La demanda mundial de agua aumentará un 55% de aquí a 2050. Europa pierde un 23% del agua tratada por tuberías obsoletas. Water Europe estima que la IA ahorraría unos 3.000 millones de euros al año y crearía más de 13.000 empleos.
A medida que las sequías se intensifican en toda Europa y provocan escasez de agua, las tuberías envejecidas aceleran el agotamiento de las reservas hídricas del bloque. Europa pierde el 23% de su agua no registrada (NRW) por fugas, es decir, agua que se extrae y trata pero nunca llega a los hogares. Los niveles de agua no registrada van desde el seis por ciento en los Países Bajos hasta el 45% en Bulgaria, lo que se traduce en costosas reparaciones reactivas.
Solo en 2024, el 67% de las propiedades de la UE monitorizadas registró fugas, con una pérdida de 772 millones de litros de agua, el equivalente a 300 piscinas olímpicas, que supusieron un coste de más de 3 millones de euros. De los 19,3 mil millones de litros controlados en 2025, se perdieron 1.470 millones, equivalentes a 9,8 millones de bañeras, a causa de fugas, según la empresa finlandesa Smartvatten.
La digitalización puede ayudar a corregir esta situación. La IA está llevando a los operadores de agua a pasar de "inspecciones periódicas e intervenciones reactivas hacia una supervisión continua, un mantenimiento predictivo y una gestión proactiva", explicó Durk Krol, director ejecutivo de Water Europe.
Una prioridad relegada
La mayor parte de los 4,4 millones de kilómetros de redes de agua potable y de los 2,6 millones de kilómetros de alcantarillado de Europa, construidos en el periodo de posguerra, siguen obsoletos. Los cambios de temperatura, los movimientos del terreno y la propia química del agua han debilitado las tuberías, que ahora empiezan a fallar.
"Gran parte de la infraestructura hídrica de Europa es subterránea, de modo que permanece políticamente y públicamente invisible hasta que algo falla", señaló Krol. "Las tuberías son además activos de larga duración, a menudo se espera que permanezcan en servicio durante muchas décadas, mientras que las tarifas y los presupuestos públicos no siempre han cubierto el coste completo de su explotación, mantenimiento y renovación", añadió.
Las causas del mantenimiento aplazado son más profundas, apuntó Hildegard Bentele, eurodiputada del Grupo del Partido Popular Europeo (PPE) y presidenta del MEP Water Group, el grupo de eurodiputados por el agua en el Parlamento Europeo. Europa nunca ha valorado realmente el agua, la ha tratado como un recurso barato y fácilmente disponible. "El agua no se consideraba antes una prioridad estratégica, una cuestión que ahora aborda la Estrategia de Resiliencia del Agua", explicó.
Este abandono acelera ahora la escasez de agua a medida que las olas de calor se extienden por Europa. "Las sequías se deben principalmente a periodos prolongados de déficit de precipitaciones y a temperaturas más altas. Pero las fugas reducen la cantidad de agua utilizable disponible, agravan los efectos de las sequías y hacen que se traduzcan en escasez de agua con mayor rapidez", advirtió Krol.
Un esfuerzo aún insuficiente
El informe de EurEau de 2026 muestra un ligero descenso de las pérdidas de agua en Europa, hasta aproximadamente el 23,5%, frente al 24% del informe de 2021. Los proveedores de servicios de agua invierten unos 36.600 millones de euros al año en infraestructuras, lo que supone un incremento del 17,5% respecto a 2021. Esto se traduce en apenas 82,38€ por persona y año.
Los Estados miembros siguen arrastrando retrasos en el mantenimiento, prioridades que compiten entre sí, una escasa recuperación de costes y una limitada capacidad para ejecutar proyectos, señaló Krol. Para Bentele, las tarifas bajas del agua, de apenas 1,5€ por metro cúbico en Rumanía, agravan el problema.
En Europa, el precio del agua sigue siendo un asunto políticamente sensible porque el agua es un derecho humano y un servicio esencial, pero "mantener las tarifas artificialmente bajas puede retrasar las inversiones necesarias y trasladar mayores costes y riesgos a los usuarios futuros", advirtió Krol.
La fragmentación complica aún más el mantenimiento. Alemania y Francia tienen cada una más de 5.000 proveedores de agua, según EurEau. Para Krol, muchos son demasiado pequeños para asumir por sí solos las inversiones, carecen de conocimientos especializados, capacidad digital, economías de escala y acceso a financiación. Sin embargo, la cooperación regional, los servicios compartidos, los sistemas de datos comunes y la agrupación de proyectos pueden ayudar a abordar estos problemas, añadió.
