Ucrania afrontó uno de sus mayores ataques recientes con drones el 29 de mayo, cuando las fuerzas rusas lanzaron 232 aparatos durante la noche contra objetivos en todo el país. Según la Defensa Aérea ucraniana, se interceptaron 217 drones, pero varios impactos causaron daños en las ciudades sureñas de Odesa y Zaporiyia.
En Odesa, el gobernador regional Oleh Kiper explicó que las defensas antiaéreas destruyeron la mayoría de los drones entrantes, pero los ataques dejaron sin electricidad a unas 4.000 personas. No se registraron fallecidos. Drones rusos alcanzaron también tres buques comerciales que navegaban por el corredor marítimo ucraniano en el mar Negro, e hirieron a dos tripulantes.
Más al este, en la región de Zaporiyia, los servicios de emergencia de Ucrania y las autoridades locales informaron de que tres personas resultaron heridas después de que un ataque alcanzara una zona residencial el viernes por la mañana. Entre los heridos había una mujer de edad avanzada, mientras que varios edificios de viviendas, vehículos e infraestructuras locales sufrieron daños. Se desplegó a los bomberos para extinguir los incendios provocados por el ataque, incluido un fuego relacionado con una tubería de gas dañada.
La última ofensiva pone de relieve la presión constante sobre las ciudades ucranianas y las infraestructuras civiles, pese a las altas tasas de interceptación que reivindica Kiev y al refuerzo gradual de la defensa aérea del país con sistemas occidentales. El ataque se inscribe además en un patrón más amplio de bombardeos rusos a finales de mayo, que han golpeado varias regiones y han reforzado las peticiones de Ucrania de contar con más capacidades de defensa antiaérea de largo alcance.