España registra sus peores datos históricos en PISA 2025, con mínimos en lectura, matemáticas y ciencias y un deterioro sostenido en las tres competencias desde 2015, según el informe publicado este martes por la OCDE.
La OCDE acaba de publicar los resultados de PISA 2025 y el diagnóstico para España es preocupante. El país registra sus peores resultados históricos en lectura, matemáticas y ciencias. Las tres competencias retroceden al mismo tiempo, algo que no había ocurrido desde que España comenzó a participar en esta evaluación, en el año 2000.
Los alumnos españoles de 15 años obtienen 477 puntos en ciencias, 451 en lectura y 457 en matemáticas, unos resultados alejados de los de potencias educativas asiáticas como Japón o Corea del Sur y que vuelven a poner el foco sobre los problemas que arrastra desde hace años el sistema educativo español.
Porque el dato verdaderamente preocupante no es solo dónde está España, sino de dónde viene. Desde 2015, España ha perdido 45 puntos en lectura y cerca de 30 en matemáticas. El deterioro no corresponde a un mal curso ni a una generación concreta. Lleva años acumulándose.
Leer ya no es solo leer
En comprensión lectora aparece una de las señales más alarmantes. Los 451 puntos de 2025 quedan diez por debajo del anterior mínimo histórico, registrado en 2006, y 23 por debajo del resultado de 2022. Apenas un 2% de los alumnos alcanza los niveles más altos.
Los llamados "lectores apresurados", alumnos que responden deprisa y acumulan errores, han pasado del 6,6% en 2018 al 11,4% en 2025. El problema aparece sobre todo cuando el texto exige detenerse y mantener la atención más allá de la primera frase.
Y eso repercute en el resto del aprendizaje: prácticamente ninguna materia puede abordarse sin comprender primero lo que se lee. Si esa puerta se estrecha, todo lo que viene después se resiente, incluidas las matemáticas.
Las matemáticas tampoco perdonan
En matemáticas, España pierde otros 16 puntos respecto a 2022, que ya había marcado el peor resultado registrado hasta entonces. Un tercio del alumnado no alcanza el nivel mínimo necesario para resolver situaciones sencillas y solo un 4% llega a los niveles de excelencia.
Las diferencias entre territorios también son difíciles de ignorar. Madrid se sitúa en la parte alta de la clasificación, mientras que la Comunidad Valenciana queda entre las posiciones más bajas. Entre unas comunidades y otras se registran diferencias de decenas de puntos.
En ciencias, la historia se repite. España cae hasta los 477 puntos, por debajo del mínimo registrado en 2018. No falla una sola competencia: retroceden las tres, lo que apunta a un deterioro generalizado y no a una anomalía limitada a una única materia.
El debate llega tarde
El momento en que se conocen estos datos tampoco ayuda. PISA 2025 es la primera edición que llega después de la implantación completa de la LOMLOE. Eso no demuestra que la ley sea responsable de los resultados, reducir un fenómeno tan complejo a una sola causa sería simplificar en exceso, pero tampoco impide preguntarse qué ha fallado.
Otro elemento que ha ganado protagonismo en el debate educativo tiene que ver con los hábitos de atención, el consumo de pantallas y la forma en que esta generación procesa la información. España ya ha empezado a restringir el uso de los teléfonos móviles en los centros educativos, aunque limitar un dispositivo no resuelve por sí solo un problema mucho más amplio.
Los alumnos están cada vez más acostumbrados a contenidos breves y respuestas inmediatas, mientras que el aprendizaje sigue exigiendo mantener la concentración, comprender textos complejos y resolver problemas cuya respuesta no siempre resulta evidente.
Buscar un único culpable (los profesores, los alumnos, las familias o el Ministerio de turno) es quedarse en la superficie. El deterioro responde a múltiples factores y, precisamente por eso, conviene no despacharlo con una consigna de un lado o de otro.
PISA no mide la inteligencia de los alumnos. Evalúa hasta qué punto son capaces de aplicar sus conocimientos y competencias a situaciones y problemas del mundo real. Y los últimos resultados muestran que una proporción importante del alumnado español tiene dificultades para alcanzar los niveles esperados.
Un mal resultado en PISA no condena a ningún alumno ni permite predecir por sí solo el futuro de un país. Pero cuando los mínimos históricos se repiten edición tras edición, la pregunta resulta inevitable: qué tiene que cambiar para que dentro de tres años España no vuelva a hablar de otro mínimo histórico.