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El humo de los incendios es una emergencia sanitaria más allá de las llamas, alerta la OMS

Humo y llamas se elevan mientras un incendio forestal avanza cerca de Burgohondo, en la provincia de Ávila, España.
Humo y llamas se elevan mientras un incendio forestal avanza cerca de Burgohondo, en la provincia de Ávila, España. Derechos de autor  AP Photo/Manu Fernandez
Derechos de autor AP Photo/Manu Fernandez
Por Marta Iraola Iribarren
Publicado
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El humo de los incendios del sur de Europa se ha convertido en una emergencia sanitaria creciente, alerta la OMS, y las autoridades deben informar y proteger mejor a los más vulnerables.

Los incendios arrasan el sur de Europa en la que ya es una de las peores temporadas de fuegos forestales de los últimos años. La situación ha obligado a realizar evacuaciones masivas, ha dañado infraestructuras y se ha cobrado vidas.

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Su impacto en la salud de la población y en los sistemas sanitarios también aumenta en toda la región.

"No se trata solo de episodios de incendios que afectan a los medios de vida y generan un peligro inmediato, es una auténtica emergencia sanitaria", explicó a Euronews Health Dorota Jarosinska, responsable de programas en el Centro Europeo de la Organización Mundial de la Salud para el Cambio Climático, el Medio Ambiente y la Salud.

Añadió que las consecuencias pueden prolongarse mucho después de que el fuego se haya extinguido y sentirse a gran distancia del lugar donde se produjo el incendio.

"Ese humo procedente de los incendios forestales puede recorrer cientos, cuando no miles de kilómetros, deteriorando la calidad del aire en lugares muy alejados del foco, incluidas áreas urbanas densamente pobladas, y afectando potencialmente a muchas personas", añadió Jarosinska.

"No es necesario ver las llamas ni una columna de humo para estar expuesto al riesgo para la salud".

Qué es el humo de los incendios forestales y por qué es perjudicial

El humo de los incendios forestales es una mezcla de contaminantes tóxicos, partículas y gases. Los riesgos para la salud pueden variar según qué se esté quemando, ya que las llamas a menudo alcanzan plásticos, aparatos electrónicos y pinturas que liberan sustancias químicas tóxicas a la atmósfera.

"Estas partículas pequeñas y finas pueden pasar de los pulmones a la sangre y desencadenar una respuesta del organismo, activando el sistema inmunitario y provocando inflamación", señaló Jarosinska.

Aunque en las personas sanas los síntomas suelen ser leves, como irritación de garganta o mucosidad nasal, Jarosinska advirtió de que quienes padecen problemas de salud previos pueden sufrir un impacto mucho mayor.

Las personas con asma o enfermedad pulmonar crónica son especialmente vulnerables, al igual que quienes tienen dolencias cardiacas, además de los niños y las personas mayores.

"Los síntomas son muy variados y pueden ir desde cuadros leves hasta muy graves, incluso potencialmente mortales", añadió Jarosinska.

Las recomendaciones de salud pública no deben dejar a nadie atrás

Sin embargo, Jarosinska señaló que las recomendaciones de salud pública suelen ser generales, dirigidas al conjunto de la población más que adaptadas a quienes corren mayor riesgo.

Más allá de indicaciones como permanecer en interiores y limitar el ejercicio físico, orientaciones que benefician a toda la población aunque la necesidad varíe según la calidad del aire, Jarosinska reclamó consejos más matizados que tengan mejor en cuenta a los grupos vulnerables.

"También se recomienda utilizar aire acondicionado y filtros de alta eficiencia, y es un consejo muy útil para quienes disponen de estos equipos", afirmó Jarosinska.

No obstante, advirtió de que algunas de estas pautas pueden dejar fuera a quienes no tienen acceso a esos dispositivos ni a espacios climatizados o con aire limpio.

Según Jarosinska, parte de la responsabilidad de las autoridades es habilitar lugares donde la población pueda refrescarse y respirar aire limpio, y garantizar que estén disponibles para todas las personas de la comunidad.

"[Las autoridades deben] ocuparse también de quienes están más desfavorecidos, no pueden acceder a la asistencia sanitaria, no conocen la lengua local o no tienen acceso a la información", añadió.

Una presión creciente sobre los sistemas sanitarios

Este impulso para reforzar la resiliencia y la preparación ante emergencias climáticas incluye también aumentar la capacidad de los sistemas sanitarios, apuntó Jarosinska.

"Cuando hablamos de exposición al humo de los incendios y de sus efectos sobre la salud pensamos en las personas, en su sufrimiento y sus problemas individuales. Pero también supone una gran presión para el sector sanitario".

Subrayó que los profesionales sanitarios necesitan formación y disponer de información adecuada, deben comprender qué implica una mala calidad del aire, cómo comunicarlo y qué consejos ofrecer a cada paciente.

"La prioridad inmediata es reforzar el papel del sector sanitario, formar a las personas y dotarlas de recursos para que el argumento de la salud se comunique con más fuerza y se tenga en cuenta en las decisiones a nivel local", añadió Jarosinska.

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