"Albania no se vende", nueva movilización masiva en Tirana contra el plan de construir un complejo turístico ligado a la familia Trump
Decenas de miles de personas se concentraron el sábado en Tirana y se manifestaron por 35ª jornada consecutiva contra el proyecto de construcción de alojamientos turísticos vinculado a la familia Trump.
Se estima que ha sido la manifestación más multitudinaria desde el inicio de las movilizaciones, a finales de mayo, contra la construcción de un hotel de lujo relacionado con Ivanka Trump, hija del presidente estadounidense, y su marido Jared Kushner, en la zona protegida de Zvernec, en el suroeste de Albania.
La movilización, que comenzó como una protesta ecologista, se ha transformado en un movimiento antigubernamental. Los manifestantes acusan al Gobierno de corrupción y reclaman la dimisión del primer ministro Edi Rama.
"Lo que empezó como la 'revolución de los flamencos rosas' se ha convertido en una amplia ola de descontento popular", comentó a la agencia francesa 'AFP' la manifestante Alketa Andemi. "La falta de transparencia, la arrogancia, basta ya. El primer ministro tiene que irse", añadió.
Numerosos manifestantes portaban enormes flamencos rosas mientras se dirigían hacia la sede del Gobierno, en la avenida principal de la capital albanesa. Un grupo llevaba una gran tarta de cemento, una doble alusión al cumpleaños del primer ministro Edi Rama, que el sábado cumplió 62 años, y al proyecto de hormigonar ecosistemas protegidos.
Los manifestantes instalaron también un busto de Edi Rama, que después tiraron al suelo con la ayuda de una cuerda, un gesto que recuerda la emblemática caída de la estatua del dictador comunista Enver Hoxha en 1991, que marcó el final de su dominio.
Albania no se vende
En la noche del sábado, un amplio grupo de manifestantes se separó del grueso de la marcha y se dirigió a la comisaría donde permanecen detenidas 19 personas, arrestadas durante la manifestación del jueves cerca del Parlamento. Los manifestantes rompieron las ventanas de la comisaría, y la Policía respondió con cañones de agua para dispersar a la multitud.
"Liberad a los jóvenes", coreaban los manifestantes. Algunos llevaban pancartas con los lemas "Albania no se vende" y "Derogad la ley sobre las zonas protegidas", la normativa que permitió al Gobierno acelerar los trámites para levantar los alojamientos turísticos.
Estos episodios de violencia contrastan con el carácter generalmente pacífico de las concentraciones, que se celebran desde el inicio de las movilizaciones con la participación de miles de ciudadanos. La semana pasada, grandes grupos de manifestantes se reunieron frente al Parlamento e intentaron impedir el acceso de los diputados al edificio.
Centenares de manifestantes rompieron el cordón de seguridad de la Policía, que los repelió, lo que provocó enfrentamientos y decenas de detenciones. La Policía utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar al público, mientras algunos manifestantes lanzaban huevos, piedras y otros objetos contra las fuerzas del orden. Quince policías resultaron heridos y 25 manifestantes fueron arrestados, según la Policía.
El Albanian Helsinki Committee (AHC), una organización de defensa de los derechos humanos, expresó el sábado "su preocupación por la escalada de la situación". "La violencia individual no puede justificar un uso desproporcionado de la fuerza", afirmó, denunciando el empleo de gases lacrimógenos sin aviso previo, porras y golpes por parte de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes y reclamando una investigación rápida e independiente.
La movilización ha sido bautizada como 'revolución de los flamencos rosas', en referencia a las aves migratorias que pasan por la zona protegida donde se proyecta la construcción del complejo turístico.
Los manifestantes denuncian que el complejo hotelero de lujo, cuyo coste se estima en 4.600 millones de dólares y que está previsto levantar en una zona protegida del Adriático, pone en riesgo el delicado ecosistema de la laguna cercana. Por su parte, los inversores quieren transformar la isla deshabitada de Sazan, antigua base militar de la época comunista, en un destino turístico de lujo.
El proyecto suscita fuertes reacciones desde 2024, cuando se presentó por primera vez. La ola más reciente de movilizaciones estalló tras la aparición, a finales de mayo, de vallas de alambre de espino y excavadoras en las playas cercanas.