El exjefe del Tribunal Supremo, destituido durante la etapa de Viktor Orbán, asumirá la Presidencia de Hungría mientras el Gobierno de Péter Magyar continúa desmantelando las estructuras heredadas del anterior Ejecutivo.
El Parlamento de Hungría eligió el martes como presidente al expresidente del Tribunal Supremo András Baka, mientras el nuevo Gobierno del país desmantela las estructuras de poder heredadas del ex primer ministro Viktor Orbán.
Los diputados del gobernante partido Tisza eligieron a Baka en una votación secreta con 140 votos a favor y seis en contra, sin abstenciones, mientras que el partido Fidesz de Orbán, de extrema derecha, boicoteó la votación.
El nuevo presidente tomará posesión el 19 de agosto. El puesto de presidente de Hungría es principalmente ceremonial, aunque el jefe del Estado tiene potestad para devolver proyectos de ley al Parlamento o remitirlos al Tribunal Constitucional para su revisión.
Antes y después de la votación, Fidesz reiteró que considera ilegítima la elección presidencial y que sigue viendo al anterior presidente, Tamás Sulyok, como jefe del Estado, y que, si recupera el poder, revertirá de inmediato esta decisión.
Sin embargo, se trata sobre todo de un mensaje político con escasas consecuencias prácticas, ya que existen situaciones en las que la interlocución entre el jefe del Estado y los partidos resulta inevitable y, desde el punto de vista institucional, incluso necesaria.
El nuevo presidente asegura que el cambio no debe incluir venganza
El Gobierno del primer ministro Péter Magyar sostiene que la destitución de funcionarios nombrados durante la etapa de Orbán es necesaria para restaurar las normas democráticas y la integridad de unas instituciones que, según afirma, se deterioraron durante su mandato.
Orbán y Fidesz han acusado al nuevo Gobierno de aplicar políticas "tiránicas", algo que Magyar y Tisza niegan.
En unas declaraciones ante el Parlamento tras su elección, Baka criticó la gestión de los cuatro Gobiernos consecutivos de Orbán y afirmó que uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta Hungría es la profunda polarización social y política generada durante los 16 años del anterior dirigente en el poder.
Baka añadió que, aunque deben investigarse y perseguirse los abusos legales y financieros del pasado y restaurarse las instituciones democráticas, el cambio político en Hungría no debería producirse mediante la "venganza".
"Este país no puede construir un futuro común mientras sus ciudadanos se vean unos a otros como enemigos", afirmó. "El cambio político no debería significar que, a partir de ahora, la gente tenga que vivir con miedo, permanecer en silencio o sentirse extranjera en su propio país".
Se cierra un periodo de transición de varios meses
En la noche electoral, el 12 de abril, el primer ministro Péter Magyar dejó claro en su discurso de victoria que quería destituir de sus cargos a los altos cargos estatales nombrados por el anterior Ejecutivo, empezando por el presidente de la República, Tamás Sulyok. El Gobierno de Tisza dio un plazo de 30 días a los dirigentes afectados para que dimitieran voluntariamente, pero Sulyok no estuvo dispuesto a hacerlo.
Finalmente, el Gobierno logró apartar al anterior jefe del Estado mediante una modificación de la Ley Fundamental que incluía expresamente el fin de su mandato. Sulyok firmó la enmienda pocos días después de que fuera aprobada por el Parlamento, poniendo así fin a su etapa al frente de la Presidencia.
Antes de elegir el sábado a András Baka como candidato a jefe del Estado, el grupo parlamentario de Tisza consultó con más de diez posibles aspirantes. Anteriormente, el primer ministro Péter Magyar había propuesto como presidenta de la República a Judit Polgár, la gran maestra más exitosa de la historia del ajedrez, pero ella rechazó la candidatura.