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Budva, la Riviera de Montenegro que conquista Europa

foto de Budva cedida por Turismo de Montenegro
foto de Budva cedida por Turismo de Montenegro Derechos de autor  Turismo de Montenegro
Derechos de autor Turismo de Montenegro
Por David Del Valle
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La ciudad medieval de Budva, sus playas, su intensa vida nocturna y enclaves como Sveti Stefan están convirtiendo la costa de Montenegro en uno de los destinos emergentes del Adriático. Pero el rápido crecimiento turístico también deja al descubierto algunos de los retos que el país deberá afrontar

Hay algo desconcertante y al mismo tiempo fascinante en el viaje por carretera hasta Budva en pleno verano. A un lado aparece el Adriático, sorprendentemente tranquilo, azul y luminoso. Al otro, prácticamente pegadas a la costa, se levantan las montañas de Montenegro. Entre ambos discurre una carretera que en julio y agosto parece incapaz de absorber la cantidad de coches, autobuses y turistas que se desplazan por uno de los destinos que más rápidamente está ganando protagonismo en esta parte de Europa.

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Budva es uno de los mejores ejemplos de esa transformación. La ciudad combina un casco histórico medieval amurallado con playas, hoteles, restaurantes, terrazas y una intensa vida nocturna. Durante los meses de verano sus calles se llenan de turistas y, cuando cae el sol, buena parte del paseo marítimo cambia de personalidad.

Cedida por Turismo de Montenegro. Budva
Cedida por Turismo de Montenegro. Budva Turismo de Montenegro

Música, bares, terrazas llenas y grupos de jóvenes recorriendo la ciudad hasta altas horas de la noche crean una atmósfera que, para un viajero español de cierta generación, puede resultar sorprendentemente familiar.

Aquí la sensación es de vacaciones permanentes: música saliendo de los locales, terrazas abarrotadas, restaurantes, discotecas, familias paseando junto al mar y jóvenes dispuestos a prolongar la noche.

Es la otra cara de Montenegro frente a la imagen más tranquila que proyectan sus montañas, sus bahías y sus pequeños pueblos costeros.

Y, sin embargo, basta caminar unos minutos para cambiar completamente de escenario. El corazón de Budva sigue siendo su Stari Grad, la ciudad antigua. Tras sus murallas aparece un entramado de estrechas calles de piedra, pequeñas plazas, iglesias, restaurantes y comercios que recuerda la larga historia de una localidad considerada entre los asentamientos más antiguos del Adriático.

Recorrerla al atardecer permite descubrir esa dualidad que probablemente explica buena parte del éxito turístico de Budva: es posible pasar la mañana en la playa, recorrer por la tarde una ciudad medieval y terminar la jornada cenando o tomando una copa en una localidad que en verano apenas parece dormir.

Apuesta de las grandes cadenas hoteleras

El auge de Budva y de la costa montenegrina tampoco ha pasado inadvertido para las grandes cadenas hoteleras internacionales. Entre ellas figura la española Iberostar, que ha reforzado su presencia en un país que aspira a consolidarse como uno de los nuevos destinos turísticos del Adriático.

La compañía cuenta actualmente con cuatro establecimientos en Montenegro, dos de ellos en Budva, una presencia significativa en un mercado todavía pequeño si se compara con otros grandes destinos mediterráneos, pero con un creciente atractivo para el turismo internacional.

Uno de los ejemplos de esta apuesta es el Iberostar Waves Slavija 5*, a 1,5 kilómetros del casco antiguo de Budva. Desde su azotea, donde se encuentran una piscina infinity y el Rooftop Bar, se obtiene una panorámica de la ciudad, el Adriático y las montañas que rodean este tramo del litoral.

Pero la relevancia de la presencia de Iberostar va más allá de un establecimiento concreto. La implantación de una cadena española con cuatro hoteles en el país es también un indicador de la transformación que está experimentando Montenegro como destino turístico emergente en Europa.

La costa está evolucionando rápidamente hacia una oferta hotelera más internacional, especialmente alrededor de Budva, mientras trata de conservar precisamente aquello que la diferencia de otros destinos mediterráneos: la extraordinaria proximidad entre el Adriático, las ciudades históricas y un paisaje montañoso que comienza prácticamente donde termina el mar.

