Los manifestantes recorrieron la ciudad con pancartas en las que se leía "My teachers, my heroes" y "Violence is not democracy", mientras en algunas zonas aún se apreciaban rastros de los disturbios previos, con bicicletas quemadas y pintadas.
La manifestación se produjo tras varios días de tensión entre activistas y la Policía, durante los que los agentes utilizaron cañones de agua y gas lacrimógeno para dispersar a las multitudes. Los organizadores acusaron a las autoridades de responder de forma desproporcionada a unas protestas en gran medida pacíficas contra los recortes presupuestarios previstos.
Las protestas tienen su origen en los recortes del gasto propuestos y respaldados por parlamentarios belgas francófonos, unas medidas que, según sus críticos, afectarían de manera significativa a las escuelas y a los servicios educativos de las regiones francófonas de Bélgica.
El movimiento de protesta, encabezado en parte por el grupo Mars Attacks, anunció su intención de mantener manifestaciones diarias durante las próximas dos semanas en varias ciudades de Valonia. Imágenes procedentes de Bruselas mostraban a unidades antidisturbios desplegadas en gran número mientras las autoridades intentaban evitar nuevos incidentes.
La última movilización pone de relieve la creciente oposición a las reformas y alimenta la preocupación por la escalada del enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas de seguridad a medida que se intensifica el debate político.