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Qué saber sobre la alergia mortal a la carne causada por picaduras de garrapata

Archivo, una garrapata hembra adulta de la especie lone star sobre una brizna de hierba en 2023.
ARCHIVO: Garrapata estrella solitaria adulta hembra caminando sobre una brizna de hierba en 2023. Derechos de autor  Lauren Bishop/CDC via AP
Derechos de autor Lauren Bishop/CDC via AP
Por Marta Iraola Iribarren
Publicado
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Una enfermedad poco conocida transmitida por picaduras de garrapata puede provocar una alergia a la carne potencialmente mortal, esto es lo que debe saber

Se sabe que las garrapatas transmiten infecciones que pueden causar enfermedades graves, entre ellas la enfermedad de Lyme y la encefalitis transmitida por garrapatas.

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Sin embargo, también son responsables de una afección menos conocida, el síndrome alfa-gal, una alergia a la carne potencialmente mortal.

El síndrome se relacionó por primera vez con una especie concreta de garrapata hace unos 15 años y desde entonces se diagnostica con mayor frecuencia, a medida que aumenta la concienciación y más personas informan de síntomas alérgicos tras consumir carne y, en algunos casos, lácteos.

La alergia no afecta al consumo de marisco ni de aves de corral, como pollo o pavo, ni tampoco al consumo de huevos.

¿Qué la provoca?

A diferencia de otras enfermedades transmitidas por garrapatas, el síndrome alfa-gal no está causado por una bacteria ni por un virus. Aparece cuando el sistema inmunitario humano desencadena una respuesta alérgica frente a un tipo de azúcar conocido como alfa-gal, abreviatura de galactosa-α.

Este azúcar se encuentra en la carne de la mayoría de los mamíferos, como vacas, cerdos y ovejas, y en la saliva de ciertas garrapatas, pero no está presente en los seres humanos ni en otros primates.

Cuando se ingiere, normalmente es inocuo. Sin embargo, cuando las garrapatas que lo portan atraviesan la piel al picar, pueden introducirlo directamente en el torrente sanguíneo, lo que hace que el organismo produzca anticuerpos, las proteínas del sistema inmunitario que combaten los agentes extraños, que aprenden a identificar y atacar las moléculas de azúcar alfa-gal.

Después, cuando la persona consume carne de mamífero, esos anticuerpos frente al alfa-gal pueden desencadenar una reacción alérgica.

"Resulta que la piel es una vía fantástica para generar una respuesta alérgica", explica el doctor Scott Commins, investigador del síndrome alfa-gal en la Universidad de Carolina del Norte.

"Si todo esto ocurriera por vía oral y consumiéramos alfa-gal como hacemos con los filetes o la carne a la barbacoa, no llegaríamos a desarrollar la alergia".

¿Cuáles son los síntomas?

Una característica del síndrome alfa-gal es que los síntomas pueden no manifestarse hasta seis horas después de consumir carne roja. El trastorno puede tardar semanas o meses en desarrollarse y su gravedad suele empeorar con el tiempo.

"El paciente puede haber comido carne por la tarde y despertarse de noche con síntomas graves. Esto dificulta, tanto para el paciente como para el médico, relacionar la reacción alérgica con algo que se ha ingerido horas antes", señala Marianne van Hage, profesora de inmunología clínica en el Instituto Karolinska de Suecia.

Los síntomas pueden incluir erupciones cutáneas, picor generalizado, problemas gastrointestinales como hinchazón y molestias abdominales, y anafilaxia, con inflamación, dificultad para respirar y shock.

¿Se está diagnosticando el síndrome alfa-gal en más personas?

Aunque los casos notificados de la enfermedad están aumentando, los expertos atribuyen parte de ese incremento a una mayor concienciación entre los profesionales sanitarios y la población.

"Creo que, en parte, se debe a que más gente ha oído hablar de ella y está alerta ante este síndrome", apunta Maria Diuk-Wasser, investigadora de la Universidad de Columbia especializada en enfermedades transmitidas por garrapatas.

Los crecientes números también reflejan la expansión del hábitat de la garrapata Lone Star, la principal especie vectora, que por ahora se limita a Norteamérica.

Otras especies, como Ixodes ricinus, la garrapata de la oveja o del ciervo en Europa, también pueden asociarse al síndrome alfa-gal, aunque con menor frecuencia.

¿Cómo se diagnostica?

El síndrome alfa-gal se diagnostica mediante un análisis de sangre que detecta el anticuerpo IgE.

"La analítica de sangre en sí es muy útil, pero no se puede basar el diagnóstico solo en ella, también se necesitan los síntomas reales", advierte Commins. "En el ámbito de las alergias tenemos muchos problemas con los falsos positivos en las pruebas de sangre.

En algunos pacientes, la alergia puede ir remitiendo tras varios años. Commins ha observado este fenómeno en alrededor del 15% al 20% de sus pacientes. Aun así, evitar nuevas picaduras de garrapata sigue siendo esencial para prevenir una recaída.

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