Panorámica de Budva
Panorámica de Budva David Del Valle

Sveti Stefan, de pueblo pesquero a icono turístico

A pocos kilómetros de Budva aparece una de las imágenes más reconocibles de Montenegro.

Sveti Stefan es un pequeño núcleo histórico construido sobre un islote unido a tierra firme por un estrecho istmo. Su silueta de casas de piedra y tejados rojizos rodeada por las aguas del Adriático se ha convertido en una de las grandes postales turísticas del país.

Lo que durante siglos fue una pequeña comunidad vinculada a la pesca experimentó a partir de mediados del siglo XX una profunda transformación hasta convertirse en un exclusivo enclave turístico y en uno de los símbolos internacionales de Montenegro. Las vistas desde la costa y los miradores próximos permiten contemplar una de las estampas más espectaculares del Adriático.

También aquí aparece ese contraste que acompaña al viajero durante buena parte del recorrido por Montenegro: el mar prácticamente inmóvil frente a una costa extraordinariamente abrupta y montañosa.

Panorámica de Sveti Stefan y su playa
Panorámica de Sveti Stefan y su playa David Del Valle

Un paraíso atrapado en el tráfico del verano

Precisamente recorrer esa costa permite descubrir también uno de los principales problemas que plantea el rápido crecimiento turístico de Montenegro. En verano, desplazarse por carretera puede resultar desesperadamente lento.

La carretera costera soporta una enorme cantidad de tráfico y los atascos son frecuentes. Trayectos aparentemente cortos pueden prolongarse considerablemente durante julio y agosto.

Para quienes llegan en avión, Budva tiene una ventaja importante: el aeropuerto de Tivat está a tiro de piedra, lo que garantiza una buena puerta de entrada para quienes quieren pasar sus vacaciones en esta parte de la costa montenegrina.

Otro de los retos que afronta Montenegro ante el fuerte crecimiento del turismo es la entrada al país por la frontera con Croacia. De media, los viajeros que la cruzan por carretera tardan unas dos horas en traspasarla en plena temporada de verano.

Frontera de Montenegro con Croacia con colas kilométricas de vehículos
Frontera de Montenegro con Croacia con colas kilométricas de vehículos David Del Valle

No es precisamente la mejor carta de presentación para un país que aspira a integrarse cada vez más estrechamente en Europa y que recibe una parte importante de sus visitantes a través de las carreteras que lo conectan con sus vecinos.

Montenegro es uno de los países candidatos más avanzados en las negociaciones para incorporarse a la Unión Europea. Su futura adhesión podría transformar también la experiencia de quienes recorren por carretera esta parte de los Balcanes.

Para un territorio relativamente pequeño y cada vez más dependiente del turismo, reducir los cuellos de botella fronterizos y mejorar las infraestructuras será fundamental si quiere absorber un número creciente de visitantes sin deteriorar la experiencia del viajero.

Todo apunta a que esos visitantes seguirán llegando. Montenegro reúne muchos de los ingredientes que han convertido a otros destinos mediterráneos en potencias turísticas: playas, clima, patrimonio, gastronomía y una costa espectacular concentrada en relativamente pocos kilómetros. A ello suma un paisaje difícil de encontrar en otros lugares del Mediterráneo, donde el mar y la alta montaña parecen competir permanentemente por el mismo espacio.

Mar y Montaña en Montenegro
Mar y Montaña en Montenegro David Del Valle

Budva representa probablemente su versión más intensa. Puede resultar bulliciosa, abarrotada y caótica durante las semanas centrales del verano. Su tráfico pone a prueba la paciencia y su ambiente nocturno está muy lejos de la imagen de retiro tranquilo que algunos viajeros pueden asociar a Montenegro.

Pero precisamente ahí reside parte de su personalidad. Budva es una ciudad medieval junto al Adriático que, cuando llega el verano, se transforma en una gran localidad de vacaciones. Tiene algo de Riviera balcánica y, por momentos, algo de aquel Mediterráneo español de los años noventa en el que las noches parecían interminables.

Hoy, la llegada de grupos hoteleros internacionales como Iberostar evidencia hasta qué punto Montenegro está entrando en una nueva etapa turística. Entre el mar y la montaña, entre las murallas medievales y los locales con música, Montenegro busca ahora su lugar entre los grandes destinos vacacionales de Europa. Y Budva parece decidida a estar en primera línea.

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