Las autoridades de la localidad de Fujiyoshida, cercana al monte Fuji, en Japón, cancelaron el festival de los cerezos de este año, alegando que el aumento del número de turistas es inmanejable para los habitantes del lugar.
Japón ha cancelado el famoso festival de los cerezos en flor cerca del monte Fuji, alegando preocupación por la masificación turística y las conductas incívicas. Este evento anual, que se celebra en el parque Arakurayama Sengen desde hace aproximadamente una década, atrae cada año hasta 200.000 visitantes, que acuden por las vistas, los espectáculos y los puestos donde se venden especialidades locales.
Este año podría registrar cifras récord, ya que la debilidad del yen está atrayendo a viajeros a este destino históricamente caro. La decisión llega después de que las autoridades del monte Fuji hayan impuesto varias normas para frenar la masificación.
Preservar el espectáculo natural de la floración
El tres de febrero, las autoridades de la ciudad de Fujiyoshida anunciaron la cancelación del Festival de Sakura. Durante la temporada de floración, los turistas acuden en masa al mirador del parque Arakurayama Sengen para contemplar la imagen icónica del monte Fuji enmarcado por los cerezos en flor, con la pagoda Chureito, de cinco pisos, en primer plano.
El Ayuntamiento de Fujiyoshida ha señalado que los problemas de atascos, molestias a los residentes y suciedad han ido en aumento en los últimos años. Según informa el 'Straits Times', se han registrado casos de intrusiones, turistas que entraban sin permiso en viviendas cercanas para usar el baño e incluso de personas que defecaban en jardines privados.
"El monte Fuji no es solo un atractivo turístico"
En las calles que rodean el parque se ha denunciado que las multitudes de turistas han llegado a empujar a escolares fuera de las aceras, lo que ha llevado a los padres a expresar su preocupación por la seguridad.
El evento ha vivido un auténtico boom de visitantes, impulsado por la debilidad del yen, que está llenando de viajeros el país, y por las fotos virales que se difunden en las redes sociales. "Para la ciudad de Fujiyoshida, el monte Fuji no es solo un atractivo turístico, es nuestro propio modo de vida", declaró el alcalde Shigeru Horiuchi a los medios locales.
"Sin embargo, siento una fuerte sensación de alarma ante la realidad de que, detrás de este paisaje tan hermoso, se están viendo amenazadas la tranquilidad y la dignidad de nuestros vecinos".
Se esperan colas de hasta tres horas para lograr la foto viral del monte Fuji
Pese a la cancelación del festival, la ciudad sigue esperando una afluencia masiva de visitantes durante la temporada de cerezos en flor. Las autoridades han puesto en marcha medidas de seguridad e higiene, entre ellas el despliegue de vigilantes y la instalación de aseos portátiles.
Se pedirá a los turistas que utilicen el transporte público y que se abstengan de entrar en propiedades privadas y zonas residenciales, así como de hacer fotos no autorizadas. Se prevé que el mirador del parque Arakurayama Sengen siga estando saturado, con tiempos de espera de hasta tres horas.
El monte Fuji, en lucha contra la masificación turística
La montaña más alta de Japón lidia desde hace tiempo con la masificación turística. El fuerte aumento de visitantes está provocando problemas de contaminación y de seguridad. El verano pasado se introdujo un peaje para los senderistas que suben al monte Fuji por cualquiera de sus cuatro rutas principales.
El gobierno prefectural de Yamanashi, responsable de las actividades de senderismo en este lugar declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, fijó una tasa de acceso de 4.000 yenes (24,70€) en temporada alta. Para contribuir a la limpieza de la montaña y preservar su entorno, las autoridades ya habían establecido anteriormente una tasa y un cupo diario de 4.000 personas en la ruta Yoshida, la más popular.
Otra medida adoptada el año pasado para frenar la masificación turística en una localidad cercana también ha resultado eficaz. La localidad de Fujikawaguchiko, harta de las multitudes de turistas, levantó una enorme vallaque bloquea precisamente la vista que iban a buscar, la del monte Fuji.
La valla, de 20 metros de largo y 2,5 metros de alto y cubierta con una malla negra, impedía a los turistas hacerse selfis con el emblemático paisaje, después de numerosos incidentes de basura, cruces peligrosos entre un tráfico intenso, incumplimiento de semáforos e intrusiones en propiedades privadas.
La barrera se retiró en agosto como medida de precaución ante la previsión de un tifón, pero las autoridades decidieron no volver a instalarla porque ya había reducido de forma efectiva el número de visitantes. Advirtieron, sin embargo, de que podría volver a colocarse si los turistas regresan en grandes cantidades.