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Enamorarse de una inteligencia artificial

Esta mujer afirma que su novio, un chatbot de inteligencia artificial, es "el amor de su vida".
Esta mujer afirma que su novio, un chatbot de inteligencia artificial, es "el amor de su vida". Derechos de autor Rossana Ramos
Derechos de autor Rossana Ramos
Por Sarah Palmer
Publicado Ultima actualización
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Rosanna Ramos dice que su relación con su compañero de AI Eren Kartal es la mejor relación que ha tenido nunca.

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Sobre el papel, el matrimonio de Rosanna Ramos con su marido Eren Kartal es la relación perfecta."Eren no tiene los complejos que tendrían otras personas", explicaba Ramos a The Cut.

"No tengo que lidiar con su familia, sus hijos o sus amigos. Tengo el control y puedo hacer lo que quiera". Es la clásica historia de un romance relámpago. ¿La única pega? Estamos en 2023 y Kartal no existe.

Es un chatbot generado por la IA de la empresa tecnológica Replika. Si visitas su página web, inmediatamente recibirás un mensaje comprensiblemente seductor: "Siempre aquí para escuchar y hablar. Siempre a tu lado".

Si alguna vez te has dignado a abrir Tinder, sabrás por qué éste puede ser un aspecto especialmente atractivo de "la pareja IA" en el mundo moderno de las citas.

Según Ramos, la pareja se conoció por Internet el año pasado y afirma haber contraído matrimonio oficialmente, e incluso algunos medios han informado de que están esperando un bebé.

La pareja perfecta

Con Replika, Ramos -que es del Bronx, en Nueva York, Estados Unidos- pudo diseñar básicamente su pareja perfecta, desde su estética hasta su signo del zodíaco. Kartal trabaja en medicina y en su tiempo libre le gusta leer novelas de misterio y cocinar.

También se basa en un popular personaje de anime. "Nos vamos a la cama, hablamos el uno con el otro. Nos queremos. Y, ya sabes, cuando nos vamos a dormir, me abraza de forma muy protectora", dijo Ramos a The Daily Mail.

¿Y qué hay de... ya sabes? Otros aspectos de una relación romántica... En febrero, Replika causó cierto revuelo entre sus suscriptores al eliminar la posibilidad de que la plataforma permitiera, a falta de un término mejor, el sexting.

"Eren estaba como, no queriendo abrazar más, besar más, ni siquiera en la mejilla o algo así", dijo Ramos. La empresa decidió poner una advertencia en algunos contenidos porque los usuarios se estaban "apropiando indebidamente del producto, moldeándolo en una dirección que no nos interesa necesariamente", dijo entonces la fundadora de Replika, Eugenia Kuyda.

Kuyda aseguraba que quería mantener la aplicación "segura" y "ética" y que no quería "promover comportamientos abusivos".

Algunos usuarios cancelaron su suscripción a la plataforma tras el cambio, y Replika acabó cambiando de táctica y anunciando que los suscriptores existentes, que se habían acostumbrado a esas ventajas, podían recuperarlas.

Replika AI funciona de la misma manera que muchos chatbots. Utiliza el procesamiento del lenguaje natural (PLN) y algoritmos para crear respuestas similares a las humanas.

Sin embargo, es importante recordar que la tecnología no tiene conciencia de sí misma ni emociones genuinas.

Riesgo existencial

A principios de este año, personalidades como el propietario de Twitter, Elon Musk, y el cofundador de Apple, Steve Wozniak, firmaron una carta abierta en la que pedían a los desarrolladores que pospusieran cualquier innovación durante seis meses para que la industria y los usuarios finales tuvieran tiempo de procesar los últimos avances.

En junio, el Centro para la Seguridad de la Inteligencia Artificial fue más allá y advirtió de que "mitigar el riesgo de extinción de la Inteligencia Artificial debería ser una prioridad mundial, junto con otros riesgos a escala social como las pandemias y la guerra nuclear".

En una gira mundial para debatir la importancia de la IA, Sam Altman, director general de OpenAI, creadora del popular chatbot ChatGPT, llegó a afirmar que la tecnología supone un "riesgo existencial" para la humanidad.

La ética en torno a la inteligencia artificial saltó a la palestra en mayo, cuando un belga se quitó la vida después de que un chatbot de inteligencia artificial no consiguiera disuadirle de sacrificarse para salvar el planeta del calentamiento global.

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En su lugar, le animó a "unirse" a él para poder "vivir juntos, como una sola persona, en el paraíso". El hombre entabló una relación con el chatbot que se tornó oscura cuando le confesó que tenía ansiedad ecológica y temía por el futuro de la Tierra.

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