del país y los parlamentarios, ofreció disculpas públicas por los errores de comunicación y prometió revisar los procedimientos.
"No se puede estar completamente preparado para todas las situaciones", declaró a AFP el viceministro de Defensa, Tomas Godliauskas, aunque admitió que hay "algunas lagunas que queremos corregir" en la planificación lituana. "Tenemos que mejorar nuestro enfoque sobre el sistema de refugios", añadió, lo que incluye saber cómo se gestionan los refugios y quién es su propietario.
Pero para Godliauskas, antiguo militar ahora responsable de la preparación nacional y civil, el objetivo es también formar a más ciudadanos entre los 2,8 millones de habitantes de Lituania ante posibles emergencias.
Aspira a duplicar el número de campos de tiro, actualmente 67, para que el Ejército, los miembros de las asociaciones de tiradores y los cazadores puedan entrenarse. También quiere desplegar una red de instalaciones modulares de entrenamiento que puedan servir como refugios.
Refugios de uso múltiple
La idea encaja con uno de los proyectos favoritos del alcalde de Kazlų Ruda, un municipio de unos 6.000 habitantes, a unos 115 kilómetros de Vilna, rodeado de densos bosques donde se entrenan soldados de la OTAN.
Kazlų Ruda se encuentra además a unos 50 kilómetros de la frontera con el enclave ruso de Kaliningrado. "No tenemos verdaderos refugios de uso múltiple" para la población civil, explicó el alcalde, Mantas Varaska, a AFP.
Ha estado recabando apoyos para construir un refugio subterráneo de hasta 100 metros de longitud que podría albergar a 3.000 personas y que, en tiempos de paz, acogería instalaciones deportivas, gimnasios y un campo de tiro.
Varaska señala una amplia zona verde junto a la vía del tren en el centro del pueblo, elegida cuidadosamente para que "en caso de emergencia, incluso si no tienes coche, puedas llegar corriendo en cinco minutos a un lugar seguro". Confía en que las obras puedan comenzar el próximo año, aunque por ahora trabaja para asegurar la financiación.
Prepararse para lo peor
A finales de 2024, Lituania contaba con 6.344 refugios, capaces de proteger al 53% de la población, según un informe publicado el año pasado por la Oficina Nacional de Auditoría.
Las distintivas pegatinas amarillas salpican ahora Vilna y pueden verse en las entradas de aparcamientos, colegios, ministerios y sótanos de los bloques de pisos de época soviética de la ciudad. Pero los problemas persisten, el informe advertía de que el 91% de los refugios no es accesible para las personas con discapacidad.
El informe concluía que "el Estado aún no está preparado para proteger a toda la población en caso de emergencia o de guerra". Algunos vecinos, como Rūta Gaškauskaitė, han decidido tomar la iniciativa.
Pocos días después de la alerta aérea en Vilna, se reunió con amigos para revisar las reservas de emergencia y repasar los procedimientos de primeros auxilios. "Eso es lo único que me tranquiliza, saber que estoy preparada", afirmó. "Solo hago eso, prepararme, esperando lo mejor y preparándome para lo peor".