La pandemia aceleró una tendencia de fondo en el movimiento: actores solitarios, redes encriptadas y descentralizadas y una ideología a la carta del radicalizado, sin seguidismos a organizaciones concretas y mediante cógidos propios. Hoy la amenaza es menor, pero Interior sigue priorizándola.
La última estrategia nacional contra el terrorismo en España, actualizada en 2023, sigue considerando al yihadismo como la principal amenaza contra la seguridad del Estado. Según los datos del Ministerio del Interior, el número de operaciones o detenciones en los últimos cinco años (con 205 intervenciones y 344 arrestados) es mayor que entre 2014 y 2018, cuando se produjeron medio centenar de ataques en una decena de países europeos, entre ellos los de las Ramblas de Barcelona y Cambrils en agosto de 2017.
Estas cifras, sin embargo, hay que examinarlas con cautela. Un informe del Real Instituo Elcano recuerda que en el 55,6% de los casos registrados entre 2015 y 2025, las detenciones por terrorismo yihadista durante la última década no culminaron en una sentencia judicial por estos delitos. Un tercio de las cifras consolidadas, además, no corresponde a crímenes de sangre sino a roles de tareas logísticas.
En otros casos, como en el mediático ataque en la localidad gaditana de Algeciras, sí hubo condena pero de otra índole. Así ocurre con Yassine Kanjaa, el ciudadano marroquí de entre 28 y 29 años de edad detenido en enero de 2023 por el asesinato de un párroco en la localidad gaditana de Algeciras al grito de 'Alá es grande'.
Este resultó absuelto el pasado mes de noviembre por la Audiencia Nacional al apreciar que sufrió un brote psicótico, certificado por distintos informes periciales, debido a la esquizofrenia que padece. Kanjaa, que hirió a otras cuatro personas, fue condenado a indemnizar a los familiares de las víctimas y cumple hoy sus 30 años de condena en un centro psiquiátrico.
¿Qué es la cuarta fase del yihadismo global?
España, al igual que el resto de países europeos, sufre una evolución de este movimiento terrorista vinculado a la ideología salafista, propio de órbitas suníes ultraortodoxas dentro del Islam y que los especialistas del Instituto Elcano, el principal laboratorio de ideas de relaciones internacionales de España, consideran que hoy atraviesa su cuarta fase histórica.
Uno de sus elementos básicos es que la captación y radicalización de nuevos integrantes se ha complejizado. Los integrantes utilizan apps con encriptación y un ciclo de borrado y reactivación de canales descentralizados de propaganda. Así lo señala un extenso estudio elaborado para la Red para la Sensibilización frente a la Radicalización de la Comisión Europea, que advierte del empleo de canales (videojuegos en línea, por ejemplo) o códigos (humor o estéticas concretas) propios de las nuevas generaciones.
Carola García-Calvo, investigadora principal del Instituto Elcano y coautora de esta y otras investigaciones vinculadas al yihadismo -también en España- cree que es un error vincular a esta nueva generación de yihadistas con organizaciones puntuales, como había ocurrido hasta ahora.
"Estos individuos o grupos pequeños se radicalizan, digamos, absorbiendo una suerte de ideología que es bastante híbrida. No responde claramente a los dogmas de ninguna de las dos organizaciones de referencia de una manera clara o cohesionada: vemos unas ideologías construidas muy a medida del individuo y basadas en agravios personales, que priman sobre los objetivos globales del yihadismo", explica.
Estos 'actores solitarios' se construyen a la carta con su propio marco ideológico, según defiende García-Calvo, . "A raíz del conflicto en Gaza, también se ha visto como hay actores que mezclan contenidos de Estado Islámico (EI) con menciones a Hamás, cuando dogmáticamente son actores incompatibles", explica. Esta recuerda que el Estado Islámico rechaza la idea de cualquier proceso de participación política o reivindicaciones nacionalistas, como en el caso de esta última agrupación chiíta y vinculada a Irán.
Los actores conocidos abandonan suelo europeo
Las redes de captación del yihadismo han cambiado radicalmente desde los atentados del 11 de marzo de 2004: uno de los puntos de inflexión en la historia contemporánea española y el acontecimiento más destacado de la segunda etapa del yihadismo en este país, tras sus orígenes vinculados a la invasión rusa en Afganistán durante los años 80, cuando comienzan a crearse protocélulas en territorio europeo antes del 11S y el propio 11M.
Los estertores de la Primavera Árabe de 2010 y el consecuente inicio de la guerra civil siria un año después genera un vacío de poder del que se aprovecha el Estado Islámico. Este crece en zonas no controladas entre Irak y la propia Siria, dando comienzo a la tercera fase y generando un efecto llamada a este territorio para los conocidos como 'foreign fighters' o soldados extranjeros. Muchos murieron en territorio mesopotámico, pero otros consiguieron regresar a suelo europeo.
Sin embargo, las grandes organizaciones como EI o Al Qaeda han perdido presencia en el Viejo Continente, en parte por la mejora de la lucha antiterrorista paneuropea pero también por sus intereses en otros frentes. Estos actores se han desplazado al Sahel africano (JNIM y ISSP en Malí, Burkina Faso o Níger), países como Nigeria (Boko Haram) o su costa este, en Somalia (Al-Shabaab), además de otras zonas del continente asiático.
"En Europa, ahora mismo ninguna de las dos grandes matrices de referencia cuenta con este tipo de estructuras y capacidades, con lo cual la estrategia es animar a las acciones individuales para que todo aquel que pueda cometer un acto violento es bienvenido", añade García-Calvo.
La amenaza baja pero sigue siendo prioritaria
A pesar de la evolución del modelo de captación y de la falta de músculo de las organizaciones en favor de actores solitarios, este país continúa en un nivel de alerta antiterrorista de nivel cuatro sobre cinco desde el año 2015.
"España es un país que tiene experiencia y que ha desarrollado una amplia arquitectura contra el terrorismo yihadista (...) tiene un sistema en el que en el que predomina la visión preventiva; se pueden desarrollar operaciones con el fin de que actividades incipientes no lleguen a materializarse", asegura García-Calvo, aunque puntualiza estas ventajas. "Es cierto que aunque la amenaza ahora mismo es de baja intensidad, y digamos que en términos de atentados mucho más leve que en la época del califato, no ha desaparecido".