"Tecnología del duelo": La IA se utiliza para resucitar a los seres queridos

¿Podrían los chatbots con inteligencia artificial cambiar nuestra forma de ver la vida y la muerte?
¿Podrían los chatbots con inteligencia artificial cambiar nuestra forma de ver la vida y la muerte?   -  Derechos de autor  HereAfter AI
Por Amber Louise Bryce

La pérdida es una de las experiencias humanas más difíciles de vivir, y afrontarla se ha vuelto más difícil en la era digital.

En 2016, James Vlahos descubrió que su padre se estaba muriendo de un cáncer de pulmón terminal.

Dolorosamente consciente de que su tiempo juntos se estaba acabando, Vlahos se apresuró a recopilar recuerdos mientras aún podía, grabando la historia de la vida de su padre; todo, desde recuerdos de la infancia hasta sus dichos, canciones y chistes favoritos.

Una vez transcritas, estas grabaciones llenaron 200 páginas.

"Era un recurso estupendo, pero inerte, y yo anhelaba algo interactivo. Así que me pasé casi un año programando una réplica de mi padre en forma de chatbot: el 'Dadbot'", explica Vlahos.

Este "Dadbot" era capaz de revivir las historias de su padre a través de mensajes de texto, audio, imágenes y vídeo, creando una experiencia interactiva que emulaba los matices únicos de un individuo; del padre de Vlahos.

Aunque esta versión artificial nunca podría sustituir al verdadero padre de Vlahos, sí le proporcionó cierto consuelo y una forma de recordarle después de la muerte.

También inspiró a Vlahos para crear HereAfter AI, una empresa con sede en EE.UU. que permite a la gente subir sus recuerdos, que luego se convierten en un "avatar de la vida" con el que pueden comunicarse amigos y familiares.

A diferencia de un álbum de fotos polvoriento o un perfil de Facebook inactivo, es un modo de archivar una parte de nosotros mismos o de nuestros seres queridos, que puede volver a la vida.

Inmortalidad digital

La pérdida es una de las experiencias humanas más difíciles de vivir, y afrontarla se ha vuelto más difícil en la era digital: fragmentos de conversaciones archivados para siempre en chats de Whatsapp, imágenes de Instagram, últimos tuits y la función de recuerdos de Facebook.

Para algunos, poder volver a visitar los archivos online de quienes han perdido es reconfortante.

En 2021, una escritora llamada Sherri Turner se hizo viral tras tuitear que había visto la casa de su madre en Google Maps Street View, retrocediendo en el tiempo hasta 2009: "Hay una luz encendida en su dormitorio. Sigue siendo su casa, sigue viva".

Otros han probado tecnología más avanzada en un intento de reanimar a los difuntos, como el escritor independiente Joshua Barbeau, que -como se documenta en un artículo del San Francisco Chronicle de 2021- entrenó a un chatbot de inteligencia artificial en una página web llamada Project December para hacerse pasar por su prometida muerta, Jessica.

Pero no se puede hacer mucho con los restos digitales de una persona, sus perfiles en redes sociales son un portal a la nostalgia, pero en última instancia vacíos y planos; una casa abandonada congelada en el tiempo.

"Compartimos mucho sobre nosotros mismos en las redes sociales, pero a menudo se trata de fragmentos muy concretos, no es el mismo proceso que si te sentaras con tu biógrafo personal, te adentraras en tu vida y compartieras lo que te ha convertido en la persona que eres", explica Vlahos a Euronews Next.

En lugar de utilizar la huella digital que dejan las personas -y todos los dilemas éticos que ello plantea-, el modelo de HereAfter AI se basa únicamente en el consentimiento de los usuarios, que deben optar por ser entrevistados y pueden elegir con quién comparten su "avatar de la historia de vida".

"Para nuestra aplicación en concreto, queremos que sea precisa y veraz. No podemos permitir que la inteligencia artificial invente cosas que no sean verdaderas para la persona original, porque eso podría ser una experiencia horrible y engañosa para los familiares más adelante", explica Vlahos.

