Mientras los vuelos espaciales tripulados siguen ampliando fronteras, los científicos intentan comprender y reducir el impacto físico y psicológico de los viajes espaciales en el cuerpo humano.
La tripulación de la misión espacial Artemis II ha regresado a la Tierra después de recorrer 406.771 kilómetros hasta la cara oculta de la Luna, la mayor distancia a la que se ha adentrado el ser humano en el espacio hasta ahora.
Los expertos trabajan para entender el impacto de este tipo de viajes en el cuerpo humano, a medida que las misiones espaciales son más frecuentes y de mayor duración, y los riesgos para la salud asociados van mucho más allá de cualquier cosa a la que nos enfrentamos en la Tierra.
La NASA ha identificado cinco riesgos de los vuelos espaciales, entre ellos la radiación, el aislamiento y el confinamiento, la distancia con respecto a la Tierra, la gravedad o su ausencia y los entornos cerrados u hostiles.
Cómo cambia el cuerpo en el espacio
El cuerpo humano, en definitiva, no está hecho para el espacio.
Los cambios en la gravedad o su ausencia prolongada pueden erosionar la densidad ósea, redistribuir el líquido del cerebro y perjudicar la función cardíaca.
Incluso los cambios entre distintos niveles de gravedad pueden provocar mareos y dejar a los astronautas desorientados.
Según informes recientes de la NASA, encontrar fórmulas para mejorar el rendimiento humano frente a estos problemas es una prioridad clave para las misiones a la Luna y Marte.
La baja gravedad también puede alterar el corazón y los vasos sanguíneos, y la intensidad de estos efectos depende de la duración del viaje, que aumenta en las misiones más largas.
Las alteraciones del sistema cardiovascular pueden provocar coágulos sanguíneos, arritmias cardíacas y presión arterial baja.
Según la NASA, durante una misión de entre cuatro y seis meses los huesos pierden entre un 1 % y un 1,5 % de su densidad cada mes.
Además, la ingravidez prolongada puede provocar desplazamientos de los fluidos corporales que afectan a la visión y a la presión intracraneal, un cuadro conocido como síndrome neuro-ocular asociado a los vuelos espaciales.
Cambios en los hábitos y en los horarios
En el espacio, el tiempo y los horarios no funcionan como en la Tierra. Los astronautas experimentan ciclos irregulares de luz y oscuridad que pueden afectar a su sueño y a sus ritmos circadianos.
Quienes están a bordo de la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, ven 16 amaneceres y atardeceres al día, lo que altera sus patrones de sueño.
Otros cambios en su rutina diaria tienen que ver con las comidas y el tipo de alimentos disponibles durante una misión espacial.
Los astronautas no necesitan la misma cantidad ni el mismo tipo de nutrientes que en la Tierra. Investigaciones de misiones espaciales anteriores han registrado casos en los que los tripulantes no consumieron suficiente energía, líquidos, calcio y sodio.
La nutrición en el espacio cumple por tanto una doble función, proporcionar a los astronautas la energía suficiente y aportar los nutrientes necesarios para contrarrestar los efectos adversos de los vuelos espaciales.
Los científicos de la NASA trabajan para garantizar que las comidas sean aceptables, seguras, nutritivas, de larga duración, fáciles de preparar y lo bastante variadas como para evitar el cansancio del menú.
Un reto para la salud mental
Además del impacto físico, los vuelos espaciales también repercuten en el estado de ánimo y la salud mental de los astronautas.
El aislamiento, el confinamiento, la distancia de la Tierra y el elevado nivel de estrés pueden aumentar el riesgo de ansiedad, depresión y falta de ánimo.
La investigación constante sobre cómo mantener la salud psicológica de las tripulaciones es esencial para el éxito y la seguridad de las futuras misiones, señala la NASA.
Entre las medidas que promueven las agencias espaciales para cuidar la salud mental en el espacio figuran llevar un diario, hacer ejercicio a diario, escuchar música y escribir a los seres queridos.
¿Qué ocurre si un astronauta enferma en el espacio?
¿Teniendo en cuenta todos estos riesgos para la salud, cómo gestiona la tripulación una enfermedad durante una misión espacial?
La NASA sostiene que, con independencia de la duración o los objetivos de la misión, todo vuelo espacial tripulado requiere algún grado de apoyo médico durante el viaje.
No obstante, para reducir la necesidad de atención médica durante la misión, la agencia se centra en medidas preventivas como la suplementación con vitaminas, los chequeos médicos completos y una cuarentena de 14 días antes del lanzamiento.
En función de las dolencias más habituales previstas, la NASA adapta los recursos médicos a bordo para garantizar que los problemas de salud más probables o graves puedan tratarse de forma eficaz.
La mayoría de las afecciones pueden tratarse de manera similar a como se hace en la Tierra. Sin embargo, las limitaciones de tratamiento obligan a dar prioridad a los medicamentos que pueden tener varios usos y provocan efectos secundarios mínimos.