Este sábado, los islandeses votarán si reanudar las negociaciones para entrar en la Unión Europea. Un "sí" podría estrechar la posición de Noruega en el Espacio Económico Europeo y presionar a Oslo para replantearse su relación con Bruselas, un debate de larga y divisiva historia.
Una victoria del "sí" podría dejar al otro vecino nórdico de la UE en una posición incómoda y aumentar la presión sobre Noruega para que reconsidere su relación con Bruselas.
Más allá de Reikiavik y Bruselas, una capital europea sigue con especial atención la votación del sábado, Oslo. Noruega es probablemente el país no miembro de la UE que más se juega, sobre todo si se impone el "sí".
"Debemos reconocer que un proceso de adhesión islandés planteará desafíos especiales para Noruega como país del Espacio Económico Europeo", declaró el ministro de Exteriores Espen Barth Eide ante el Parlamento en mayo.
Hasta ahora, el Gobierno noruego sostiene que el Espacio Económico Europeo (EEE) debe seguir siendo la base de su relación con Bruselas. Pero las consecuencias de un "sí" islandés serían difíciles de ignorar.
Un club que se encoge
El EEE extiende el mercado único de la UE a tres países que no son miembros, Islandia, Liechtenstein y Noruega. Si Islandia entra en la Unión, el EEE se reduciría a dos miembros, uno de ellos Liechtenstein, un país de apenas 40.000 habitantes cuya economía está estrechamente ligada a Suiza.
En la práctica, el EEE se convertiría en un acuerdo bilateral entre la UE y Noruega, lo que dejaría a Noruega como el único gran país del mercado único europeo sin asiento en la mesa donde se toman las decisiones.
Islandia no sería el primer país en pasar de la pertenencia al EEE a la plena adhesión a la UE. Cuando el acuerdo entró en vigor en 1994, incluía también a Austria, Finlandia y Suecia, que más tarde se incorporaron a la Unión tras sendos referendos favorables.
Técnicamente, el EEE seguiría en pie si Islandia se integra en la UE. Políticamente, sin embargo, sería más difícil sostener que sigue siendo una alternativa con contenido a la plena adhesión.
"Si Islandia llegara a ser miembro de la UE, el equilibrio de poder entre las partes del Acuerdo del EEE, que en origen era de 12 países frente a 7, pasará a ser de 28 frente a 2", afirmó Eide.
Ese desequilibrio explica por qué el Gobierno noruego, aunque defiende el EEE como base de su relación con Bruselas, no puede ignorar las consecuencias de una victoria del "sí". "Sea cual sea el camino que tome Islandia, debemos trabajar para reforzar nuestra cooperación con la UE", añadió Eide.
La presidenta del Gobierno islandés, Kristrún Frostadóttir, se expresó en términos similares tras reunirse en febrero con su homólogo noruego, Jonas Gahr Støre.
"Mantendremos vivo el Acuerdo del EEE pase lo que pase", afirmó. "Porque si de este referéndum sale un sí por nuestra parte, todavía habrá que tomar una decisión sobre la adhesión plena. Si sale un no, necesitamos que el Acuerdo del EEE siga siendo sólido y operativo".
Una historia complicada
El EEE fue producto de la compleja relación de Noruega con el proyecto europeo. Los noruegos han rechazado dos veces la adhesión a la UE en referéndums, en 1972 y 1994.
En ambas ocasiones, Noruega fue el único país candidato que votó en contra de entrar, con un 53,5% y un 52% respectivamente decantándose por el "no".
Esa pauta se mantiene. Una encuesta publicada a principios de este mes por el diario noruego 'ABC Nyheter' señala que el 49% votaría en contra de la adhesión a la UE, frente a un 37% a favor.
Las preocupaciones de fondo, la pesca, la agricultura y la reticencia a ceder soberanía a cambio de una influencia limitada en un bloque mucho mayor, han cambiado poco desde la década de 1990.
Islandia comparte muchas de esas inquietudes. Pero el referéndum del sábado no versa sobre la adhesión a la UE en sí misma. Plantea si se debe otorgar al Gobierno un mandato para reanudar las negociaciones de adhesión, que se suspendieron en 2015.
Un segundo referéndum decidiría después si los votantes aprueban el eventual acuerdo.
Esto significa que las negociaciones islandesas serán observadas muy de cerca en Oslo y podrían debilitar la posición de los euroescépticos noruegos.
Hallgrimur Oddsson, director del laboratorio de ideas Evrópustraumar, declaró a Euronews que los noruegos seguirán "muy de cerca" la evolución de las negociaciones, especialmente en cuestiones como la pesca.
Espera que los partidos proeuropeos aprovechen cualquier impulso para reavivar el debate sobre la adhesión, aunque subraya que Noruega ya ha celebrado dos referéndums sobre la cuestión. "Su historia también es distinta", señaló.
El voto islandés podría aportar un nuevo impulso, pero Noruega tendría que encontrar sus propias razones para entrar en el bloque. Eso exigiría un gran debate nacional para el que, hasta ahora, ha habido poco apetito.
Reabrir viejas heridas
Las preocupaciones de Noruega han cambiado poco desde el último debate sobre la adhesión a la UE, y tampoco lo han hecho las posiciones de los principales partidos políticos.
Ha habido pocos debates de calado sobre la reapertura de la cuestión de la adhesión, en parte porque políticos y votantes siguen recelosos de las divisiones que dejaron las anteriores campañas de referéndum.
En el clima geopolítico actual, también hay quien sostiene que reabrir un asunto tan sensible, que en el pasado ha dividido al país e incluso a familias, es lo último que necesita Noruega.
Cuando el Gobierno islandés pidió formalmente al Parlamento la convocatoria de un referéndum, Trygve Slagsvold Vedum, líder del euroescéptico Partido de Centro, advirtió de que podría dar nuevos bríos al movimiento proeuropeo noruego.
"Las fuerzas pro-UE en Noruega dibujarán un cuadro aterrador de un país fuera de la UE. Veremos un dramatismo inédito", afirmó Vedum, que describió la oposición a la adhesión como la cuestión más importante de la política noruega.
En cambio, Guri Melby, líder del Partido Liberal, favorable a la adhesión, consideró que el referéndum islandés debería dar nuevo impulso al debate sobre la entrada de Noruega y pidió aprender de un enfoque islandés menos divisivo.
En una audiencia parlamentaria celebrada en marzo, la diputada conservadora Ine Eriksen Søreide sostuvo que las condiciones en Europa y en el mundo en general han cambiado de forma fundamental. A medida que la UE profundiza su integración, afirmó, será cada vez más difícil para Noruega defender sus intereses desde fuera del bloque.
Sea cual sea el resultado de la votación del sábado en Islandia, Noruega sentirá las consecuencias. Y si el camino de Reikiavik hacia la adhesión a la UE se vuelve más probable, los noruegos podrían verse obligados a retomar la espinosa cuestión de su propio lugar en Europa.
Con información de Jorge Liboreiro.