La verdadera cuestión es quién debe pagar ahora, señaló Bentele. Para Krol, la solución no pasa solo por facturas más altas, sino por reconocer el verdadero valor del agua para la economía, la salud y la seguridad energética. Ello implica utilizar tarifas, impuestos y financiación pública en las decisiones sobre infraestructuras, industria e inversiones para garantizar servicios fiables y proteger a los hogares más vulnerables, añadió.
La IA hace visibles las pérdidas invisibles
Ampliar la capacidad del sector del agua y renovar las infraestructuras es importante, pero digitalizar las redes es clave para reducir el agua no registrada. La principal ventaja, dijo Krol, es que "la digitalización puede hacer visibles las pérdidas invisibles", ya que las fugas suelen ser sutiles y continuas y resultan especialmente costosas precisamente porque pasan desapercibidas durante mucho tiempo.
Los sistemas de detección de fugas en tiempo real alertan de los fallos en la red. La monitorización acústica detecta fugas a partir de ruidos subterráneos. La gestión de presiones mediante IA ajusta automáticamente la presión en las tuberías para reducir reventones, mientras que las "district metered areas" (DMAs) dividen las redes en zonas más pequeñas para localizar fugas.
La IA también ayuda a las compañías de agua a reducir el estrés hídrico provocado por el clima. "La IA puede mejorar la preparación frente a las sequías combinando observaciones por satélite con datos de estaciones meteorológicas, sensores en superficie, controles de aguas subterráneas y embalses. Puede ofrecer alertas probabilísticas con semanas o, en condiciones adecuadas, incluso meses de antelación", señaló Krol.
Según Krol, las herramientas de IA alcanzan todo su potencial cuando los datos del agua se comparten abiertamente. Water Europe aboga por un Mercado Único Digital del Agua a escala de la UE para datos y operaciones hídricas, que funcione como "una única fuente de información fiable a escala de cuenca hidrográfica, de modo que las autoridades, los operadores y los usuarios económicos trabajen con datos coherentes y validados. No es necesario centralizarlo todo en una sola base de datos, se puede lograr mediante un sistema federado que conecte los datos fiables que custodien distintas organizaciones", explicó.
Pero la digitalización tiene un precio
La digitalización "ofrece sin duda oportunidades importantes, pero también conlleva ciertos riesgos", advirtió Bentele. Recordó que las compañías de agua forman parte de las infraestructuras críticas de los Estados miembros y necesitan salvaguardias sólidas frente a los ciberataques y a posibles sesgos algorítmicos en los sistemas digitales de gestión del agua.
La digitalización no tiene un coste fijo ni un porcentaje concreto de reducción de fugas. "Ambos dependen de las características y del estado de partida de cada red", señaló Krol. Pero tomársela en serio es importante porque lo que está en juego para la sociedad es mucho.
Explicó que los sectores europeos con un uso intensivo de agua, entre ellos la agricultura, la energía y los semiconductores, representan 192.000 millones de euros y podrían alcanzar 1 billón de euros en 2030, con una demanda de agua 2,6 veces superior. Sin un suministro de agua fiable y bien monitorizado, estos sectores pueden verse obligados a limitar su producción, ya que su actividad depende de una disponibilidad constante de agua. Ello desincentiva las inversiones y altera las cadenas de suministro.
Sin una monitorización digital, las fugas y las caídas de presión pueden pasar desapercibidas hasta que revientan las tuberías, provocan cortes de agua o fallos del sistema y encarecen las reparaciones para los hogares. El agua del grifo es en general segura gracias al control de calidad y de presión, explicó Krol, pero las redes pueden dejar entrar bacterias y perjudicar la calidad del agua y la salud si no se vigilan de forma remota y continua.
Evitar la supervisión digital también perjudica al medio ambiente. El agua debe captarse, tratarse y bombearse, lo que requiere energía y productos químicos. "Cuando se fuga, también se desperdician estos recursos y las emisiones asociadas", señaló Krol. Según Eurostat, una pérdida de agua del uno por ciento incrementa el consumo de energía en torno a un tres por ciento y provoca la emisión de unas 119 millones de toneladas de CO2. "La verdadera prueba de la inversión digital es si ofrece resultados medibles: agua ahorrada, averías evitadas, menor consumo de energía y una vida útil más larga de las infraestructuras", afirmó Krol a 'Euronews'.