Miles de aficionados eufóricos tomaron las calles de Buenos Aires el miércoles 15 de julio después de que Argentina asegurara su presencia en la final del Mundial de fútbol. Los fuegos artificiales iluminaron el cielo nocturno mientras los hinchas bailaban, cantaban, agitaban banderas argentinas y se subían a farolas y semáforos para celebrarlo.
Los vigentes campeones sellaron la victoria en el tiempo añadido, cuando Lautaro Martínez marcó a los dos minutos del descuento en Atlanta, lo que les dio acceso a una final contra España el domingo. El gol tardío desató escenas de júbilo en toda la capital argentina, donde los seguidores celebraron un nuevo paso hacia el que esperan que sea su cuarto título mundial.
El partido reavivó además una de las rivalidades más cargadas de tensión política del fútbol internacional. En Stanley, en las islas Malvinas, aficionados ingleses siguieron el encuentro a través de 'Falkland Islands Television', reflejo de la sensibilidad que sigue rodeando los enfrentamientos entre ambos países. La rivalidad sigue estrechamente ligada a la guerra de las Malvinas de 1982 y al famoso gol de la "Mano de Dios" de Diego Maradona en los cuartos de final del Mundial de 1986. Argentina mantiene su reivindicación de soberanía sobre este territorio británico de ultramar, al que denomina las Malvinas, una disputa que continúa sin resolver.