Un mar de dolientes se extendía por las calles de Mashhad, la ciudad más sagrada de Irán, mientras el féretro del antiguo líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, era trasladado al santuario del imán Reza. Las autoridades señalaron que se esperaba la asistencia de más de 1 millón de personas.
Las imágenes procedentes de Mashhad mostraban a personas llorando, rezando y acompañando al vehículo fúnebre durante todo el recorrido. Algunos asistentes exhibían pancartas con amenazas contra el presidente estadounidense Donald Trump, reflejo de la tensión creciente que rodeaba la ceremonia.
El entierro de Khamenei marca el fin de una era en la política iraní y tiene lugar en un contexto de una de las confrontaciones más graves entre Irán y Estados Unidos de los últimos años.
La procesión se celebró en un momento especialmente volátil para la región, con unas relaciones entre Teherán y Washington que se han deteriorado aún más en los últimos días. La seguridad se reforzó visiblemente en torno al santuario, mientras las multitudes llenaban las calles y plazas cercanas.