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Trump destituye a Tillerson como Secretario de Estado estadounidense

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Trump destituye a Tillerson como Secretario de Estado estadounidense

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Se esperaba pero no de forma tan fulminante. Donald Trump ha destituido a Rex Tillerson como jefe de la diplomacia estadounidense. Su lugar lo ocupará el hasta ahora director de la CIA, Mike Pompeo. Durante meses se rumoreó que las relaciones entre Trump y Tillerson eran más que tensas, rumores que fueron oficialmente desmentidos. En uno de sus habituales tuits, Trump da las gracias a Tillerson por los servicios prestados y afirma que Mike Pompeo hará un trabajo fantástico. Su puesto al frente de la CIA lo ocupará por vez primera una mujer, Gina Haspel.

Pompeo pertenece al ala dura del partido republicano. Miembro del Tea Party y de la asociación Nacional del Rifle, criticó con dureza el tratado nuclear con Irán e impulsó la marcha atrás dada por la administración Trump. Con la salida de Tillerson, le corresponderá a él pilotar el acercamiento entre Estados Unidos y Corea del Norte y supervisar la histórica reunión bilateral que mantendrán sus líderes.

El pasado oscuro de Gina Haspel

A sus 61 años, la primera directora de la historia de la CIA es una experta en operaciones de espionaje. Ingresó en la agencia de inteligencia más famosa del mundo en el año 1985 y desde entonces fue subiendo en el escalafón y rompiendo moldes dentro de la institución.

A lo largo de su carrera, estuvo destacada en distintas zonas del planeta y en todas sirvió con celo. A veces con demasiado, según se descubrió más tarde. Cuando en 2013 fue nombrada jefa interina del Servicio Clandestino de la CIA, se levantó tal revuelo que tuvo que ser sustituida semanas más tarde. ¿La razón? Había presenciado al menos dos de las tristemente célebres sesiones de tortura de la CIA en las que se simulaban ahogamientos para arrancar información a los sospechosos de terrorismo y ordenó quemar las cintas en las que estaban registrados los interrogatorios.

Cuando el año pasado se hizo público su nombramiento como subdirectora de la CIA, el New York Times reveló al público lo que se había mantenido casi en secreto: Haspel había dirigido una de las cárceles clandestinas que "sembró" la administración Bush por el mundo tras los ataques del 11S para recluir a los sospechosos de terrorismo. Según el rotativo, ella habría estado involucrada en las torturas. Pompeo ni se inmutó. En su opinión, Gina era una patriota y funcionaria "ejemplar" que inspiraba a todos los que la rodeaban.