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Italia se queda atrás en la transición al coche eléctrico

Vehículo eléctrico Aehra durante una sesión fotográfica en Milán
Vehículo eléctrico Aehra durante una sesión fotográfica en Milán Derechos de autor  AP Photo
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Por Stefania De Michele
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Italia cae al último puesto entre los grandes mercados europeos de coches eléctricos: la falta de incentivos, los altos costes de recarga y las infraestructuras deficientes frenan la transición

La transición hacia el coche eléctrico echa el freno en Italia. Las cifras más recientes retratan un mercado que no logra despegar y que se aleja cada vez más de los principales socios europeos. Mientras Bruselas confirma su estrategia de superación progresiva de los motores de combustión interna, el país sigue a la cola de la clasificación continental en cuanto a la difusión de los coches eléctricos de batería e híbridos enchufables.

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Según los datos elaborados por UNRAE, en mayo los coches recargables han alcanzado una cuota de mercado conjunta del 12,8%, repartida entre el 6,2% de vehículos totalmente eléctricos y el 6,6% de híbridos enchufables.

Un resultado que sitúa a Italia en el último lugar entre los principales mercados europeos y muy lejos de la media registrada en los demás países del continente, situada en el 31,2%.

Por qué la transición eléctrica no despega

Detrás de esta desaceleración no hay una única causa, sino una combinación de factores que sigue frenando la demanda. El primer elemento tiene que ver con el apoyo público. Con el fin de las ayudas destinadas a los particulares, Italia se ha quedado como el único gran mercado europeo sin un sistema estable de incentivos a la compra de coches eléctricos.

La ausencia de bonificaciones ha tenido un impacto directo en las decisiones de los consumidores, sobre todo en una fase en la que el precio de compra de los coches eléctricos sigue siendo de media superior al de los modelos equivalentes con motor tradicional.

A ello se suma el llamado efecto espera generado en años anteriores por los programas de incentivos, que a menudo concentraron las matriculaciones en periodos limitados sin crear un crecimiento estable del mercado.

Costes de recarga elevados e infraestructuras aún insuficientes

Otro obstáculo tiene que ver con el sistema de recarga. Aunque el número de puntos se ha incrementado en los últimos años, la red sigue presentando importantes carencias. Italia dispone de 15,5 puntos de recarga cada 100 kilómetros de red viaria, una cifra inferior a la media europea de 22,1 puntos y que solo le vale el decimosexto puesto en la clasificación continental.

El problema no es solo cuantitativo. Las infraestructuras de alta potencia, imprescindibles para reducir los tiempos de parada en los viajes largos, representan algo más de una quinta parte del total. Esto hace que muchos automovilistas sigan percibiendo el coche eléctrico como una solución poco práctica para los desplazamientos fuera de la ciudad.

También pesa el coste de la energía para la recarga pública, que en Italia se sitúa entre los más elevados de Europa. Esta situación reduce aún más la conveniencia económica del paso al eléctrico y alimenta las reticencias de familias e instituciones.

Europa acelera, Italia se queda atrás

Mientras el mercado italiano se ralentiza, el contexto internacional avanza a ritmos muy distintos. En particular, Asia sigue liderando el crecimiento global de la movilidad eléctrica, refuerza el papel de los fabricantes orientales y aumenta la presión competitiva sobre los productores europeos.

La Unión Europea también continúa con la hoja de ruta de descarbonización del sector del automóvil, aunque en medio de debates y revisiones normativas. El riesgo, sin embargo, es que Italia llegue a las próximas citas con un retraso cada vez más difícil de recuperar, tanto en el ámbito de la demanda como en el de las infraestructuras.

Las posibles palancas para reactivar el mercado

Para los operadores del sector, una de las vías posibles pasa por el apoyo a las flotas empresariales. Los recientes márgenes de flexibilidad concedidos a nivel europeo podrían liberar recursos que se destinen a medidas fiscales capaces de favorecer la renovación del parque de vehículos de las empresas y acelerar la introducción de vehículos de bajas emisiones.

Queda, no obstante, el principal escollo, sin una estrategia estable que aborde al mismo tiempo el coste de compra, la red de recarga y el precio de la energía, la transición eléctrica corre el riesgo de seguir avanzando con lentitud. Y las cifras de mayo confirman que, al menos por ahora, Italia sigue lejos de los estándares europeos.

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