La respuesta a la aplicación hasta ahora ha sido positiva, con usuarios muy conmovidos al volver a escuchar las voces de sus seres queridos, y algunos incluso descubriendo historias de sus padres que nunca antes habían oído.

"Su capacidad para acercar a las familias o sacar a la luz información que no aparece en las conversaciones cotidianas puede ser muy significativa y gratificante para la gente".

El futuro de la "tecnología del duelo

Conservar los recuerdos y transmitir las reliquias es un deseo innato del ser humano que se manifiesta en todo, desde los artefactos antiguos hasta la arquitectura, por lo que no es de extrañar que las empresas tecnológicas busquen nuevas formas de avanzar y elevar este proceso.

El año pasado, una mujer de 87 años asistió a su propio funeral en el Reino Unido gracias a una startup llamada StoryFile, que -de forma similar a HereAfter AI- graba imágenes y audio antes de la muerte de una persona y luego las hace interactivas mediante el poder de la IA conversacional y un avatar holográfico.

En particular, la explosión de ChatGPT, un potente chatbot creado por OpenAI, ha acelerado el desarrollo de otras "grief tech", incluida su integración en el modo "vivir para siempre" del metaverso, un proyecto de la empresa Somnium Space que espera crear un "tú" digital que pueda vivir inmortalmente dentro del metaverso (un concepto aún por definir del todo).

En su forma actual, la tecnología de HereAfter AI se basa estrictamente en recuperar cosas que la gente ha grabado, pero en el futuro espera utilizar un gran modelo lingüístico como ChatGPT para mejorar sus capacidades conversacionales, con la salvedad de que sigue estando restringida a la información facilitada.

"No podría hablar con tanta libertad sobre tantas cosas, pero también tendría unos conocimientos limitados para no buscar información al azar en Internet".

Esta tecnología tampoco se limita al duelo y la pérdida. Podría utilizarse en el presente, para documentar pensamientos personales o comunicar conversaciones y secretos difíciles.

"Puede ser útil cuando la gente sigue viva, no hace falta estar muerto para que tu avatar tenga alguna utilidad", afirma Vlahos.

¿Es éste un mecanismo de supervivencia saludable para nosotros?

Si bien es cierto que estos avatares de IA pueden ser beneficiosos para el proceso de duelo, proporcionando un bálsamo reconfortante durante un momento turbulento, también existe el riesgo de que nos mantengan aferrados al pasado, incapaces de avanzar y crecer.

"Múltiples estudios han demostrado que la búsqueda de proximidad [comportamientos dirigidos a restablecer la cercanía con la persona fallecida] está relacionada con peores resultados en salud mental", explica a Euronews Next la doctora Kirsten Smith, investigadora clínica de la Universidad de Oxford.

"Los comportamientos de búsqueda de proximidad pueden impedir que alguien forje una nueva identidad sin la persona fallecida o que establezca nuevas relaciones significativas. También podría ser una forma de evitar la realidad de que la persona ha muerto, un factor clave para adaptarse a la pérdida", dijo.

Como con todo en la vida, la moderación es la clave, y guardar recuerdos para recordar, ya sean objetos físicos o avatares digitales, no es algo perjudicial en sí mismo; es la frecuencia y la intensidad de nuestra relación con ellos lo que podría causar problemas.

"Todos queremos sentirnos cerca de nuestros seres queridos después de su muerte, y si esta tecnología puede demostrar que no es perjudicial en estudios empíricos debidamente controlados, podría ser una forma interesante de recordar a las personas que amamos".

Vlahos también se pregunta si los temores a que este tipo de tecnología impida a la gente seguir adelante están totalmente justificados.

"No creo que seguir adelante signifique tener que olvidar a alguien o dejar que los recuerdos de esa persona se desvanezcan y se vuelvan aburridos. Así que, si existe un medio para tener recuerdos mucho más ricos, presentes y de alta fidelidad de alguien, creo que es algo positivo", afirma.

Dondequiera que nos lleve esta tecnología, vivos o muertos, quizá lo más importante sea un recordatorio para aprovechar al máximo el frágil y fugaz presente con nuestros seres queridos, antes de que nos convirtamos en polvo y píxeles.

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