El 29 de agosto, Islandia se pronuncia sobre si reanudar las negociaciones para la adhesión a la UE, suspendidas desde 2013. Viajamos hasta la isla volcánica para investigar pros y contras, temores, esperanzas, expectativas y dudas, -y descubrimos una sociedad profundamente polarizada.
Islandia, que ya forma parte de la OTAN, del Espacio Económico Europeo (EEE), del mercado único y del Espacio Schengen, lleva décadas debatiendo si debería o no convertirse en miembro de pleno derecho de la Unión Europea.
Los temores que suscitan los sectores pesquero y agrícola son el tema central de los mensajes de los euroescépticos. Según algunos sondeos, la oposición a la UE en las zonas rurales alcanza el 80%.
El ganadero Stefán Geirsson comercializa leche y carne de vacuno procedentes del corazón agrícola del país. Teme que la plena adhesión a la UE suponga una avalancha de importaciones agroalimentarias más baratas, con las que los agricultores islandeses sencillamente no podrían competir.
"Tenemos el ejemplo de Finlandia, donde el precio que recibían los agricultores por sus productos cayó un 40% cuando el país se incorporó a la UE y muchos agricultores tuvieron que cerrar sus explotaciones. Si perdemos el mercado, creo que ninguna subvención podrá compensarlo", afirma.
La pesca es el otro gran sector económico abiertamente euroescéptico. Las actividades relacionadas con los productos del mar representan alrededor del 8 % del PIB del país y el 4 % del empleo. Ágúst Jóhannesson trabaja en un arrastradero dedicado a la pesca del bacalao y el eglefino. Sostiene que los sistemas de cuotas de la UE perjudicarían al sector pesquero. "Además, la mayoría de las empresas pesqueras son de propiedad familiar", añade. "Si existe un mercado abierto en toda Europa, será muy fácil para las empresas europeas hacerse con ellas. Nuestra industria pesquera nunca desaparecerá. Pero sí cambiará".
En la actualidad, alrededor del 75% de la legislación islandesa está en consonancia con la normativa de la UE en los ámbitos social, medioambiental o económico. "No hace falta nada más", afirma Haraldur Ólafsson, fundador del principal grupo euroescéptico del país. "La economía islandesa se basa en los recursos naturales. No está tan industrializada como en Europa Central. Y, hasta cierto punto, la cultura también es diferente. Por ejemplo, Islandia carece por completo de tradición militar. Además, pertenecer a la Unión Europea sería muy costoso."
La estabilidad económica es uno de los pilares fundamentales de los defensores de la integración europea. La divisa nacional ha sido históricamente propensa a sufrir devaluaciones repentinas con un enorme impacto económico, incluida una elevada inflación. Los tipos de interés rondan actualmente niveles tres veces superiores a los fijados por el Banco Central Europeo.
Según el diputado de origen polaco y presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento, Paweł Bartoszek, la plena adhesión a la UE y la adopción del euro serían la mejor solución para garantizar la estabilidad económica de las próximas generaciones.
"La contribución por la plena adhesión a la UE supondría entre 10 y 15 mil millones de coronas al año. Solo el ahorro para los hogares gracias a unos tipos de interés más bajos podría suponer un ahorro de 100 mil millones de coronas anuales para los consumidores islandeses. Los beneficios para los hogares y los consumidores son de tal magnitud que resulta muy fácil justificar ese coste", explica.
Las nuevas realidades geopolíticas internacionales pesan cada vez más en el debate. Los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, junto con las señales contradictorias de la Administración estadounidense, han alimentado un creciente sentimiento de aislamiento. El profesor de Ciencias Políticas Magnús Magnússon preside una plataforma que defiende un mayor acercamiento a la UE.
"Estamos sometidos a constantes ataques por parte de bots rusos, de la desinformación rusa y de todo tipo de actores que intentan influir en nuestra infraestructura, atacando nuestras páginas web y nuestras infraestructuras energéticas. Y necesitamos protegerlas. Así que hay muchas cosas en las que la UE puede ayudar en ese sentido", afirma.
Los defensores de la integración europea también sostienen que, aunque Islandia está sujeta a y alineada con numerosas políticas de la UE, al permanecer fuera de las instituciones europeas pierde capacidad de influencia en la elaboración de esas políticas.
Dagbjört Hákonnardóttir es diputada de la gobernante Alianza Socialdemócrata. Afirma que el respaldo inequívoco del actual Gobierno a la UE es la mejor manera de defender los intereses de los islandeses. "Ahora no tenemos ninguna influencia. Esto afecta al mercado interior. Afecta a la energía y a las cuestiones medioambientales. Y las autoridades islandesas no están velando por esos intereses", concluye.
La isla volcánica se asienta sobre unas placas tectónicas muy activas, tanto geológicas como socio-políticas, que siguen modelando sin descanso su futuro.