Las variaciones genéticas podrían ayudar a explicar por qué los pacientes responden de forma distinta a los populares fármacos para adelgazar, según un nuevo estudio.
Los fármacos para adelgazar, agonistas como Ozempic, Mounjaro y Zepbound, han transformado la atención a la obesidad. Sin embargo, no son igual de eficaces en todos los pacientes, algunos pierden menos del cinco por ciento de su peso corporal, mientras que otros adelgazan más del veinte por ciento.
Según investigadores del Instituto de Investigación de 23andMe, una organización sin ánimo de lucro, la genética podría desempeñar un papel clave a la hora de explicar por qué estos agonistas del receptor GLP-1 para la pérdida de peso funcionan mejor en algunas personas que en otras, así como las diferencias en los efectos secundarios.
"El mercado está abarrotado de ayudas y medicamentos para adelgazar, pero el enfoque habitual para controlar el peso sigue siendo de prueba y error", señaló Noura Abul-Husn, directora médica del Instituto de Investigación de 23andMe. "Esto puede llevar a muchas personas a iniciar un tratamiento con un alto grado de incertidumbre y expectativas poco realistas sobre la eficacia y los posibles efectos secundarios".
Los agonistas del receptor GLP-1 son un tipo de fármaco que prolonga la sensación de saciedad al imitar los efectos de la hormona GLP-1, que el organismo produce de forma natural y que ayuda a regular el apetito y los niveles de glucosa en sangre.
El estudio, publicado en la revista 'Nature', analizó marcadores genéticos y la experiencia de pacientes que utilizan fármacos GLP-1. A continuación identificó un conjunto de variantes genéticas que podrían ayudar a explicar por qué la respuesta a estos medicamentos contra la obesidad varía entre pacientes.
Los investigadores analizaron datos de casi 28.000 participantes que habían utilizado al menos una vez algunos de los fármacos para adelgazar más habituales. Los participantes declararon haber tomado medicamentos GLP-1 durante una mediana de 8,3 meses.
Comprobaron que una variante de cambio de sentido en el gen GLP1R se asociaba a una mayor eficacia de los medicamentos GLP-1. Las personas portadoras de una copia de la variante del receptor GLP-1 rs10305420 perdieron, de media, 0,76 kilos más tras una mediana de ocho meses de tratamiento que quienes no tenían ninguna copia.
Otra variante en el gen del receptor del polipéptido inhibidor gástrico (GIPR) se relacionó con náuseas y vómitos en personas que tomaban tirzepatida, como Mounjaro o Zepbound, pero no influyó en la cantidad de peso perdido.
No todo se explica por la genética
Los autores del estudio consideran que los resultados abren la puerta a tratamientos personalizados, aunque advierten de que el tamaño de los efectos genéticos es modesto y se necesita más investigación.
Según Marie Spreckley, responsable de programas de investigación en la Universidad de Cambridge, que no participó en el estudio, los resultados aportan una evidencia biológicamente plausible de que las variaciones genéticas contribuyen a la variabilidad en las respuestas.
"Sin embargo, la magnitud de estos efectos genéticos es pequeña en términos clínicos", señaló. "En los ensayos clínicos, la pérdida de peso típica con estos medicamentos suele situarse entre el 10 y el 15%, de modo que una diferencia de menos de un kilo por alelo es modesta".
Spreckley añadió que otros factores, como el sexo, el tipo de fármaco, la dosis y la duración del tratamiento, parecen explicar una proporción sustancialmente mayor de esa variabilidad.
"Desde mi punto de vista, esto apunta a un futuro muy prometedor", afirmó Cristóbal Morales, responsable de la unidad de salud metabólica, diabetes y obesidad del Hospital Vithas de Sevilla y miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).
Morales añadió que la capacidad de anticipar la respuesta al tratamiento mediante la farmacogenómica, el estudio de cómo la composición genética de una persona influye en su respuesta a los medicamentos, supone un hito importante.
Esto permite un enfoque más preciso, no solo a la hora de elegir las terapias, sino también de optimizar su uso al distinguir a los pacientes que responden de los que no responden e identificar a quienes tienen un mayor riesgo de sufrir efectos secundarios.