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Huellas de agua en la Ruta de la Seda, ríos, cascadas y embalses de Uzbekistán

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Por Rushanabonu Aliakbarova
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Ríos de montaña, cascadas ocultas y antiguos embalses muestran cómo el agua ha moldeado poblaciones, comercio y turismo en Uzbekistán, ofreciendo a los visitantes otra mirada al país.

Más de 600 ríos y arroyos atraviesan Uzbekistán. Junto con unos 300 lagos naturales y artificiales y más de 50 grandes embalses, abastecen de agua potable, sostienen la agricultura y la energía hidroeléctrica y atraen cada vez a más visitantes que quieren conocer la diversidad de paisajes del país.

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El agua ha determinado dónde se asentaba la población, cómo se desarrollaban las comunidades y por qué los viajeros se detenían en lo que hoy es Uzbekistán. El río Ugam, las cascadas de Jizzakh y los históricos hovuz, las albercas públicas de Bujará, cuentan cada uno una parte de esa historia. Hoy muchos de estos lugares siguen dando servicio a los residentes y ofrecen además otra manera de descubrir Uzbekistán.

Las vías fluviales de la región de Tashkent

A algo más de una hora de Tashkent, el río Ugam discurre por las estribaciones del Tian Shan occidental antes de adentrarse en el distrito de Bo'stonliq. Alimentado por el deshielo y por manantiales de montaña, es uno de los principales cursos de agua de alta montaña de Uzbekistán, abastece a las comunidades cercanas y sostiene los ecosistemas locales y la agricultura.

El río se ha convertido además en uno de los destinos más populares de la región para las actividades al aire libre. Zonas de recreo, piscinas, restaurantes y áreas de picnic jalonan algunos tramos de sus orillas durante los meses cálidos.

"A lo largo del río Ugam hay un parque infantil, varias piscinas, zonas especiales de recreo donde los visitantes pueden relajarse, un restaurante y espacios donde la gente puede preparar su propia comida", explica Ravshan Temirov.

Más adentro de las montañas, en el pueblo de Nanay se ha desarrollado otro atractivo. Un canal de riego construido en origen para abastecer los huertos familiares forma ahora una cascada que atrae visitantes durante todo el verano.

Según el guía local Dilshod Ashurmetov, la propia cascada es resultado del hashar, la tradición arraigada de trabajo comunitario voluntario que sigue siendo habitual en todo Uzbekistán.

"Esta cascada se creó hace mucho tiempo gracias al hashar, el trabajo comunitario. Contamos con vehículos especiales y con jóvenes encargados de traer a los visitantes hasta la cascada y devolverlos después. Hay 'tapchans' y plataformas con asientos donde la gente puede relajarse, comer y pasar su tiempo libre", señala.

Para la visitante local Sabohat Zakirova, el verdadero atractivo es el entorno tranquilo junto al agua que corre.

"Mi nieto pequeño tenía tos. Después de venir aquí, la tos se le ha quitado. Hemos pasado 15 días descansando junto a la cascada y esperamos volver el año que viene", cuenta.

Qizilsuv y los manantiales de Jizzakh

Tras varias horas de viaje hacia el sur, el paisaje cambia. En las montañas de la región de Jizzakh, manantiales naturales brotan de las laderas rocosas y alimentan arroyos y cascadas que fluyen durante todo el año.

"La cascada que ve aquí es natural. La forman los manantiales que se reúnen arriba y descienden de manera natural. La gente que vive abajo también la utiliza como agua potable. En invierno, esta agua de manantial no se congela", explica Jahongir Shukurov, jefe de división en el Servicio Forestal Estatal de Baxmal.

Uno de los enclaves más conocidos es la cascada de Qizilsuv, escondida entre los bosques del distrito de Bakhmal. Rodeada de paredes rocosas y vegetación, se ha vuelto cada vez más popular entre senderistas y amantes de la naturaleza que buscan temperaturas más suaves en los meses de verano.

Los investigadores han detectado niveles naturalmente elevados de hierro en el agua de los manantiales, mientras que las autoridades locales estudian proyectos para ampliar las infraestructuras turísticas, con zonas de acampada y áreas de recreo.

"Realizamos estudios y análisis de laboratorio que demostraron que el agua de Qizilsuv contiene un nivel elevado de hierro", afirma Akbarjon Qolberdiyev, ingeniero jefe del Servicio Forestal Estatal de Bakhmal.

Según explica, la zona recibe cada año entre 2.000 y 3.000 visitantes internacionales, además de entre 30.000 y 50.000 turistas nacionales.

Para muchas personas, sin embargo, el atractivo es mucho más sencillo.

"Es la primera vez que vengo al arroyo conocido como Qizilsuv. Lo que más me ha gustado es la limpieza del agua, su transparencia y su suavidad", comenta la visitante Nargiza Oqilova.

Los embalses que dan vida a Bujará

A diferencia de los ríos de montaña del este de Uzbekistán, en Bujará el agua tenía que recogerse y almacenarse.

Situada al borde del desierto de Kyzylkum, la ciudad dependía de una red de depósitos públicos conocidos como hovuz. Proporcionaban agua potable, sustentaban la vida cotidiana y se convertían en lugares de encuentro donde los vecinos descansaban a la sombra de los árboles en los meses más calurosos del año.

Entre los mejor conservados está Lyabi Hauz, uno de los conjuntos arquitectónicos más conocidos de Bujará. Se desarrolló entre los siglos XVI y XVII y creció en torno a un gran estanque revestido de piedra que llegó a ser uno de los principales espacios públicos de la ciudad. Según la leyenda local, el estadista Nadir Divan Begi financió la construcción tras vender una valiosa joya que había recibido en sus viajes, decidido a dejar un monumento público para las generaciones futuras.

El investigador Iskandar Hamroev, de la Universidad Estatal de Bujará, señala que estos depósitos cumplían muchas más funciones.

"Bujará está situada cerca del desierto de Kyzylkum y el clima es muy caluroso. La gente venía aquí a descansar bajo los árboles. Las albercas servían también como reservas de agua. Hoy la gente viene sobre todo a sentarse y relajarse", explica.

Otro depósito que ha llegado hasta nuestros días, Bolohovuz, se encuentra frente a la fortaleza del Ark. Construido a comienzos del siglo XVIII, durante la dinastía ashtarkánida, suministraba agua a la residencia del emir, a los funcionarios del Gobierno y a los barrios cercanos. Su nombre procede de las palabras persas y tayikas bolo (superior) y hovuz (alberca), en referencia a su ubicación en la parte alta de la ciudad histórica.

"Bolohovuz se creó porque había necesidad de agua. Los vecinos de los barrios del entorno también la utilizaban para sus necesidades domésticas diarias", añade Hamroev.

Aunque estos ríos, cascadas y depósitos tuvieron funciones distintas, comparten un papel clave en la historia de Uzbekistán. Permitieron el asentamiento, sostuvieron comunidades y trazaron las rutas comerciales que conectaban a las poblaciones de Asia Central. Hoy siguen ofreciendo otra perspectiva de los paisajes del país, más allá de sus célebres monumentos de la Ruta de la Seda.

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