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La política australiana de inmigración: una de las más restrictivas y criticadas

La política australiana de inmigración: una de las más restrictivas y criticadas
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Por Aurora Velez
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Australia conduce las embarcaciones con emigrantes a aguas internacionales, o traslada a los refugiados a centros de detención en el extranjero.

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Los refugiados, “persona non grata” en suelo australiano

Australia aplica con los refugiados y demandantes de asilo una política considerada extremadamente dura, por no decir contraria al estatuto de refugiados de 1951, que sin embargo suscribió.

So pretexto de luchar contra los traficantes de seres humanos y de disuadir a los emigrantes de embarcarse en una peligrosa travesía, los conduce hasta aguas internacionales o los traslada a centros de detención fuera de su territorio.

En 2010 la entonces Primera ministra australiana Julia Gillard justificaba así las medidas: “el propósito será asegurarnos de que los traficantes no tienen “producto” que vender. Un viaje en barco a Australia equivaldrá a un billete para el centro regional de tramitación”.

Los emigrantes que llegan a Australia son enviados a campos de detención en las islas de Manus, Papúa Nueva Guinea y en Naurú, en Micronesia.

Las condiciones del campo de demandantes de asilo de Manus eran tales que hace 10 meses el Tribunal Supremo papuasiano lo declaró inconstitucional “por no respetar los derechos y la dignidad de los seres humanos”.

Según Loani Henao, abogado: “El acuerdo (con Camberra) no responde a los intereses de nuestro país (Papúa Nueva Guinea), sino a los intereses de un país extranjero”.

“El pasado mes de agosto Camberra acordó con Papúa el cierre de este controvertido campo”:

Australia acuerda cerrar el controvertido centro de detención de refugiados en Manus (Papúa) https://t.co/RkknA4NjmKpic.twitter.com/MiPLnI2Tt2

— EP Internacional (@EPinternacional) 17 de agosto de 2016

donde se hacinan cerca de millar de demandantes de asilo procedentes en su mayor parte de Afganistán, Sri Lanka, Bangladesh, Irán o Iraq. Pero el centro, que tanto Naciones Unidas como los grupos de defensa de los Derechos Humanos critican, sigue abierto. Riaz Samadi, refugiado explica que “ahora somos ilegales aquí, en Papúa Nueva Guinea, vinimos de Australia, pertenecemos a Australia, no a Papúa, no pertenecemos a otro país”.

Sajjad Hussain, que esperá como él ver un día resuelta su situación legal, dice: “aún somos refugiados, nos trajeron aquí a la fuerza, no voluntariamente. Sólo necesitamos ayuda”.

Negligencia, abusos, suicidios… Un 22% de los detenidos en Manus y Naurú fueron diagnosticados con depresión en 2014. Las protestas que reclaman el cierre de estos centros se suceden.

A principios de 2015 había 2.151 personas en los centros de detención de las islas del Pacífico, incluidos 983 menores.

Historicamente, Australia se ha mostrado reticente a la llegada de emigrantes no europeos y ha pasado de ser uno de los países más abiertos a la acogida de refugiados en los 60, a ser uno de los más restrictivos.

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